Suplemento

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Una marabunta frenética desapareció de las calles una vez que terminaron las campañas: jóvenes con pocas oportunidades explotados por los partidos

Las urnas se alimentarán por estructuras, por voto duro, pero difícilmente tendrán mayoría ciudadana que genere un cambio

Una historia poblana en tiempos electorales

J.C. Guinto

María Cristina G. Mitznahuatl

Javier Caravantes

  Ámbar Barrera @Dra_Caos Sí. Me dejé llevar. ¿Para qué ir con una exorcista en días de muertos si no se está dispuesto a intentarlo todo? Ella se...

Sin ninguna posibilidad de huir descubrimos que el miedo posee propiedades vegetales, las extremidades ya no son piernas, ni brazos, se convierten en profundas raíces que desean enterrarse en el suelo; duele, duele mucho: si has pasado más de dos horas intentando no mover ni una mínima parte del cuerpo, sudando, con la cabeza escondida debajo de las cobijas. A tu lado la presencia, no se va, la escuchas respirar.

A mí, de chico se me subía el muerto. Así decían las abuelas que se decía a esa sensación angustiante cuando a mitad de la noche en la oscuridad del cuarto y del sueño podrías cobrar sentido mientras un peso te oprimía el pecho. A mí nadie me oprimió nunca nada, ni el pecho, ni nada, pero así decían las abuelas que se decía.

La que una vez fue la hacienda de la familia M. Porras está todavía en Xaltipanapa, cerca de las ruinas prehispánicas de Cantona, a hora y media de la ciudad de Puebla.