Homenaje a Gabriela Puente de una admiradora secreta
Por Ámbar Barrera @astrobruja_
27 de agosto, 2020
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“Escribir poesía te va a curar, te lo aseguro”. Con total confianza y una sonrisa pícara que a veces mostraba, Gabriela Puente me dijo eso el día que pensaba faltar a su clase de poesía porque me dolía la garganta y quería ir al doctor. 

Ella tuvo razón. Yo tenía unos 24 años, mucha inseguridad y demasiada intensidad acumulada. Claro que la poesía me curó. 

Con ella, escribir era fácil. Sus clases no eran convencionales. Siempre llegaba con ejercicios creativos y nos recomendaba escuchar música para aprender ritmo en la poesía. Claro, no el ritmo academicista de la poesía dura y pura, sino otro ritmo. Tal vez, su ritmo. 

La primera vez que la escuché leer su poema zum vida me, quedé maravillada. Era toda ella y su performance, su energía y seguridad. 

Ella fue mi primera maestra de poesía y la última. Serían unos tres meses de aquel taller y serían suficientes. Ella me dio la confianza para escribir, para no preocuparme por las formas ni por los límites. 

Yo tenía 24 y era muy tímida. Y aunque fui su alumna, aunque nos vimos diario durante todo un año, pues ella llevaba el ciclo de cine en el IMACP y yo trabajaba ayudando en la subdirección de la misma institución, no me alcanzó la confianza para acercarme más, aunque siempre la admiré de lejos. 

Aún después de dejar de trabajar ahí, era su fan secreta. La encontraba frecuentemente y a duras penas podía saludarla a la distancia. 

Como maestra me cambió la vida. Cuando escribo poesía, sé que todo lo que puedo ofrecer tiene sus bases sobre lo que aprendí con ella.

Le perdí el rastro, y hace un año, se organizó una lectura de poesía en su honor. La curiosidad me llevó al evento y descubrí que Gaby Puente había dejado de ser, de alguna forma, Gaby Puente. Yo no conozco la historia y es por eso que no puedo hablar más que de lo que yo percibí ese día. 

Escuché a muchas personas decir: “vivió como quiso”. Y no lo dudo. Se notaba en sus letras. 

Ese día, le lloré mares, y le escribí algo. Vacié mi corazón ahí y quise que fuera un homenaje. Un texto pensado para leerlo al estilo que ella tenía (o parecido, al menos), así casi sin pausas y con intensidad. Un año después lo comparto, después de la segunda partida de Gaby Puente.

A Gabriela Puente

Gabriela Puente

Foto: Gabriela Puente | Facebook

Llorarte a ti es llorarme a mí

Verte lejos de este mundo, tu presencia sin ser tú, es ver el apocalipsis frente a mis ojos y sé que yo estoy próxima a morir también así, de alguna manera como lo estás tú.

Yo, envenenada de mi propio ego. Tú, envenenada de tanto hedonismo.

Ayer quería llorar hoy quiero reír reír como una loca desquiciada, cuando tus ojos de cristal 

vacíos fueron lo primero que pensé esta mañana y le lloré a mi intensidad, a lo que era, a lo que eras, cuando te conocí.

Ser de luz, ser de sombra… estoy muriendo muero contigo muero con muchos el mundo se acaba.

Se muere mi poesía y me nacerá nueva no como a ti que se te murió la letra se murió la palabra se murió tu hábito de tocar tu cabello y no sé qué tanto se morirá de mí. 

Ahora que ya no estas aquí me arrepiento de no llevarte tan dentro de mí de no haber coqueteado cuando pude de no haberte saludado tantas veces cuando te veía por la calle y sabía que eras tú, irreverente de paso chueco y vestimenta hippie, alzando una y otra vez el cabello de tu frente, dientes amarillos, sonrisa ácida como tú, como tu poesía. Decadencia encantadora.

Ahora que no estás que miré al vacío de tus lagunas cráter que me sonreíste ahora sí como la loca del parque, te agradecí te vertí dos lágrimas pegué mi corazón al tuyo, a tu cuerpo suave casi inexistente. 

Ahora que alguien te viste como muñeca que te pinta las uñas que ya no te comes, las mejillas, polvo en la nariz que ya no está roja de tanta vida de tanto ímpetu de tanta coca… 

Ahora que no estás te quiero en video en dvd, en beta… cada palabra escrita cada foto que me recuerde tu irreverencia tu grotesco y tu furia.

¿Cómo te recupero? ¿Cómo te documento? Cómo me recupero a mí de la culpa de mi idolatría malversada de mi timidez pendeja del error de no seguirte más los pasos…Cómo me recupero a mí, la que está a punto de morir, porque en mi vaso de agua me ahogo me siento sola y todo alrededor se pudre. Dicen que se transforma pero huele mal huele a muerte y se llena de moscas. 

Cómo chingados no sufrirte si la decadencia de mi vida me recuerda tu poesía pero tu poesía es más real que mi vida ahora. Cómo no llorarte poeta si a mis treinta no hice tanta poesía como me prometí, como me inspiraste. 

Y aun así te llevo en los dedos en el oído en el corazón cuando me leo y cuando omito los artículos y cuando me vale madres si es poesía bonita o no, igual escribo igual comparto igual me vacío ahí porque si no me enfermo. Te llevo cuando no quiero ir al doctor porque me dijiste que la poesía lo cura todo. Y creo que eso fue casi cierto para ti, cierto para mí de alguna manera aunque ahora estoy agonizante incluso cuando duermo siento dolor en la boca del estómago que me devora a mí misma mientras como que no me doy cuenta y sueño pesadillas de todo lo que se derrumba en mi vida.

Que vivas en mí siempre, chivita intensa lesbiana fogosa poeta decadente primorosa marciana, de cuernos de alcohol de frenesí de fuego hirviendo la roca… 

Que viva tu voz aguardientosa que ya no usas y recordemos que esta ya es mínimo la segunda vez que mueres pero sigues levantándote y sonriéndonos como que sabes que somos una bola de tibios frente a ti.

 

*Foto de portada: Gabriela Puente | Facebook

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Ámbar Barrera
Periodista, comunicóloga, fotógrafa, feminista y amante del arte.