Mi ramadan laico

Mi ramadan laico

Lo más cerca que he estado de una experiencia mística ha sido gracias a la música. No es un secreto: soy un melómano. Varias veces las notas de alguna canción me han producido un placer más allá de lo terrenal.

A las 3:52 de la mañana mi cerebro se activa. Los altavoces de la mezquita del barrio han anunciado el fajr o la oración del amanecer. A las 5, cuando mi alarma suena, ya me encuentro en la cocina preparando mi primer suhur,

El Corán indica que, durante este mes santo de ramadán, toda persona a partir de la pubertad debe abstenerse de alimentos, bebida, sexo y tabaco desde que el sol sale hasta que se pone, a menos que esté enferma, embarazada, menstruando o de viaje.

Es domingo y vamos al otro lado de la ciudad a bordo de un auto de Careem, servicio equivalente a Uber que opera en diversas ciudades del Magreb, Medio Oriente y el sur de Asia.

Mi fuerza de voluntad es similar a la de un infante de tres años al que piden quedarse quieto en una juguetería. O a la de Trump cuando sus asesores le suplican no tuitear sobre algo en particular… o simplemente no tuitear, punto.