Vivarium, o la perversa sátira de nuestra existencia
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
03 de septiembre, 2020
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Vivarium del cineasta irlandés Lorcan Finnegan se estrenó a principios de este año y recuerdo haber leído que la llamaron una “película profética” que mucho se adelantó a nuestra asfixiante realidad. Ya saben, como la cinta que “se anticipó al confinamiento antes del propio confinamiento”.

Pero no solo por ser de las primeras cuyo estreno oficial se realizó vía online y no en salas de cine debido a esta escabrosa pandemia, sino porque la trama -su extrañísima y particular trama- esconde en ciertos recovecos de su naturaleza, una angustiosa distopía en la que se vive en eterno aislamiento.

Vivarium, al igual que pasa con otras cintas de esta misma naturaleza, como Midsommar (2019) de Ari Aster o Mother! (2017) de Darren Aronofsky, resulta ser una película completamente inclasificable que suele dividir muchísimo a la audiencia por no tratarse de un producto convencional.

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Nada menos que una cinta de corte experimental o de cine de autor, cuya trama toma prestada elementos de diversos géneros -sea del horror, la fantasía o la ciencia ficción-, pero sin terminar siendo ninguno de ellos, con el fin de contar dos historias al mismo tiempo y se convierte, de alguna manera, en una suerte de metáfora con un trasfondo más grande que el evidente.  

Mother!, por ejemplo, parecía en un principio una home invasion cualquiera sobre un grupo de desconocidos irrumpiendo en la tranquilidad de un matrimonio, cuando en realidad se trataba de una adaptación del Antiguo Testamento judeocristiano. Y todo con el fin de generar una crítica medioambientalista del terrible paso del hombre por esta Tierra. 

Vivarium, por otro lado, se construye como una suerte de thriller psicológico que nos cuenta el frustrante viaje de un matrimonio joven en busca de una casa en la cual vivir, para convertirse después en la sátira perversa del sistema que nos dice: “nace, crece, reprodúcete y muere”. Y cuestionar así el propósito del hombre en este efímero mundo. 

Lo que la vuelven, como muchos señalan, una cinta demasiado “acertada” para estos precisos momentos. Aunque tranquilos, queridos padawans, que este no es el plan profético de los Iluminatis -o tal vez sí- oculto en las profundas y grotescas entrañas de una película cualquiera.

De hecho, el propio cineasta ha declarado sentirse particularmente “extraño”, puesto que su última película iba a ser dirigida precisamente a nuestro perverso sistema capitalista sin saber, por supuesto, que una pandemia iba a ser la culpable de estancar la economía global. Y todo a través de temas como el matrimonio, el aislamiento y la superficialidad a partir de una simple pero funesta deducción: cuán frágiles somos cuando algo, extraño o ajeno a nosotros, nos devuelve a la realidad. 

Vivarium

Fotograma de Vivarium (2020) / Foto: Movieclips Trailers | YouTube

A palabras de Finnegan, por el enorme parecido que posee la crítica de su película con esta nueva crisis sanitaria mundial: “Industrias como los influencers, que alardean en Instagram de su ropa nueva y haciendo que el resto se sientan inseguros, se han vuelto totalmente irrelevantes ahora».

Sin embargo, lo que vuelve interesante a Vivarium es que usa tratamientos más propios de la ciencia ficción sobre bucles/espacio tiempo para instaurar esta interesante metáfora o crítica social. Generando, como siempre, una eterna disputa entre la crítica y la audiencia que la tacha de ser una película compleja y hasta pretenciosa. Pero nada que ver.

En la misma tradición de películas como Cube (1997) de Vincenzo Natali o  El incidente (2014) de nuestro paisano Isaac Ezban, sobre individuos atrapados en universos cíclicos llenos de acertijos o enigmas que resolver, Vivarium nos cuenta cómo este aparente matrimonio de jóvenes felices y con ganas de hacer su vida quedan atrapados en un complejo habitacional interminable, solo con ellos mismos y sin ninguna explicación lógica o aparente. Haciendo que la idea de un matrimonio feliz como “gran propósito” en este mundo, se vuelva una auténtica pesadilla. 

El verdadero misterio de la película, además de descifrar cómo escapar de esta extrañísima prisión infinita, termina volviéndose también la pregunta clásica de este tipo de filmes. Desde Saw (2004), hasta In the Tall Grass (2019): ¿y quién es el verdadero responsable de semejante terror y por qué?

Además de servir como crítica anticapitalista y existencial, Lorcan Finnegan retoma otro tipo de premisas en la ciencia ficción de antaño: seres alienados de otros planetas -como alegorías de quienes nos oprimen- que nos invaden y nos conquistan, pero no con naves espaciales reventando la Casa Blanca en mil pedazos sino a través de nuestros propios intereses como especie, probablemente inspirados en las teorías de conspiración sobre las “granjas humanas”.   

De hecho, Vivarium recuerda bastante a la película de They Live (1988) de John Carpenter, por ejemplo. Sobre cómo estas razas alienígenas nos mantienen adormecidos a través de la televisión o con placeres vanos. Ya sea con el dinero como “un Dios” al que debe obedecerse o con “publicidad” que nos prohíbe cuestionar el sistema ya preestablecido. Mientras permanecemos ocupados con nuestra apariencia, posición social o en mantener un matrimonio feliz. 

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Aunque también tiene algo de aquel manga, The Promised Neverland (2015), del escritor Kaiu Shirai -posteriormente adaptado a serie de anime- que nos cuenta cómo un grupo de niños en una suerte de orfanato descubren que están siendo criados por seres extraños para servir de alimento. Mientras los mantienen encerrados en una prisión tipo “matrix” de la que será muy complicado escapar. 

Lo que hace que el nombre Vivarium, es decir, vivero, adquiera bastante fuerza al tratarse literalmente de un sitio de cultivo humano por otra especie superior a la nuestra. Un escenario que tanto sirve como metáfora de la “sociedad adormecida” en su rubro anticapitalista -el truco John Carpenter si quieren llamarle- como también, una poderosa cinta de “invasiones extraterrestres” en su apartado sci-fi. Tómenlo como quieran. 

En lo que a mí concierne, no prestéis atención de las críticas negativas que no entendieron nada de esta película. La propuesta de Lorcan Finnegan, de hecho, funciona de maravilla en ambos rubros.  

Así pues, debemos destacar que, al tratarse de una película completamente minimalista, ya sea por recurrir a un simple escenario o a una premisa sencilla, hace un estupendo trabajo manteniendo a la audiencia al borde de su asiento. Pocas películas de esta naturaleza lo consiguen. Ya sea en la constante intriga de generar más preguntas que respuestas, o en la estupenda tarea que realizan cada uno de sus actores. 

Ahí radica la verdadera grandeza de Vivarium. ¿Recuerdan los protagonistas de aquella interesante película The Art of Self-Defense (2019)? Pues Jesse Eisenberg y la bellísima Imogen Poots, luego de la cinta de Riley Stearns, vuelven como la dupla maravilla interpretando a esta pobre pareja de jóvenes enamorados. Y debo decirles que fue grandioso verlos juntos otra vez. 

¡Me en-can-tan! Funcionan como pareja actoral sobre todo en películas de esta misma categoría: pequeñas e intimistas. Ya sea porque ella es demasiado expresiva o hasta intensa en películas de suspenso -recuerden su estupenda actuación en la violenta Green Room (2015) de Jeremy Saulnier- o porque Jesse en su apacible calma genera absolutamente todo lo contrario. Haciendo que juntos se complementen de forma bastante amena.  

De pronto, de las escenas cómicas saltamos a la intriga y a la angustia. Luego al miedo o al horror. Sus personajes sufren cambios bastante notorios a lo largo de la película y es posible notar esa ansiada química que los hace tremendamente hipnóticos. Una química necesaria que nos permite experimentar todo lo que están viviendo. Nosotros como audiencia sufriremos al lado de ellos y eso no es más que prueba fundamental del gran trabajo que ambos ofrecen como actores.

Aunque si me permiten, queridos padawans, debo confesarles que me encanta la forma que tiene Imogen Poots de transmitir horror. Es verdad que la hemos visto incursionar en otros géneros con gran maestría, pero es que en este tipo de cintas resulta bastante especial. Desde que la vimos en la trepidante película de Juan Carlos Fresnadillo, 28 Weeks Later (2007), supimos que nació para esto. Vivarium solamente es la confirmación que necesitaba para ser notada como una actriz de calidad, pero particularmente, dentro de películas no tan convencionales.  

Ni hablar, queridos padawans, solo resta achacarle que en el fondo no es una película tan fresca como parece. Aunque logra tornarse angustiosa o hasta claustrofóbica, algunos giros de tuerca le juegan a lo “inesperado” sin serlo realmente. Recurre a elementos ya vistos en tramas parecidas y no me hagan hablar de su estúpido desenlace.

Vivarium

Fotograma de Vivarium (2020) / Foto: Movieclips Trailers | YouTube

Algo similar le pasó a la película de El Hoyo (2019) de Galder Gaztelu-Urrutia. O pierde potencia significativa al final o simplemente se les acabaron las ideas. Terminar esto con el mismo final abierto de siempre es un recurso ya desgastado, aunque funciona a la perfección si quieres hacerte pasar por un envidiable intelectualoide. ¡Meh! Eso no le quita su genialidad.

Damas y caballeros, Vivarium es una película realmente recomendable. Aprovecha sus escasos recursos para atrapar a la audiencia y genera una poderosa crítica a partir de lo micro para llegar a lo macro. Si bien no es la más notoria en su categoría, sí es una de las más interesantes.

Lorcan Finnegan, para fortuna de muchos, no nos ha traído una película más del montón. Esta podría ser la profética realidad de nuestro siglo XXI. Distorsionada a su modo; con aliens y universos cíclicos, pero con la misma pesadilla de siempre. El retrato del aislamiento. O la perversa sátira de nuestra existencia.

Sinopsis:

“Una joven pareja visita una inmobiliaria para comprar una casa. Un extraño agente los acompaña a una nueva, misteriosa y peculiar urbanización para mostrarles una vivienda unifamiliar. Allí se quedarán atrapados en una laberíntica pesadilla.”

*Foto de portada: fotograma de Vivarium (2020) / Foto: Movieclips Trailers | YouTube

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com