Medicamentos ya existentes contra COVID-19, soluciones prematuras a una enfermedad que aún se desconoce
La necesidad de un medicamento que ayude al tratamiento contra el SARS-CoV-2 ha llevado a la publicación de múltiples estudios, algunos con rigor científico, otros que se podrían clasificar como meros ensayos preliminares y unos más con información sesgada.
Por Cristian Escobar Añorve @crazo70
07 de julio, 2020
Comparte

A pesar de que, hasta la fecha, ningún producto farmacéutico ha demostrado ser seguro y eficaz para tratar de forma generalizada la COVID-19, de acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, múltiples investigadores y expertos de la salud trabajan a marchas forzadas para que este panorama cambie pronto.

Sin embargo, ya que el nuevo tipo de coronavirus es una enfermedad de la que aún se desconocen varios aspectos, la mayoría de los estudios farmacológicos se centran en la efectividad de medicamentos ya existentes. 

El problema con ello es que debido a la  urgencia por reducir los contagios y defunciones ocasionadas por esta enfermedad, hay investigaciones que han arrojado información sesgada o aún no comprobable.

Por este motivo, LADO B habló con médicas expertas de diferentes latitudes sobre el consumo y efecto de algunos de los medicamentos ya existentes que se han extendido con mayor popularidad –mediante noticias o redes sociales–, y cuya efectividad se ha discutido ampliamente, tanto por la comunidad científica como por medios especializados.

Te puede interesar: Estornuda.me: una plataforma que comunica sobre ciencia con empatía

Particularmente, la Doctora en Farmacología y Toxicología y coordinadora del Departamento de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Medicina UANL, Patricia González Barranco, considera que la decisión de recurrir a tratamientos ya existentes se debe a que el desarrollo de un nuevo fármaco –una nueva molécula que no ha sido nunca empleada para el tratamiento de alguna enfermedad– requiere, habitualmente, años de investigación para garantizar su efectividad y seguridad.

Así pues, te hablamos de algunos de los fármacos que se han hecho populares para tratar el nuevo tipo de coronavirus, así como de las aclaraciones, en cada caso, para reconocer por qué no deben consumirse.

Las especialistas también nos aclararon que, hasta el momento, todo el tratamiento es predominantemente sintomático y ninguno funciona como preventivo para no desarrollar COVID-19, por lo que aconsejan, encarecidamente, no se consuman o compren con esta intención. 

Dexametasona

En marzo del presente año, el Centro de ensayos clínicos The Recovery Trial, de la Universidad de Oxford, realizó un estudio clínico que arrojó como resultado que la dexametasona podría ayudar a detener el daño del sistema inmune provocado por la COVID-19. Desde entonces, múltiples medios han revirado la noticia al grado de que la Organización Mundial (OMS) de la Salud ha tenido que emitir un comunicado para aclarar el uso de este medicamento. Aquí te explicamos los detalles de este fármaco.

Este medicamento corresponde a un grupo de fármacos llamados glucocorticoides, cuya principal función es ayudar a la desinflamación y reducir una respuesta exacerbada del sistema inmunológico.

Por su poder antiinflamatorio o inmunosupresor –regulación del sistema inmune–, se ha visto que en pacientes con una insuficiencia respiratoria severa –que amerita ayuda ventilatoria– y a quienes se les ha administrado la dexametasona, la inflamación del cuerpo se reduce en respuesta al ataque viral. Asimismo, se ha documentado que en una proporción pequeña de pacientes intubados, o que requieren oxígeno suplementario, se ha reducido la mortalidad. 

Sin embargo, la Doctora en Farmacología y Toxicología, González Barranco, recalca que no hay respuesta positiva en pacientes que no manifiestan insuficiencia respiratoria. 

*Aclaraciones:

De acuerdo con la OMS, los glucocorticoides deben ser evitados en pacientes intubados con COVID-19, ya que  se ha visto que pueden ser perjudiciales en casos de neumonía viral y de SARS por influenza. Y sólo deben ser administrados en casos limitados de neumonía grave, previa indicación médica.

La dexametasona no es un medicamento preventivo y tiene efectos adversos que pueden llegar a ser muy riesgosos para personas con diabetes. 

Tocilizumab

Foto: Twitter

El tocilizumab es un medicamento de origen biológico utilizado para tratar diferentes tipos de artritis reumatoide, pero también ha sido utilizado para atenuar efectos de la COVID-19 por su capacidad anti desinflamatoria. 

Uno de sus principales usos es para el tratamiento de la tormenta de citocinas en caso de que sean desencadenadas. Esta tormenta es ocasionada cuando la actividad inmune de un organismo no puede controlarse –debido a la sobreabundancia de la proteína citocina–, entonces las células inmunes se propagan más allá de las partes infectadas del cuerpo y comienzan a atacar tejidos sanos, devorando glóbulos rojos y blancos. 

Hasta el momento la evidencia es débil, pero se están efectuando estudios clínicos fase 2 y 3 alrededor del mundo para comprobar si este medicamento representaría una ventaja terapéutica real respecto a la terapia estándar o convencional. 

*Aclaraciones:

En el caso específico de pacientes con el nuevo tipo de coronavirus preocupa, precisamente, el estado inmunosupresor que provoca el tocilizumab, que es bastante potente –lo que se requiere para lograr el efecto terapéutico deseado–, pero que favorecería la aparición de algunas infecciones bacterianas que pudieran empeorar la condición de los pacientes, llevando a un incremento en neumonías bacterianas, sepsis, entre otras infecciones. 

Remdesivir

Foto: Twitter

El remdesivir es un fármaco antiviral creado inicialmente para combatir el ébola en 2013. Sin embargo, al no dar los frutos deseados, fue reconvertido como tratamiento para otros virus SARS. 

De acuerdo con Thalía García Téllez, Doctora en Infectología por la Universidad de París VII Denis Diderot y Coordinadora de Colaboraciones Científicas Mexicanas, este medicamento busca controlar la infección del SARS-CoV-2 en una primera etapa. 

Dicho fármaco inhibe específicamente la ARN polimerasa, una enzima necesaria en la replicación de ciertos virus. Y debido a que el virus del SARS-CoV-2 y el ébolavirus son clasificados como virus ARN, esto es, ambos necesitan la ARN polimerasa como parte de su ciclo de replicación, el remdesivir pretende, como mecanismo de acción, inhibir a esta proteína.

También puedes leer: Muertes por COVID-19 al interior del estado, asociadas a marginación históricas

Así, algunos estudios, como el publicado por The New England Journal of Medicine, han mostrado que el uso de remdesivir en pacientes con COVID-19, durante un periodo de 15 días, reduce el tiempo de recuperación. 

De igual forma, la compañía Gilead, creadora del medicamento, anunció a principios de junio los resultados de un ensayo clínico en el que se describió un beneficio “modesto” en pacientes leves de COVID-19 a quienes se les suministró remdesivir por 5 días.

*Aclaraciones: 

Actualmente la OMS está realizando ensayos provisionales supervisados por el Comité Mundial de Seguridad para aprobar o no el uso de algunos medicamentos en pacientes con COVID-19, entre ellos se encuentra el remdesivir. 

Ivermectina

Después de que el sitio Antiviral Research publicara un supuesto estudio dirigido por el  Biomedicine Discovery Institute (BDI) de la Universidad de Monash en Melbourne (Australia), en el que informaba que la ivermectina –un antiparasitario, de uso veterinario que, en determinadas dosis se administra en humanos– se utilizó con éxito in-vitro para el tratamiento del SARS-CoV-2 en células infectadas, múltiples medios replicaron la noticia basada en un estudio de poca rigurosidad.

Ante esta situación, la Organización Panamericana de la Salud compiló una base de datos de evidencia de posibles terapias para COVID-19, para la cual se realizó una revisión rápida de todos los estudios de este medicamento. 

La revisión concluyó que los estudios sobre ivermectina tenían un alto riesgo de sesgo y muy poca certeza de evidencia para llegar a conclusiones de su beneficio. 

*Aclaraciones:

De acuerdo con la Doctora en Infectología, García Téllez, los datos que se tienen actualmente sobre el uso de ivermectina para combatir el COVID-19 son escasos y no representan ningún indicativo de su funcionamiento en humanos.

“Lo que pasa con la ivermectina es que se hizo un cultivo, en laboratorio, de células infectadas con SARS-CoV-2 y se expusieron a ivermectina. Después de 48 horas ya no había tantos virus en la célula. Eso es todo lo que se tiene, son todos los datos. Y esto, de ninguna manera es un indicativo de que los medicamentos puedan funcionar en humanos o que efectivamente elimina al virus de un organismo”.

Sobreinformación, un problema también ya existente

La constante aparición de artículos científicos no es algo nuevo. De acuerdo con Beatriz Baselga Cervera, Doctora en Microbiología del medio acuático por la Universidad Complutense de Madrid e investigadora afiliada en University of Minnesota-Twin Cities, desde hace más de cinco años la comunidad científica sufre de una “sobreinformación”. 

“La carrera científica, en gran medida, se basa en estar al día de los avances científicos de tu área de conocimiento. Un científico promedio dedica al día varias horas en leer artículos. Este problema ya existía antes del COVID-19. Está causado por el aumento de los grupos científicos y de las revistas, que nos han llevado a una situación de publish or perish [publica o perece, por su traducción]. Es decir, si no publicas mucho y en revistas de impacto, no eres competitivo”.

Por otro lado, la Doctora en Farmacología y Toxicología, González Barranco, comentó que todo estudio de investigación, básica o clínica, que tiene que ver con esta nueva enfermedad, ha sido manejado de forma abierta y sin retraso dentro de la comunidad científica, con la intención de tener disponible la evidencia más actual.

Te puede interesar: Centro Médico Virtual, una opción para suplir el déficit de especialistas que atienden pacientes de COVID-19

El resultado de esto, en muchos casos, ha sido la difusión de múltiples publicaciones y artículos en relación a estudios sobre COVID-19 que no se revisan lo suficiente o que carecen de rigor científico. Y dichos estudios deben ser evaluado constantemente por la OMS mediante ensayos clínicos sobre tratamientos de COVID-19.

Por ello, tanto González Barranco, García Téllez y Baselga Cervera, recomiendan evitar la automedicación, y más aún ante una enfermedad como el COVID-19, para la que constantemente se siguen realizando pruebas y estudios sobre medicamentos que puedan resultar efectivos frente al virus, o beneficiosos para mitigar la sintomatología de la enfermedad.

Suscríbase al boletín COVID-19 de la Alianza de Medios de la Red de Periodistas de a Pie.

*Foto de portada: Twitter

Comparte
Cristian Escobar Añorve