Trabajo de campo en cuarentena: ética del cuidado, afectividad y objetividad fuerte
Por Espacio Ibero @
01 de julio, 2020
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 Dra. Amaranta Cornejo Hernández

Con profunda admiración y cariño para “mis” estudiantes,

 como dirían ustedes: “ustedes saben quiénes son”.

En ciencias sociales el trabajo de campo es el momento cuando vamos a encontrarnos de lleno con esas realidades que queremos conocer para poder entender si el problema de investigación que nos interesa está ahí, y si se manifiesta de la forma como lo pensábamos. La mayoría de las veces este trabajo nos cambia, no sólo las preguntas que hacemos a la realidad, los presupuestos de análisis, sino la forma misma de ver y relacionarnos con esas realidades, personas y lugares. Maribel Ríos Everardo considera a la actividad en campo como un proceso permanente de devolución con lxs sujetos de investigación porque es un momento y espacio de aprendizaje mutuo, diferenciado, pero recíproco. Así, para quienes hacemos investigación desde las ciencias sociales, el ir a campo es un momento anhelado. Sin embargo, este semestre, investigadorxs y estudiantes de la IBERO Puebla hemos tenido que modificar la forma de hacer estas actividades. En marzo en la universidad se tomó la decisión de trabajar desde las casas, así como suspender toda actividad de investigación que implicara salir de casa.

Con la situación descrita en mente, entre el fin de un semestre y el inicio de otro me fui preparando para acompañar al grupo de estudiantes de la maestría que coordino, quienes entraban a la fase intensiva del trabajo de campo. Algunxs trabajan con personas, grupos u organizaciones fuera de Puebla, incluso fuera del país; otrxs trabajan con personas radicadas en la ciudad de Puebla, o en poblaciones periurbanas. La gran mayoría decidió mantener este trabajo, buscando la forma de establecer relaciones de colaboración a través de diversas de las tecnologías digitales de comunicación. Esto ha significado una profunda reflexión hecha por cada estudiante para ver cómo se posicionan frente a lo que en ciencias sociales llamamos sujetos de estudio. Tradicionalmente en la academia a estos sujetos, en el mejor de los casos, se les considera como informantes, restándole valor al hecho de que aportan su experiencia de vida, su mirada, su memoria, su tiempo.

En las actuales condiciones de distanciamiento físico, lxs estudiantes han podido ver a esos sujetos como personas atravesadas por la misma condición de vulnerabilidad que implica esta cuarentena: enfermarse. Desde ahí, las y los estudiantes hacen investigación sabiendo que construyen vínculos, y no sólo relaciones que les permitan acceder a información que posteriormente analizarían. Cada unx ha ido reconociendo así a la interdependencia como el tejido que nos une, y en el cual el cuidado de unx es el cuidado de lxs otrxs. Aquí, cada estudiante ha ido haciendo consciente esa pauta del cuidado propio y de las otras personas, prefigurando una ética del cuidado como pauta irrenunciable para hacer investigación.

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En aras de este cuidado colectivo, lxs estudiantes han ido desplegando su creatividad como táctica para sostener sus investigaciones. Con esto me refiero a que le han dado usos distintos a dispositivos y plataformas digitales para lograr que esas tecnologías realmente les permitan hacer lo que necesitan, se han ido apropiando de ellas de ciertas formas. De forma paralela han visto que las entrevistas, observaciones y talleres, son mucho más que técnicas a aplicar. Así, han ido reconociendo que las técnicas y tecnologías de y para la investigación social les permiten vincularse y conocer a esas personas que les introducirán y acompañarán a navegar por el problema social que quieren entender y analizar. Han visto también cómo ese distanciamiento físico no tiene que ser social, y han convertido a las tecnologías digitales de comunicación en herramientas para acortar distancias y hacer posibles encuentros.

Foto: Kaitlyn Baker | Unsplash

Todo lo anterior ha estado permeado por un reconocimiento de la vida afectiva como una forma de relacionarse. Cada estudiante ha socializado los estados de ánimo que ha transitado a lo largo de la cuarentena, explicando cómo esto ha afectado su tránsito por la Maestría y el desarrollo de su investigación. El estar en el mundo desde el sentir nos ha permitido aguzar la mirada y el oído, desarrollando así otro tipo de percepción. Hablo en plural porque ahora veo sus investigaciones desde esa mirada específica. Desde los estudios feministas insistimos en analizar cómo lo personal afecta la manera como construimos y analizamos información, que al final de cuentas es la forma como re-construímos realidades sociales.

Al hacer este brevísimo recuente del periplo que transitan “mis” estudiantes pienso mucho en lo que Sandra Harding llama la objetividad fuerte. A diferencia de lo que una ciencia positivista reconocería como objetividad científica, desde la epistemología feminista se han hecho aportes que nos llevan a re-pensar a la objetividad ya no como algo que se basa en una escisión entre quien investiga y a quienes y lo que investiga. Harding habla de conocimiento parciales y encarnados, lo cuales sin duda toman forma a partir de lo que cada persona que investiga vive. En este caso, las y los estudiantes se miran, miran su entorno, miran a lxs sujetos con quienes trabajan, miran su entorno, y desde esa vida afectiva que menciono arriba, se disponen a hacer preguntas, las cuales también les interpelan también a sí mismxs. Sus investigaciones recogerán las distintas voces, reconociéndose a sí mismxs y a sus sujetos como constructores de conocimiento con participaciones diferenciadas, pero en colectivo.

Así, la clave de doble mirada que surge desde la empatía y la reflexividad me ha permitido reconocer a este grupo de estudiantes como mis compañerxs de aprendizaje sobre cómo puede ser hacer campo en medio de una pandemia, sin renunciar al cuidado mutuo y al rigor científico.

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla. Sus comentarios son bienvenidos

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