Intelectura

Intelectura

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. / Cuando se desperezó, doce años le parecieron un santiamén. / Cuando miró a su alrededor, reconoció su hábitat. / Lo que le permitió vivir durante eras, en esencia aún imperaba. / Cuando caminó, el dinosaurio todavía era tal.

Hugo León Zenteno @hugoleonz Atrás quedaron los años del ritual republicano, del infaltable besamanos, de la grandilocuencia casi teatral, de la oratoria en tono cantado. Tradición...

Y es también profunda. E inconforme. Y cada vez más informada, dispuesta, activa, propositiva y elocuente. Nosotros somos la banda, la prole, el pueblo, la gente y el grueso de la población, y asumimos todos esos calificativos. Somos muchos y por ello la anchura. Nos distinguimos de la élite, del grupo en el poder, de los acomodaticios, los convenencieros y los comodinos. Nosotros, la banda ancha, buscamos cotidianamente actuar para tener un mejor país.

Ignorancia, improvisación, gazapos, palabras insulsas, lugares comunes, intervenciones inoportunas, criterios editoriales anquilosados, excesiva comercialización, chovinismo exacerbado y una pulsión por el humor de pastelazo; todo ello en el evento mediático internacional más importante del año.

La inacción es sinónimo de sumisión. Históricamente, nuestra nación ha permitido que sus derechos y demandas sean postergados, bloqueados y contravenidos; la lógica de quienes han detentado el poder, en aras de conservarlo, ha estado enlazada a estrategias como la distracción, el fomento a la desmemoria, la construcción de la ignorancia y una decidida apuesta por la división y la polarización de la sociedad civil.

La noche del primero de julio se alargó más de lo usual. Para algunos un par de horas, para otros una decena, para muchos toda la semana. Un oscuro manto, producto del despertar del tiranosaurio, cubrió la esperanza y la conciencia de muchos mexicanos, en tanto no fuimos capaces de evitar la vuelta al periodo jurásico. No obstante, nuestro letargo fue breve a fuerza de la necesidad de mirar, constatar y denunciar un sinfín de situaciones anómalas.

Soy comunicólogo de profesión y periodista por aspiración. Me dedico a enseñar y a escribir sobre ello. Desde los 7 años leo el periódico, cuando descubrí el poder de estar informado, de saber lo que sucedía a mi alrededor y en el mundo. Mi abuela, quien intuía la valía de evitar la ignorancia, acostumbraba regalarnos una suscripción a un diario, con el afán de que sus nietos “supiéramos lo que pasa”. Primero fue el extinto Novedades, con aquél perfil un tanto superficial y con su suplemento pionero Mi periodiquito muy adecuado para niños de menos de 12 años, aunque en mi visión era apenas un aperitivo.

Coincidentemente sucedió en México. Quizá también, en una tarde lluviosa como las que nos regala la naturaleza en días recientes. Seguramente, eso sí, significó un parteaguas histórico para un sinfín de seres habitantes de este mundo. Sobrevino hace 65 millones de años en el linde de la península de Yucatán con el Golfo de México y ocasionó una extinción masiva de formas de vida: un asteroide de 10 a 15 kms. de diámetro y de origen aún no definido, colisionó con la Tierra cerca del actual poblado de Chicxulub, Yuc.

La democracia no es únicamente electoral. Implica, además, la existencia de una constante deliberación pública, la cual es sólo posible a partir de la concurrencia de una diversidad de voces representativas de un entramado social. La discusión de los temas que son relevantes para el desarrollo de una nación no puede ser acaparada por quienes detentan el poder político, económico o mediático; esta deliberación no es factible en la monotonía, en la preponderancia de una voz o de un puñado de ellas.

Desde hace algunas semanas, y en gran medida por las demandas planteadas por el movimiento #yosoy132, se debate el tema de la democratización de los medios de comunicación y del manejo cuestionable que hacen de los mismos muchos de sus dueños. El vínculo entre las grandes televisoras y el poder político fue puesto en uno de los primeros lugares en el debate nacional. Y no es para menos, la televisión es capaz de construir, mermar y destruir percepciones e imágenes personales, institucionales y conceptuales.