Mi ramadan laico

Mi ramadan laico

El ramadán en general no es solo privarse de cosas. Es llenarse de amor, de amigos, de tranquilidad, de conocimientos y experiencias

Hoy es eid al-fitr o aid el-fitr o l’aïd el-fitr, según el idioma al que se traduzca, la fuente que se consulte o la persona que pronuncie el nombre de esta celebración musulmana.

Mis párpados se sienten extrañamente ligeros a pesar de la hora. Debería estar en la cama esperando la alarma de las 3 de la mañana que sonará en unos minutos.

Un plato de cuscús, una caja de mandarinas o una bolsa de papas es el tipo de cosas que los vecinos hacían aparecer en nuestra puerta casi cada semana. Antes de mi llegada, incluso más valiosa que la comida fue la ayuda que le prestaron a Marjorie durante esos cinco meses que estuvo sola en Casablanca con Mali

Estamos de mudanza. Marjorie cambia de empleo y, con ello, debemos dejar el departamento que era una prestación de la escuela en la que trabajó hasta hace una semana.

Pimpón es un muñeco, muy guapo y de cartón. Se lava la carita con agua y con jabón. Se desenreda el pelo con peine de marfil...

Es ramadán y Othman no ayuna. De niño, en el patio de la escuela, sus compañeros, convertidos en la policía ramadanezca, hacían revisiones de lengua al azar para comprobar que ninguna boca hubiera ingerido alimento.

Me quedan unos minutos antes de que el almuédano anuncie que la oración del fajr. Eso significa que aún puedo revisar redes sociales y distraer a mi cerebro y alma con videos sobre temas distintos al islam, la meditación o maneras saludables de hacer el ramadán

Estoy desayunando sopa… y son las 3 de la mañana. No quería que se echara a perder la chorba que cocinó Marjorie hace dos días. Además, olvidé preparar el plato fuerte para mi suhur de hoy.

Ya lo escribí antes: la vida, en cualquier momento, está plagada de tentaciones. Hasta ahora, las que amenazan de manera más frecuente mi sawm o ayuno, han sido responsabilidad de Malinali.