Desde el clítoris

Desde el clítoris

Lo confieso: alguna vez fui de extrema derecha. Cuando era adolescente era una devota católica que tomaba su religión como pretexto para juzgar a todo el mundo con sus prejuicios e ignorancia. Pensaba que los homosexuales no merecían respeto, que las que abortaban eran irresponsables y que las que sufrían violencia dentro de la pareja era por su culpa.

Existe cierta adolescente en mi vida que conocí gracias a cierto trabajo. La verdad es que convivo con varias adolescentes y busco hacerlo porque me encanta. Tal vez sea porque yo misma amaba ser adolescente y hasta la fecha tengo mucho cuidado en conservar mi adolescencia en mi forma de ser.

Esta semana el DIF Municipal nos invitó (al secretario de mi asociación Equilátera y a mí) a la conferencia “Quihúbole (sic) con tus sueños” de Yordi Rosado. Los temas que prometía eran paternidad responsable y prevención del uso nocivo de alcohol o drogas.

La tarde del miércoles 2 de septiembre caminaba felizmente bajo un cielo que anunciaba una tormenta muy próxima. Iba particularmente alegre porque era el cumpleaños de mi pareja, y me disponía a celebrarlo con familiares y amistades.

No sé si a alguien le interese lo que voy a escribir en esta columna. La verdad es algo personal y decidí compartirlo porque me pareció muy intensa mi experiencia, y sobre todo, algo que no a cualquiera le toca vivir, (y tal vez me gusta mucho sacar mis propios trapitos al sol).

¿Las mujeres tenemos fiestas? ¿Las mujeres nos celebramos? ¿Tenemos espacios de diversión, de esparcimiento entre nosotras y para nosotras? Me acerco peligrosamente a los 30 años. Esta llegada inminente al tercer piso me ha hecho reflexionar, como siempre, sobre la situación de las mujeres que están en mi misma situación. Una cosa me ha llevado a la otra, hasta que acabé llegando a la conclusión que les voy a compartir: las mujeres solo tenemos fiestas si seguimos el patrón de vida preestablecido de casarnos y ser madres.

Hay una fuerte campaña actualmente en las redes sociales llamada #YoAborté y #DenúnciameEsta (si no la han visto pueden empezar a enterarse por aquí). Y como me siento muy indignada, voy a echarle más leña al fuego. Hablemos del aborto.

Les escribo con toda mi honestidad y cariño, siendo este mi último intento por orientarles como profesora. Está muy claro que durante el ciclo escolar logré inspirarles y entusiasmarles muy poco, y que la información que les proporcioné tampoco fue significativa. Mucho menos pude compartirles lo importante que es el aprendizaje de esta materia, ni del conocimiento en general.

Estoy dedicando varias columnas al tema de la menstruación por lo que expliqué en esta, mi columna sobre mis XV años menstruando. Esta es mi forma de celebrarlo: visibilizando este hecho natural revestido de mitos, estereotipos, tabúes, secretos, exageraciones y otras peculiaridades. Esta vez quiero hacer uso de estas letras para hacer presentes las historias que mis amigas me compartieron sobre su propia experiencia de la menstruación. Quiero celebrarlo con ellas porque difícilmente vemos la menstruación como algo que celebrar, como algo que compartir con alegría o como un hecho que requiere solidaridad. No se dice, no se goza, no se festeja; se sufre en silencio y se disimula.