La eterna incomprendida

La eterna incomprendida

En su carta de 1956 al poeta surrealista Jehan Mayoux, Marcel Duchamp le comparte una idea que me parece clave: «Una obra está hecha completamente por aquellos que la miran o la leen y la hacen sobrevivir por sus aclamaciones o incluso por su condena». ¿Quiénes son aquellos de los que habla el artista franco-estadounidense: los críticos, los historiadores del arte, los otros artistas? ¿Y el público?, ¿estarán aquellos conscientes de su poder?

Siempre he sido un cinéfilo y serie-adicto y Netflix ha incrementado esta condición. Si bien mi consumo de películas y programas de televisión está vinculado con gustos personales, el fenómeno que significa el impacto de este servicio estadounidense de streaming es un asunto que, debo confesar, tendría que haber sido abordado en esta columna desde hace tiempo.

Hasta el pasado 1° de agosto, 11 personas de distintas profesiones y edades me ayudaron a adentrarme de una forma diferente al mundo de la crónica al compartir sus dudas, comentarios e ideas como parte del taller sobre el tema que impartí en Profética Casa de la Lectura.

El detonante fue la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, en septiembre de 2014. A partir de ahí, un grupo de seis jóvenes radicados en Puebla se dieron a la tarea de lanzar una convocatoria titulada FENÓMENO43 que invitaba a conformar una exposición artística colectiva con el objetivo de “despertar a México”.

Hace unos días, el círculo de lectura de los Del Río celebró su cuarto aniversario. Su primera Tertulia literaria la celebraron el 11 de abril de 2011 en la casa del Tío Nico, uno de los varios miembros del magisterio que puede presumir esta familia poblana.

Meterse en la piel tinta, la necesaria para crearse con ello un mapa para andar por la vida, y de paso el pretexto para reflexionar sobre el arte en general y sobre un autor en particular

Unos días después de que los diputados aprobaran la modificación al Código Penal del estado de Puebla que presentó Eukid Castañón Herrera en el congreso local, el parque de mi colonia amaneció tagueado con aerosol rosa: un par de troncos, el tablero de basquetbol, los postes de la portería de futbol y parte del cemento de las canchas muestran aún caracteres extraños que gritan vandalismo.

La Eterna Incomprendida, su columna de cabecera sobre arte y cultura, preocupada por acercarlo a las expresiones más sofisticadas del mundo geek (y de todos los mundos), le comparte esta semana una exquisita selección de videos que nos acercan al universo creado por Jorge Lucas.

Mucho antes de que se popularizara el neoanglicismo yo le decía simplemente autofoto. Lo hacía, además, con cámaras análogas: sí, las que utilizan rollo de película y no ofrecen visualización previa. Si lograbas enfocar y encuadrar apropiadamente, ¡muy bien!, y si no, habías desperdiciado una –o más- de las 24 o 36 posibilidades que te ofrece el rollo. Otra diferencia: mis selfies a la mexicana y del siglo XX eran practicadas durante viajes y fiestas, nunca en museos o galerías ni mientras me enchinaba las pestañas antes de ir a la escuela.