¿Resistencia, resiliencia o reinvención docente?
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
25 de agosto, 2020
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Me dijiste: sólo lo frágil permanece,
y yo te creí
porque de cierto modo me gusta creer
que lo flexible, lo pequeño,
lo insignificante,
vence de algún modo,
sobre lo rígido
lo grande, lo importante…

Alfonso Brezmes, «Sólo lo frágil permanece«

La semana pasada analicé en esta Educación personalizante el regreso a clases en esta etapa que se ha llamado Aprende en casa II desde la perspectiva del sistema educativo en su conjunto y tomando como base el concepto, nuevo para mí, de antifragilidad.

Como decía en ese espacio, la pretensión de las autoridades educativas con el planteamiento de esta etapa basada en el apoyo de los canales de televisión y manteniendo el currículo intacto, y así cubrir la totalidad de los planes y programas de las asignaturas de cada grado y nivel, es mandar el mensaje de que tenemos un sistema educativo robusto que puede funcionar como si nada estuviera pasando a pesar de las condiciones críticas de la pandemia que hoy seguimos viviendo.

Tal como ese puente sólido y perfectamente diseñado y construido sobre el Río Choluteca en Honduras que, como cita el columnista Eduardo Caccia, se mantuvo en pie, intacto y sin daños después del paso devastador del huracán Mitch por el país, pero dejó de servir para la función que le dio origen porque el fenómeno natural hizo que el cauce del río se desviara y ya no pasara por debajo del puente; así el sistema educativo nacional busca iniciar este ciclo escolar mostrando su robustez y haciendo gala de que está indemne cuando el torrente de las vidas de los estudiantes, padres de familia y educadores ha sufrido cambios de rumbo que parecen irreversibles.

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Sin embargo, decía aquí la semana pasada, la robustez y la resiliencia no parecen ser las mejores respuestas sistémicas ante la crisis sino la antifragilidad. Porque lo robusto resiste los choques y permanece igual, pero lo antifrágil mejora cuando recibe los impactos de elementos estresores.

Según Nassim Nicholas Taleb, autor del libro Antifrágil. Cómo protegerse de la incertidumbre en el que se basa este análisis de la semana anterior: “Si prácticamente todo lo que viene de arriba fragiliza y bloquea la antifragilidad y el crecimiento, todo lo que surge desde abajo prospera con una cantidad adecuada de desorden y de estrés…”.

De ahí que la conclusión de la Educación personalizante anterior expresaba mi deseo de que vayamos construyendo desde abajo -los docentes, los padres de familia y los mismos estudiantes-, la antifragilidad necesaria para que el sistema educativo de este país pueda mejorar a partir de la crisis del COVID-19 y no pretenda que todo siga igual como ese puente que ya no cruza ningún río.

¿Cómo trasladar esta reflexión a los docentes?

Desde mi punto de vista, los maestros y maestras pueden asumir cuatro posturas frente a las exigencias que la autoridad educativa y la misma realidad le están planteando a su práctica profesional: la de resistirse, la de resistir, la de tratar de ser resilientes y la de buscar, a partir de construir antifragilidad docente, una reinvención para volverse profesionales de la esperanza que estén a la altura de los tiempos que corren.

La actitud que menos aporta es la de la resistencia en el sentido negativo y pasivo de resistirse. Esta es la postura de un cierto porcentaje de docentes que normalmente actúan bajo la ley del mínimo esfuerzo, los que ven la docencia como una “chamba” y realizan justo lo que les exigen a cambio de un salario. Es la actitud del cumplimiento: “cumplo y miento”. He escuchado ya de varios profesores la queja de que al compartir los esfuerzos que están haciendo y la creatividad que están desplegando para tratar de afrontar el desafío de esta nueva etapa de trabajo educativo con sus educandos desde casa, algunos de sus colegas les están cuestionando y hasta intentando obstaculizar porque piensan que ya con la televisión y los libros de texto ellos no tendrán que hacer gran cosa.

Foto: Glenn Carstens-Peters | Unsplash

Una segunda acepción de la resistencia es la de los docentes que están aguantando los elementos estresores del trabajo en casa y las exigencias burocráticas de generación de reportes y evidencias con estoicismo y profesionalismo pero con el ánimo de sobrellevar estos tiempos difíciles y sobrevivir lo mejor posible a ellos. Son los profesores que cargan esta realidad en sus espaldas como un fardo pesado que tienen que llevar a cuestas pero que no les genera el menor entusiasmo ni la menor necesidad de cambio.

Una tercera forma de asumir el inicio del nuevo ciclo escolar es la de la resiliencia, que es tal vez la que más adeptos tiene porque este término está hoy muy posicionado en la opinión pública en general y en el campo educativo en particular como una cualidad que hay que desarrollar para poder vivir en tiempos cambiantes.

Esta actitud resiliente consiste en ser flexibles pero robustos y como dice la canción Resistiré, que resurgió a partir de la pandemia desde el hit parade de los años 80: “ser como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie…”, pero “volverse de hierro para endurecer la piel…” y soportar los golpes sin rendirse.

Se trata de un tipo de robustez que supera la rigidez que hace que las cosas puedan romperse pero resiste los embates de los elementos estresores de las crisis sin cambios, haciendo algunos movimientos temporales para regresar luego a la forma y estado original.

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En esta tercera postura se ubicarán seguramente muchos docentes que haciendo un esfuerzo enorme han ido aprendiendo a usar las tecnologías y creando algunas estrategias de comunicación a través de otros medios con sus estudiantes, pero básicamente para mantener funcionando el proceso de enseñanza y aprendizaje como siempre y cubriendo en la medida de lo posible los contenidos y temarios establecidos.

Sin embargo, los tiempos que vivimos están pidiendo ir más allá de la resiliencia. La crisis profunda en que nos encontramos está solicitando antifragilidad que llama a la reinvención profunda de todos los docentes porque no basta que el puente resista los embates de la crisis puesto que el río ha cambiado de cauce.

La antifragilidad docente implica una transformación para la mejora a partir de los aprendizajes que ha generado en los profesores y profesoras este tiempo de trabajo a distancia con las escuelas cerradas. Se requiere una reinvención de fondo que a partir del análisis sobre los saberes esenciales que tiene que desarrollar un niño, niña o adolescente de este tiempo y lugar, priorice estos saberes y planifique su trabajo docente para lograr que se desarrollen de manera significativa y sólida en sus educandos.

Aprender a leer textos y a leer el mundo, analizar y pensar de manera creativa, lógica y crítica lo que lee y vive, expresarlo correctamente, reconocer sus sentimientos e integrar lo que siente y lo que piensa en la toma de decisiones responsable que lo lleve a construir un proyecto de vida personal y socialmente pertinente y autónomo. Estos serían desde mi punto de vista los saberes esenciales en los que tendríamos que enfocarnos a partir de la reinvención docente que supere la resistencia, trascienda la resiliencia y construya antifragilidad desde abajo, a pesar de que se pretende imponer la robustez desde arriba.

Para caminar hacia allá habrá que empezar por creer “…que lo flexible, lo pequeño, lo insignificante, vence de algún modo, sobre lo rígido lo grande, lo importante…”

 

*Foto de portada: Julia M Cameron | Pexels

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..