No more chocolate, Mr. Wonka
Por Ángel Chánez @
04 de agosto, 2020
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Capitán Tsunami

Umpalumpas, minions, marinebrios, grafonautas incluso amigous, todo menos llamarles “alumnos”.  Jamás su profe, ticher, instructor y mucho meeenos facilitador, soy el Capitán Tsunami, su pirata guía. No surimi ni salami (en todo caso Tsusi, como me dicen mis sobrinos). 

Así es chicos, juntos navegaremos todo un fuckin´ cuatrimestre por el pantanoso Mar del Arte esperando que no se nos aparezca el Kraken, ni debamos cruzar violentas e imprevistas tormentas o que algún bucanebrio intervenga y desee sabotearnos. En este taller van a intentar dejar de ser ustedes mismos (o lo que sus familias les han dicho que deben ser) para posibilitarse nuevas configuraciones creadoras que les servirán para sensibilizarse con la realidad y comunicarse con ella a través del dibujo. Exploremos…

Consejo Tutelar de Varones San Fernando (CTV), Ciudad de México, año 2004. 20 jóvenes malandrines se han inscrito al taller de cómix. Les doy la bienvenida y les explico que nos veremos dos veces por semana para que les comparta cómo crear figura humana, que aprendan técnicas para dibujar, diseñen personajes para historieta y cómix y que tengan las herramientas básicas para poder contar su historia. 

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Escucho risas entre ellos, se voltean a ver y me preguntan inmediatamente en qué nave llegué, me río más que ellos y les respondo que en la “pesera que va al estadio”, se ríen más y me hacen un interrogatorio exprés sobre mi persona, respondo y les pido que se sienten. En ese entonces mi nickname o nombre artístico era Rey Mico (rey de los monos y los garabatos) les aviento de volada la historia de por qué seleccioné ese seudónimo y les pido a todos que no se vayan hasta que se inventen un nuevo nombre. Les confieso que es muy parecido al mote que te ganas en tu barrio, con la diferencia de que este nuevo nombre te lo pones tú. No es apodo ni algo despectivo. Debe enaltecer lo que eres o deseas ser, mostrar una parte de ti que sea íntima, les pido que piensen cómo les gustaría que los demás los percibieran. Así que, durante seis meses en mi taller, Raúl fue Máquina de fuego, Sergio fue Carnage, Luis fue Spartan 117, José fue Lobo Negro; el resto del grupo también pudo proyectarse desde su intimidad con la selección de sus propios nicknames o nombres artísticos.

Como era de esperarse, y llegando al lugar común, la experiencia de impartir un taller a este grupo fue más un aprendizaje para mí que para ellos, estoy seguro. La lección de vida, el compromiso que me demandó esta actividad, la conexión que se generó con todo el crew, la solidaridad que nos mostramos siendo cómplices ante la institución nos permitió generar una dinámica muy profunda que al día de hoy sigo reconociendo como la experiencia de aprendizaje más satisfactoria que haya tenido en mi vida desde entonces. En su momento logró definir mi necesidad (que no sabía que tenía) de estar frente a un grupo impartiendo clases. Ahí empezó todo.

Mi experiencia docente, mi confrontación con la realidad y la creación del manifiesto de mi clase se comenzó a construir desde que ingresé como profesor de la materia de Ilustración en TROZMER (2004)  pasé desilusiones por el CLEU, IEU, UNIVERSITARIO BAUHAUS, CINEMA (2007-2016) impartiendo dibujo anatómico, ilustración o creatividark,  hasta terminar en la actualidad: insistiendo en el Dibujo como Lenguaje desde el aula virtual UNARTE.

VERANO 2020

Para el Capitan Tsunami, el arte es la vacuna contra la pandemia

Ilustración: Dregiled

Lo que las escuelas creen

Que enseñar bien no es necesario. Que debemos dedicarle más a los protocolos y trámites administrativos que a preparar nuestra sesión. Que nuestro tiempo es de ellos. Que gracias a la contingencia los docentes debemos estar agradecidos por poder desarrollar nuestro trabajo online. Que es “natural” para las generaciones más jóvenes el uso de la tecnología y herramientas de comunicación digital, además de dar por hecho que todos los alumnos cuentan con equipo y una red para conectarse. Que colocando gel antibacterial en cada aula y separando las mesas de trabajo se logrará ingresar con éxito a la nueva normalidad. Que no podemos reprobar a nadie. Que los alumnos no saben lo que está pasando. Que nadie es esencial.

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Lo que los umpalumpas saben

Que nada será lo mismo. Que se siente uno bien pendejo por no haber aprovechado bien el tiempo en la uni y sobre todo haber perdido tiempo de calidad con los amigos. Que está muy culero pensar en el futuro cuando ni siquiera tienen seguro el presente. Que a su escuela les significan solamente dinero. Que sus papás no tienen ni pinche idea de lo que están estudiando ni mucho menos de lo que realmente deseaban estudiar. Que no es necesario que la escuela dure tanto tiempo. Que es una mamada que cueste tantísimo dinero titularse. Que nadie les habla directo, con la verdad y sin tratarlos como brutos.

Lo que los profesores extrañamos

Sesionar en vivo. Preguntar directo a los ojos y generar debate. Levantar a los chicos de sus lápidas y ponerlos a trabajar fuera del aula. Confrontar a la Institución. Incomodar a las coordinaciones. Poner nerviosos a los dueños de las universidades privadas. Activar a cada umpalumpa que veo sentado enfrente de mí y compartirle procesos, motivarlo a que encuentre un lenguaje propio, obligarlo a preguntarse por todo. 

Nos corresponde a los profesores/guías hacerles entender a los umpalumpas que la fábrica de chocolates estará cerrada por tiempo indefinido, que deben aprender a crear su propia golosina con los materiales que tienen a la mano y, si lo desean, mercar con ella. Que más ahora que nunca necesitamos el ARTE como estrategia de RESISTENCIA. Necesitamos que aprendan a crear un arte sincero, conectivo y autogestivo. Ahí es donde veo la vacuna que nos salvará de esta pandemia.

 

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*Ilustración de portada: Dregiled

 

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Ángel Chánez