La cámara más icónica de la historia del cine
Por Aldo Plouganou @
02 de septiembre, 2020
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Con un sabor de boca aventurero, como quien busca un tesoro oculto en alguna tumba perdida en la jungla; exploré el ciberespacio en busca de toda la data que permitiera armar la historia de esa cámara que filmó más películas icónicas, memorables o históricas en el mundo; el santo grial de las cámaras, la quintaesencia mecánica de la obra maestra cinematográfica. 

Mi plan era armar un retrato, de cómo surgió, quién la inventó, en qué películas se usó, ¿quién había tenido una loca historia para poder usarla en tiempos recientes?, –un planazo–, había pensado en pedir redobles literarios, un murmullo de la audiencia en crescendo, y que retumbe la sección de metales para anunciar a la ganadora; pero todo fue una quimera… la cámara de cine más icónica del mundo no existe.

Eso no mata el relato, es un giro argumental que ni el escritor pudo adivinar y más bien, si lo pensamos un poco más, tiene todo el sentido del mundo.

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El cine es un juego de perspectivas, constantemente las aprovechamos para contar más y mejor nuestras historias con imágenes en movimiento. Son esos juegos los que nos permiten a los directores construir compromisos emocionales entre los espectadores y los personajes; qué saben un personaje y la audiencia, qué sabe el espectador y desconoce un personaje y qué sabe un personaje que no entiende aún el público. 

Pero el cine no sólo en su interior ha sido un juego de perspectivas o apariencias, también ha sido así su evolución y su historia; al mejor estilo de esas ilustraciones Gestalt –que encierran en un juego de formas, dos posibles lecturas como el hombre y el pingüino–, hemos creado la percepción de carreras estelares y obras apoteósicas. Sin embargo, si miramos detenidamente siempre hay algo que nos remarca que también puede ser bastante homogéneo y…terrenal. 

Pensemos por ejemplo en algunos de los grandes campeones: Kubrick aún después de haber hecho Dr. Strangelove, The Killing y Space Odyssey pasó largas temporadas entre proyectos viviendo de ganar partidas de ajedrez en los parques de Nueva York.

El crew de cine se vuelve más importante que la cámara

Collage de muchos crews a lo largo del tiempo y en varios países.

Pensar en Hitchcock es pensar en uno de los directores más trascendentes de la historia y eso no se discute, pero como director realizó 57 películas de las cuales 10 o 15 son las que todos vieron y adoran; más de la mitad de sus obras son títulos que nadie asocia a su nombre y que no tuvieron una gran repercusión.
Sergio Leone hizo dos obras maestra del Siglo XX llamadas Erase una vez en el oeste y Erase una vez en América, pero la mayoría lo recuerda y estudia más bien por El bueno, el malo y el feo, que es el final de una trilogía y muchos no tienen ni idea de la existencia de las primeras dos. 

Lo inmenso se transforma tan sólo en un pico de un recorrido muy largo; entre los altos y bajos, la gráfica en la gran escala pone bastante parejo todo. Exactamente eso es lo que pasa cuando buscamos la cámara más icónica de la historia del cine, sobresalen algunas campeonas que filmaron más que otras, pero en la lista de lo que se ha hecho con todas, conviven con absoluta equidad las obras maestras más memorables y las más olvidables. 

Cuando me di cuenta de que estaba buscando un tesoro que no existía, más allá de sorprenderme me invadió una profunda sensación de justicia; ¿a las miles de cajas mágicas que nos regalan el cine? Sí. Pero sobre todo, ese sentimiento de justicia me hizo pensar en el crew, imaginé una foto del equipo de filmación de todas las películas que se han hecho en la historia, todos juntos en una misma foto, todos esos equipos, un sólo equipo.
Y lo que pasaba en esa foto imaginaria era hermoso, una verdad del cine francamente hermosa; en esa foto ninguno somos más que otro, no hay nadie más importante, cada uno de los que hacen al cine posible ocupa prácticamente el mismo espacio… Se hace tangible eso que tantas veces se dice: la cámara no hace al fotógrafo y el director será tan bueno como la gente a su alrededor lo sea… porque el cine es un arte colectivo y existe sólo gracias a que todas las partes lo hicieron posible, a cada uno de esos locos y locas que aman hacer esto más que cualquier otra cosa.

*Foto de portada: Museum of the Moving Image

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Aldo Plouganou