Mujeres en la ciencia: invisibilización y falta de perspectiva de género
Las causas de la brecha de género en las áreas de ciencia van desde la invisibilización de las mujeres, hasta la persistencia de estereotipos y el androcentrismo
Por Dafne García @DafneBetsabe2
11 de agosto, 2020
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Tan sólo 17 mujeres han ganado el Premio Nobel de química, física o medicina desde que Marie Curie, fue la primera mujer en obtenerlo en 1903, en comparación con los 572 hombres que lo han recibido, de acuerdo con datos de la Unesco.

Asimismo, según la misma organización, en México, hasta 2019, sólo había un 33% de participación de investigadoras en la ciencia, un porcentaje menor comparado con el de países como Venezuela (61.4%), Guatemala (53.2%) y Argentina (53%). Esto da cuenta de la desigualdad en el campo de las ciencias, que tiene que ver con la discriminación, las normas sociales y las expectativas que impactan en la calidad de educación de las niñas, así como en las disciplinas que estudian.

Para la divulgadora de ciencia, profesora, investigadora y feminista Lilith Tapia Mariscal, la brecha está presente en la academia y va desde las mujeres que estudian carreras en áreas STEM (siglas en inglés para ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) hasta la divulgación científica que carece de perspectiva de género.

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Es así que la científica mexicana habló de la invisibilización del trabajo de mujeres en la ciencia, los factores que influyen en las mujeres a la hora de elegir áreas STEM, y lo que impide que haya una divulgación científica con perspectiva de género, durante la charla “Divulgación científica con perspectiva de género” organizada por Steminist (espacio dedicado a empoderar el feminismo en la ciencia) durante el marco del evento “Mujeres en la ciencia: alzando la voz”.

Las mujeres en la ciencia, históricamente invisibilizadas

Lise Meitner

Lise Meitner / Foto: Wikipedia

Lilith Tapia mencionó durante la charla que, sin duda, las mujeres y su trabajo de investigación han sido invisibilizados a lo largo de los años. Ejemplo de esto es el caso de Lise Meitner, quien se dedicó por 30 años a la investigación de la fisión nuclear, pero su colega Otto Hann (con quien realizó parte de la investigación) fue quien recibió el Premio Nobel de química en 1944.

De igual manera, la química Rosalind Franklin, quien sacó la fotografía 51 del ADN fue invisibilizada en su momento por los científicos Watson y Crick, quienes usaron dicha fotografía sin su permiso y obtuvieron un Premio Nobel en 1962 por ello. Además de que constantemente la criticaban por su “aspecto antifemenino”.

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La científica mexicana, además, señaló que también se invisibiliza a las mujeres en la investigación en el área de medicina. Durante mucho tiempo, esta rama de la ciencia ha tomado como base de estudio al hombre y ha relegado el estudio de las enfermedades que afectan a las mujeres. 

“Una de las enfermedades que sufrimos [las mujeres] es la endometriosis [aparición y crecimiento de tejido endometrial fuera del útero que provoca dolor y quistes], y aún no hay tratamiento efectivo. Actualmente, gracias al movimiento feminista y a algunas compañeras médicas se están encontrando soluciones”.

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Un problema que ha determinado elegir o no áreas STEM

Esta invisibilización a lo largo de la historia ha provocado que haya una falta de referentes en la ciencia para las mujeres, lo que, a su vez, ha influido en el hecho de que niñas y mujeres elijan estudiar y desarrollarse en ámbitos científicos.  

Desde su labor como educadora e investigadora, Lilith Tapia ha identificado cómo se manifiestan las brechas de género en la ciencia. Así, a través de diversos proyectos de investigación, como el de “Ingenieras invisibles”, la académica ha identificado cuatro factores determinantes a la hora de que las mujeres elijan áreas STEM o no. 

El primer factor correspone a la teoría sexo-género. Esta tiene que ver con la socialización diferenciada que tienen ambos sexos, los estereotipos de género, las pocas referentes en la ciencia y los estigmas sociales. 

Tapia mencionó que esto se puede observar en la vida de las mujeres desde una edad temprana, pues “el sistema patriarcal ya está haciendo ahí su trabajo. Tenemos a las chicas siempre en rosa y [haciendo] tareas de cuidado, y los hombres en independencia, con juguetes como motos […] Ellas [por lo general ‘deben’ ir] disfrazadas de princesa, ellos de superhéroes”.

Otro factor es la distribución de los espacios. Tiene que ver con la socialización de género, pero relacionada con las dinámicas en los espacios públicos; esto es, qué lugar se supone que deben ocupar los hombres y las mujeres en la sociedad.

“En España, al hacer una observación de los patios en las escuelas, lo que ocurre es que los chicos están en el centro, ocupando la mayor parte del espacio, y las chicas [están] en la orilla […] Ellos trabajando para crear en espacios más amplios, las chicas en espacios más reducidos con enfoque en la belleza”, agregó la científica.

Un factor más es el lenguaje sexista. Desde el lenguaje que se utiliza, las mujeres somos invisibilizadas y no nos sentimos representadas; ya que “el patriarcado fue filtrándose en el lenguaje hasta hacernos invisibles”, comenta Tapia.

“[Pero] lo que es peor, [es que] hasta lo interiorizamos y vemos normal ocultarnos a nosotras mismas y llamarnos en masculino, haciéndonos ausentes, viéndonos desde los ojos de los hombres”, agrega la científica. Este hecho particular es algo que ve cuando sus alumnas y compañeras de ingeniería se autonombran como científico, astrofísico o físico.

El último factor tiene también algo que ver respecto al lenguaje y los algoritmos machistas. Los algoritmos son opiniones que se convierten en código, y también pueden ser machistas. Estos “tienen un juego importante, [pues] al final son opiniones que se convierten en código y también nos invisibilizan”, mencionó Tapia Mariscal.

Ejemplo de estos algoritmos son los que aparecen en la función de autocompletado del motor de búsqueda Google, de acuerdo con Gisela Pérez de Acha, quien al poner en el buscador las palabras: “Por qué las mujeres…”, el buscador le dio las opciones: “por qué las mujeres gimen”, “por qué se mojan”, “por qué llegan tarde”, “por qué aman a los pendejos”, y más opciones que corresponden a estereotipos de género. 

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Factores que obstaculizan la divulgación científica y estrategias para promover la ciencia con perspectiva de género

Rosalind Franklin es una de las mujeres en la ciencia que han sido invisibilizadas

Rosalind Franklin / Foto: Wikipedia

Frente a este contexto, Tapia Mariscal también se ha dado a la tarea de investigar acerca de qué factores intervienen en la divulgación científica con perspectiva de género. Así, habló durante la charla sobre tres factores específicos que impiden este ejercicio y definió acerca de qué va cada uno. 

El primero de ellos es el negacionismo. Este se da tanto a nivel científico como institucional, y se refiere a negar la existencia de una brecha de género en las áreas STEM; y a creer que no pasa nada si las chicas no están optando por carreras científicas.

Otro de estos factores es el androcentrismo. Se refiere a la tendencia de posicionar la experiencia del hombre en el centro en cuanto a las explicaciones sobre el mundo y los individuos, de manera generalizada. 

Y, por último, está la tecnocracia. Es el sistema político que defiende el predominio del conocimiento técnico por encima de las ciencias sociales, en el ejercicio del poder; es decir, el ser un técnico tiene más valor que ser un sociólogo. 

“Yo investigo en el área tecnológica del hardware, pero también investigo en el área social, y para mí ha sido muy complicado investigar en esa área [la social]; ha sido muchísimo más compleja y, bueno, siempre nos han enseñado a despreciar las áreas sociales”, explica la activista.

Pero, para no dejarnos ante un panorama desolador, añadió que en el trabajo de investigación que ha realizado, ha propuesto una construcción metodológica para incorporar la perspectiva de género en las acciones divulgativas.

Esa metodología se compone de los siguientes elementos:

  • Sensibilización y formación en género
  • Uso del lenguaje no sexista e inclusivo
  • Diseño de acciones divulgativas que no perpetúen estereotipos y roles de género
  • Más referentes y menos estereotipos, creación de una genealogía feminista
  • Análisis de datos de forma desagregada

Esta última se refiere a “la forma de saber lo que ocurre [en las investigaciones científicas, por ejemplo], y de qué forma se discrimina en varios factores de las poblaciones que [se] analizan”, explica Tapia.

Un ejemplo de la importancia de la separación de datos por sexo en las investigaciones, se ve en lo ocurrido durante 2017 en Suecia, donde se descubrió que el protocolo de limpieza de las vías de tránsito en invierno provocaba más caídas y lesiones entre mujeres que entre hombres. Esto ocurría ya que se daba más prioridad a la limpieza de carreteras que a la de aceras y carriles para bicicletas, que eran mucho más utilizadas por mujeres.

Esto fue denunciado por la periodista Caroline Criado Pérez, y gracias a su denuncia de los datos –recabados con una perspectiva de género– ayudó a que los equipos de limpieza decidieran dar prioridad también a las aceras y a los carriles de bicicleta. Así, los accidentes entre mujeres disminuyeron en un 50%.

Por último, durante la charla, Lilith Tapia hizo énfasis en que, “la finalidad de una intervención con perspectiva de género (en este caso a través de la divulgación científica) es producir un cambio que mejore la calidad de vida de las personas”.

*Foto de portada: Freepik

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Dafne García