Ciencia Ciudadana: aprender desde abajo, una conversación con Sandra Harding
Hay otros modos de practicar la ciencia desde abajo a partir de las preocupaciones e intereses de quienes han sido excluidos del campo de los saberes oficiales.
Por Klastos @
17 de septiembre, 2020
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¿Qué quieren las mujeres de la ciencia y de la tecnología?, se preguntaba la filósofa Sandra Harding en uno de sus libros más conocidos, ¿De quién es la ciencia? ¿De quién es el conocimiento? Pensando desde la vida de las mujeres (1991). La cuestión de fondo que se planteaba ahí era si las mujeres podrían usar unas formas de saber profundamente burguesas y masculinas para liberarse de las desigualdades a las que habían estado históricamente sometidas.

Y no se trata sólo de las mujeres. Como Harding señala en La ciencia desde abajo. Feminismos, postcolonialidades y modernidades (2008), lo que se busca es hacer una crítica de la modernidad y sus formas de saber pero no desde las posiciones privilegiadas de la academia –“desde arriba”– sino desde las formas de saber y los aprendizajes “desde abajo” –desde las perspectivas y experiencias de las mujeres, pero también de quienes no gozan de las ventajas y privilegios de ser hombres blancos reconocidos. Si no se hace esto, y por muy progresista y de izquierda que se crea uno, el intento de dar lugar a una transformación democrática de la política y la ciencia estará condenado al fracaso.

En Klastos pensamos que el conocimiento es un lugar de debate y disputa, de posibilidades y empoderamiento, y que debe reconocerse tan situado y parcial como abierto a discusión. Por eso hemos conversado con Harding sobre las amenazas de la educación a distancia, las posibilidades (y limitaciones) de la Ciencia Ciudadana y por qué es importante aprender a montar en bicicleta.

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Klastos (K): Hay una profunda preocupación, y no sólo en México, de que el giro hacia la “educación a distancia” en general implique al menos tres cosas: una mayor presencia de los grandes monopolios tecnológicos –Microsoft, Apple, Google– en el “negocio” de la educación; un aumento de la precarización del profesorado –con más contratos temporales con nulas prestaciones y mal remunerados–; y, finalmente, una profundización en la brecha entre los estudiantes que tienen los recursos económicos para pagar una educación superior privada sofisticadamente tecnologizada y quienes no. ¿Cómo imagina modos para responder a estas amenazas que conlleva la educación a distancia?

Sandra Harding (SH): Ante todo, concuerdo en que la educación a distancia está creando una oportunidad para que esas gigantescas corporaciones como Microsoft, Apple y Google ganen aún más poder. Y mi perspectiva es que es demasiado tarde para derribarlas. Han logrado un tipo de posición que las hace enormes. Si se las hubiera desmontado hace un año en corporaciones más pequeñas y se les hubiera aplicado algún tipo de política [antimonopólica], hubiera sido más fácil controlarlas. Van a dañar aún más al profesorado, lo van a hacer aún más precario, más temporal, de baja calidad, mal pagado y con un aumento de la desigualdad económica.

¿Cómo responder a esto? No hay modo de derrotarlos. Diría dos cosas. Se publicaron artículos en Los Angeles Times  y en el New York Times  y en otros lugares, sobre cómo los profesores de grados avanzados de primaria estaban lidiando con la educación a distancia y estaban poniendo en práctica cosas muy innovadoras. Por ejemplo, los profesores de grados iniciales de primaria estaban telefoneando a sus estudiantes cada tercer día y dándoles clase en línea. Lleva mucho tiempo pero mantiene a los estudiantes conectados.

Otro problema gigantesco en Los Ángeles es que en las escuelas públicas el 80% de los estudiantes están bajo el umbral de pobreza, así que las escuelas les dan de comer, el desayuno y la comida. Así que las escuelas comenzaron a dar desayunos, comidas y cenas gratis a todo el mundo. Eso es lo que han comenzado a hacer ante la crisis porque los niños no pueden aprender si tienen hambre. Esa era su postura. Así que las escuelas modificaron sus cocinas para servirle a quienquiera que pudiera conducir o caminar o llegar hasta ellas, fueran o no estudiantes, como personas sin hogar. Así que fue una gran oposición a esa desigualdad y un intento por intervenir en ella. 

Y la otra gran desigualdad es, por supuesto, el servicio médico, que con la pandemia se ha exacerbado; los profesores y los empleados en las escuelas intentan también atender esto, ayudar. No sé con qué éxito pero fue un intento.

La educación a distancia tiene diferentes efectos en los distintos niveles escolares. Para los menores de cinco o siete años, [el hecho de ir a la escuela] es la primera vez que salen de su casa durante un par de horas al día e interactúan con personas que no son de su familia y que los cuidan. El profesor es realmente una persona que, en clase, habla con ellos personalmente. Lo estoy simplificando, pero les comparto lo que he oído.

La secundaria es otro tema. Los estudiantes han salido de casa y, para ellos, estar ahora de vuelta en sus habitaciones de la infancia, para los chavos de secundaria y universitarios, no está bien. Necesitan estar trabajando con sus compañeros. Así que, de una parte, la educación a distancia ha creado un montón de problemas y en respuesta a ellos las escuelas han mostrado modos de ayudar. No resolvieron los problemas, pero los mitigaron.

Algunas experiencias de “educación a distancia”. / Collage: Klastos.

K: ¿Cree que los sindicatos, las asociaciones de profesores o los rectores de las universidades se asociarán con esas corporaciones tecnológicas, algo que apenas inicia, y que significará un cambio que se quedará para siempre? ¿O es sólo un arreglo temporal que después de la pandemia revertirán?

SH: No tengo respuesta para eso en los términos en los que lo plantean, pero un tema que quisiera señalar acerca de esas grandes corporaciones es que crean inmensas posibilidades de enseñanza que antes no estaban disponibles y ahí es donde aparece toda la bibliografía de la Ciencia Ciudadana (CC) [Citizen Science]. Internet hace posible recabar cantidades de información que antes era imposible.

Hay partes de ello que sólo personas y científicos entrenados pueden hacer, pero si le echan un vistazo al artículo de la Wikipedia de la Ciencia Ciudadana y a otros artículos sobre el tema, se darán cuenta de que los avances científicos desde los ciudadanos han sido muy grandes: la recolección de información ciudadana, la identificación de problemas, etc. Permítanme que mencione un par de los primeros grupos de ciencia ciudadana que conocí hace 40 años. 

Una amiga mía tenía cáncer de mama, le extirparon un pecho y después de la cirugía, con una “niebla” constante en la cabeza, la enfermera le dijo que se pusiera en contacto con otras mujeres que habían sobrevivido al cáncer. Comenzó a verlas inmediatamente, una vez a la semana, y no sólo se apoyaban y compartían sus tragedias, sino que acabaron creando un nuevo campo científico porque eran muy conscientes del efecto de la quimioterapia en sus cerebros.

Artículo de Wikipedia sobre Ciencia Ciudadana

Los médicos no estaban al tanto de esto [de los efectos de la quimioterapia en el cerebro] pero las enfermeras y estas mujeres sí lo estaban porque cuando se quejaban con los médicos, estos simplemente pensaban: “no son más que mujeres quejándose”. Así que comenzaron a recabar información sobre los efectos de la quimioterapia en sus cerebros semana con semana, conforme la cirugía quedaba más lejos, y trataron de reclutar a médicos para hacer la investigación oficial sobre este asunto. Así que vea lo que estaban haciendo: primero, estaban recopilando información; segundo, identificando un problema científico que no había sido reconocido por los médicos, y estaban reclutando médicos para hacer esto con ellas.

Hay otros casos muy documentados pioneros de Ciencia Ciudadana. Uno es el de la investigación sobre el SIDA. Era la misma situación: fueron los amigos y las parejas y los padres de personas con SIDA quienes comenzaron a recabar información, incordiando a los organismos médicos de Estados Unidos para que comenzaran a hacer investigación y al Departamento de Salud para que pusiera los fondos para ello. Compilaron la información inicial, reclutaron a los médicos, etcétera. 

Estos son dos casos en los que los ciudadanos científicos hicieron algo más que mera recopilación de datos rutinarios. Estaban definiendo problemas científicos, reclutando gente y financiando su investigación.

K: Está mencionando casos de Ciencia Ciudadana y esa es una categoría ampliamente usada ahora en los Estudios de la ciencia (Science Studies) y en la Filosofía de la ciencia. ¿Cómo conectaría la Ciencia Ciudadana con su contribución teórica de las Ciencias desde abajo? ¿Diría que se trata de un tipo de Ciencia desde abajo o no sería exactamente lo que tiene en mente?

SH: Sí, en gran medida lo es. Excepto que yo no soy científica, soy filósofa, ¿no? Así que yo no estaba en realidad recabando información, no estaba haciendo Ciencia Ciudadana, estaba haciendo Filosofía de la ciencia ciudadana. Otra cosa es que ambas estaban teniendo lugar a la vez en las décadas de 1970 y 1980, después del movimiento de los derechos civiles activos en los años sesenta. Así que el asunto de los supervivientes de cáncer de mama no sólo es un asunto de mujeres, lo es también de los hombres, aunque menos.

Quiero decir que se convirtió en un tema feminista porque los médicos simplemente descartaron las obervaciones tanto de las enfermeras como de las pacientes. Las enfermeras se habían dado cuenta de que esta quimioterapia tenía ese efecto terrible y tenía ciertos patrones, pero los médicos no les prestaron atención, no les prestaron atención a las mujeres. En este sentido, en este contexto, diría que mi trabajo es ciertamente parte de la Ciencia desde abajo, pero es Filosofía de la ciencia desde abajo.

Sandra Harding, Sciences from below. Feminism, Postcolonialities and Modernities, Duke University Press, 2008

K: ¿Cree que si la educación a distancia se conecta con la Ciencia Ciudadana será capaz de dar lugar a un nuevo “sujeto de conocimiento”? Nos preguntamos si el estudiante se convertiría en un nuevo sujeto de conocimiento o si sería el mismo tipo de estudiante sólo que tomando cursos en línea.

SH: Podría ser un nuevo tipo de sujeto de conocimiento. Hay muy buenos profesores de ciencias que ya hacen, por así decirlo, Ciencia Ciudadana en la medida en que sacan a las chavas ahí afuera, a contar mariposas o a hacer otras clasificaciones, y el profesor rutinario enseña con libros o en los laboratorios. La Ciencia ciudadana tiende a centrarse en el mundo que nos rodea, así que no hace física de partículas y química complicada. La Ingeniería sí hace Ciencia Ciudadana. 

Las mujeres pidieron que se rediseñaran los asientos del conductor en los coches porque estaban diseñados para la altura de los hombres y las mujeres no podían ver por encima del volante. Y fue en ese contexto del movimiento de las mujeres que lograron que las compañías hicieran las modificaciones.

Ahora tienes todo tipo de adaptaciones: los asientos se suben, bajan, se acercan y alejan del volante; el tablero tiene todo tipo de ajustes para que manejar sea cómodo. Yo no conocía el lenguaje de la Ciencia Ciudadana entonces. Sabía lo que mi amiga con cáncer de mama hacía y lo que las personas con SIDA estaban haciendo. No creo que conociera el término Ciencia Ciudada que, al principio, también se llamó Ciencia Cívica en los contextos con los que me encontré.

K: ¿Qué aportan esas miradas diferentes que puede que no estén conectadas con la ciencia? La mirada de las niñas, de los estudiantes que no estaban implicados con la ciencia y a quienes de repente se les convoca para ser parte del proyecto científico o de la recolección de información. ¿Por qué es importante implicar a esas personas en las actividades científicas?

SH: Los niños son naturalmente curiosos respecto al mundo que los rodea. Están todo el rato preguntando qué es esto y aquello, e intentando hacer cosas extrañas con los objetos que se encuentran. Y cuando aprenden a manejar una bicicleta se entusiasman cada vez que obtienen esas habilidades personales. Así que la curiosidad es un factor natural humano y es una maldita pena que mucha educación la anule con el aprendizaje con libros. Así que el movimiento de la Ciencia Ciudadana de algún modo toca en una persistente característica humana.

Para nosotros los adultos, cuando vamos a regiones distintas, o ahora que he estado implicada en América Latina, hay todo un conjunto de aprendizajes que tengo que hacer y preguntas que tengo. Ahora conozco bastante de la ciencia y la tecnología en América Latina que antes desconocía, aunque no tanto como si la viviera a diario. Así que creo que la Ciencia Ciudadana toca algo muy básico.

Algunas experiencias de Ciencia Ciudadana en México. Collage: Klastos. Fuentes: Fauna del Noroeste; Comunidad y Biodiversidad, A.C.; Papalomeh; Selva Maya.

K: Otro concepto muy importante en su trabajo es el conocimiento científico postcolonial. ¿Qué conexiones establece entre la Ciencia Ciudadana y lo postcolonial? Como, por ejemplo, una sensibilidad hacia la producción de conocimiento en el contexto de la educación a distancia. ¿Ve ahí algún vínculo, algún tipo de potencial para la libertad? En otras palabras, ¿cómo se podría transformar la Ciencia Ciudadana en Ciencia Ciudadana postcolonial?

SH: Bueno, creo que ya lo es. La ciencia postcolonial ya es Ciencia Ciudadana para un grupo diferente de ciudadanos. Claro que la Física de partículas es una preocupación raramente prioritaria en América Latina. No se dan Premios Nóbel o su equivalente en español o portugués a los físicos. En su lugar los premios van a los cellistas, a los dramaturgos y los personajes nacionales, que son escritores y artistas.

Así que cuando una mira cuáles son las preocupaciones postcoloniales normalmente son las de la medicina, la salud y cuestiones medioambientales, con las ciencias con las que la gente interactúa a diario de una manera consciente. Así que puede decirse que una es parte de la otra. La ciencia postcolonial es un tipo de Ciencia Ciudadana o la Ciencia Ciudadana ya tiene una presencia como ciencia postcolonial.

Por supuesto que la ciencia postcolonial tiene otros proyectos, como derrotar el modelo moderno occidental de lo que cuenta como ciencia, y la Ciencia Ciudadana no tiene ese proyecto, simplemente trata con aspectos del mundo natural que no requiere del conocimiento de la Física de partículas y cosas similares.

K: Vemos una conexión entre la CC y la Ciencia postcolonial, y estoy de acuerdo en que la primera es parte de la segunda pero no al revés. Lo que queremos decir es que quizás Internet y quizás la educación a distancia tienen el potencial de llegar a gente de todo el mundo pero, a su vez, probablemente los estudiantes en Los Ángeles o Nueva York tienen que seguir el mismo tipo de contenido que normalmente ven en clase. ¿Piensa que hay una oportunidad para cambiar los contenidos de la educación para hacerla realmente postcolonial?

SH: Esto es interesante. Sospecharía que los profesores estadounidenses y europeos se entusiasman con el trabajo postcolonial de modo más general, sin meterse en mucha teoría. Sospecho que verían qué hace la gente en otros países. Alguna vez fui a darles una charla sobre ciencia no occidental a los compañeros de 10 años de mi nieta Eva. Después de eso, el profesor me llamó para preguntarme cómo hacer eso localmente. Le dije: “Pídele a tus estudiantes que vayan con los latinoamericanos que viven en Venice Beach y que les pregunten a las mamás qué cocinan, que les pregunten sobre sus recetas, sus huertos y sus remedios caseros”.

Para Thanksgiving solía hacer esto en mis clases en la universidad cuando los estudiantes iban de vuelta a sus casas de vacaciones. Les pedía que entrevistaran a la persona de más edad de su casa y le preguntaran sobre cocina y la huerta y sus remedios caseros, y cuando los estudiantes volvían nos lo contaban. 

K: En términos generales, ¿cómo ve la traducción de la Ciencia Ciudadana a la democracia? Preguntamos esto porque creemos que parte de lo que crea el problema acerca de la Ciencia Ciudadana en los debates académicos es que, y ya ha mencionado esto antes, muchas veces se trata de reunir información para la organización científica tradicional, que toma esos datos para hacer ciencia tradicional, para los propósitos tradicionales y para los sospechosos habituales de las grandes corporaciones y farmacéuticas y demás. ¿Ve obstáculos o modos para traducir la nueva Ciencia Ciudadana en democracia, en la definición básica de democracia: un proceso colectivo de toma de decisiones?

SH: Los artículos [de Wikipedia], que mencionaba, tratan de ese proceso. Desafortunadamente, la tendencia de los científicos convencionales es exactamente esa: “Ustedes recogen la información y nosotros la procesamos”. Sin embargo, los científicos ciudadanos señalan una y otra vez que, número uno, los datos que están reuniendo son importantes para ellos.

Tienen que ver con sus condiciones de vida, no simplemente con cualquiera o con todas las condiciones ambientales, sino con las que los afectan a ellos y a su salud. Además, frecuentemente tienen percepciones respecto a los modos en cómo la investigación debería proceder que no está disponible para los científicos convencionales.

El texto que les mencionaba de la Wikipedia insiste en que hay una intención en mantener la Ciencia Ciudadana en el proceso de toma de decisiones en todo momento, que esté en los consejos de las instituciones, que esté activamente implicada en la toma de decisiones continuamente porque sus experiencias vitales afectan a los procesos científicos en cada estadio.

Sandra Harding, Whose Science? Whose Knowledge?: Thinking from Women’s Lives, Cornell University Press, 1991.

K: En los meses recientes hemos visto en muchos países a muchos hombres en primer plano explicando la pandemia y qué hacer. Eso ha pasado en muchos países de América Latina, también en Estados Unidos y en algunos países en Europa. ¿No deberíamos tener un acercamiento de género respecto al proyecto de la Ciencia Ciudadana para, de algún modo, retar esta inmensa imagen pública de los hombres representando la ciencia? Porque nuestra preocupación es, de nuevo, que podemos conectar el Norte y el Sur, y eso es fantástico, pero quizás al final tenemos de nuevo a los hombres blancos en MIT escribiendo sus papers con datos recogidos en toda América Latina. ¿Cómo imagina una CC que sea sensible a esto?

SH: Ah… con dificultad [risas]. Ese es obviamente un asunto, como el de la raza, la etnia y los restos del colonialismo, como decía. Si recuerda, los datos sobre el COVID en Estados Unidos contaban muchísimo menos los casos de africamericanos y latinos. Su índice de mortalidad era gigantesco comparado con el de la población blanca.

Así que, número uno, no todos los hombres son sexistas, y muchos de ellos, si se los empuja tantito, se tomarán la molestia de hacer públicamente visibles datos y preocupaciones apropiadas de género. Pero tiene que ser el mismo tipo de empujón y de crítica hasta que vivamos en una sociedad donde el género, así como la raza, la etnia y los restos del colonialismo ya no sean temas de interés. En la medida en que vivamos en una sociedad donde la discriminación continua cree voces prestigiosas, tendremos esos problemas. 

K: Desde una perspectiva  ciudadana –sin ser especialistas en epidemiología–, ¿cree que las acciones contra la pandemia en Estados Unidos, por ejemplo, pueden interpretarse en términos de género? En el modo como el National Institute of Health [Instituto Nacional de Sanidad], la Casa Blanca y otros actores políticos implicados han tomado decisiones sobre esto, ¿detecta un sesgo de género?

SH: Sí, ha habido un inmenso prejuicio de género con la categoría de “trabajadores esenciales” –de la salud, de la hostelería, limpiadoras, e incluso profesores de primaria han sido conminados a trabajar en condiciones inseguras–. Han sido mayoritariamente mujeres. Aunque ha habido trabajos predominantemente masculinos, como carpinteros y plomeros, por ejemplo. Creo que estas instituciones no pretendían ser sexistas por lo que, sí, el sexismo va a perdurar donde ya está, pero tenemos que cambiar la preparación y el contrato laboral para reducir el número de mujeres y latinos y africoamerianos que están contagiándose y diseminando el virus cuando se ven forzados a trabajar en condiciones inseguras.

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Sandra Harding es una de las filósofas feministas de la ciencia más importantes de las últimas décadas y profesora emérita de la Universidad de California Los Ángeles. Su trabajo ha dado centralidad a las preocupaciones y experiencias que surgen en la vida cotidiana de grupos social, política y económicamente oprimidos. Entre sus numerosas publicaciones cabe destacar The Science Question in Feminism (1986), Is Science Multicultural? Postcolonialisms, Feminisms, and Epistemologies (1998) y Objectivity and Diversity: Another Logic of Scientific Research (2015).

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