Crisis en la CNDH, grieta en la 4T
Por Roberto Alonso @rialonso
08 de septiembre, 2020
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Este lunes, un mensaje en Twitter de la colectiva Madres Desobedientes que se autodescribe con la consigna “madres criando y al mundo transformando”, invitaba a las madres de víctimas –que también lo son– a recoger una despensa en la Casa de Refugio Ni Una Menos, trayendo consigo copia de su carpeta de investigación, seguramente detenida, archivada u olvidada.

CNDH

La imagen del tuit no es menor. Este refugio está ubicado en la calle República de Cuba 60, donde hasta la semana pasada se encontraba una de las sedes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), cuya titular ha sido emplazada a renunciar por las mujeres feministas que han tomado el inmueble y ahora lo ocupan.

El pasado 2 de septiembre, la ombudsperson Rosario Piedra Ibarra recibió a una veintena de víctimas de diferentes violaciones a derechos humanos, quienes se reunieron también con la directora de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, Ángeles Haces, y el subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas. Al no ver satisfechas sus demandas, dos mujeres tomaron la decisión de permanecer en las instalaciones de la comisión como forma de protesta. Una de ellas, Marcela Alemán, mamá de una menor que fue agredida sexualmente en un colegio privado de San Luis Potosí en 2017, se amarró a una silla de la sala de juntas y pasó la noche allí.

Ante la falta de apoyo a las víctimas en general, dicha protesta motivó que un grupo de mujeres y colectivas feministas acudieran en su auxilio al día siguiente, lo que desembocó en la toma del edificio; la exigencia de una recomendación general al gobierno federal, los gobiernos estatales y las fiscalías de todo el país reconociendo la gravedad de la violencia de género y, en particular, la violencia feminicida; y la exhibición de la comida y los cortes de carne hallados en las instalaciones de la CNDH.

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Las imágenes de la CNDH tomada han comenzado su recorrido en las redes sociales y probablemente ocuparán las páginas de los principales diarios y sitios de internet de corte informativo como en su momento ocurrió con las pintas en el Ángel de la Independencia, memorables en el imaginario de la lucha callejera por frenar la violencia feminicida. A la estética de la rabia y la indignación se suman ahora los retratos intervenidos de algunos próceres de la nación, Madero a la cabeza con los labios pintados, el cabello morado y flores en su saco.

En respuesta al llamado de la CNDH a una mesa de trabajo con miras a la entrega del edificio, Yesenia Zamudio, una de las feministas que tiene tomada la CNDH y madre de una víctima de feminicidio fue tajante: “No vamos a entregar las instalaciones, de hecho ya me instalé con una recámara y otras familias ya se instalaron. Las oficinas ahora son lugares para darle asilo a varias familias que han tenido que ser desplazadas, varias familias que lo han perdido todo… Nos vamos a quedar aquí, no es un plantón, es una toma”, sostuvo en una entrevista con Carmen Aristegui este lunes 7 de septiembre.

En su mañanera del mismo día, el presidente rechazó el vandalismo realizado en el edificio de la CNDH, reclamando en particular la intervención a la pintura del “apóstol de la democracia”. “El que afecta la imagen de Madero, o no conoce la historia, lo hace de manera inconsciente, o es un conservador.” Acto seguido buscó matizar sus palabras diciendo que entiende el dolor de las víctimas, aunque volvió a pronunciarse contra las pintas equiparándolas con actos de violencia, al tiempo de salir a defender a Piedra Ibarra. “No hay justificación”, remató.

Cuestionada sobre tales declaraciones, Zamudio abundó: “Esta es una lucha de mujeres que estamos pidiendo justicia por nuestras hijas y por nuestras familias y por nuestros hijos y por tener una vida libre de violencia. Eso de pintar una figurita no es violencia. Violencia institucional y violencia a nuestros derechos humanos es lo que hacen todos los días, por eso estamos hartas. Para mí ese cuadrito no es nada… es un pinche cuadro que no vale nada, la vida de mi hija vale mucho más que sus paredes.”

Apenas el martes pasado, López Obrador destacó en su segundo informe de gobierno que los feminicidios habían bajado, pero los datos oficiales lo contradicen. Desde hace cinco años hay una tendencia al alza en el delito de feminicidio. De acuerdo con cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2015 se contabilizaron 411 feminicidios; en 2016, 605; en 2017, 741; en 2018, 891; en 2019, 934; y con corte a julio de 2020, 549, esto es, 30 más que los que se habían acumulado de enero a julio de 2019.

Entre renuncias y acusaciones por la falta de autonomía, y datos que reportan la disminución de las recomendaciones dirigidas a las secretarías del gobierno federal en lo que va de la gestión de Piedra Ibarra, la CNDH enfrenta una profunda crisis que agrieta la lucha de la 4T en favor de las víctimas. Manera de sellarla hay y pasa por un compromiso decidido con la justicia transicional, que debería ser la materia de la consulta popular.

 

Foto: Sonia Gerth | CIMAC Noticias

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Roberto Alonso
Académico del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla y coordinador del Observatorio de Participación Social y Calidad Democrática.