La oposición necesaria
Por Fernando Montiel @FMontielT
14 de julio, 2020
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1. La oposición

La oposición es necesaria. Cualquier régimen que aspire a ser democrático la requiere con voz, con voto, con peso, presencia y poder.

¿Hay oposición en México? Sí, sin duda, y es grande, pero su problema es que es torpe, iracunda, está desarticulada y las voces de sus mejores cuadros se ahogan ante los gritos de los peores, y es esa su perdición. Aquéllos quienes de entre sus filas podrían erigirse como pilares para reconstruir una alternativa al poder, a su presidente, a su partido y sus seguidores son sepultados entre los tumbos, los ridículos y las rabietas de sus compañeros de lucha, quienes confunden importancia con estridencia.

Esto no es bueno para nadie: ni para los opositores, ni para la sociedad, ni para el país y tampoco para el régimen. Para volver a ser importante la oposición necesita dejar de hacer lo que ha estado haciendo hasta hoy, enmendar y hacer las cosas bien.

2. Mezquindad

¿Qué ha hecho mal la oposición? En primer lugar, hacer de su mezquindad un espectáculo público, vergonzoso, del que cualquier mente sensata buscaría poner distancia.

La denuncia y sensibilidad actual contra males históricos como el racismo, el clasismo y el elitismo debe mucho a los despliegues de miseria humana que curiosamente hacen sentir orgullosos a los opositores, quienes, increpados, gritan a voz en cuello: “¿Qué por qué traigo buen coche a la marcha? ¡Porque yo si trabajo, pinche obrero jodido!”.

Expresiones así en sus mil presentaciones son algo ya común, visto y documentado ahí en dónde se expresa públicamente la oposición. El problema no está sólo en la expresión, sino en su impacto: en la oposición pareciera existir un tipo de ceguera o indolencia que les impide ver algo mal ahí, sus palabras de desprecio no sólo no les provoca vergüenza, sino que les causa gracia, y a los peores de entre ellos les provoca incluso orgullo. 

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¿Qué hay ahí? Lo que hay ahí es una mentalidad que ya perdió la capacidad de distinguir y de contenerse. Andrés Manuel López Obrador habla de adversarios, nunca de enemigos, porque entiende la diferencia: con el adversario se disiente, al enemigo se le extermina.

La oposición y sus cuadros más visibles –que no por ser los más visibles son también los más capaces- no entienden esta diferencia: hay periodistas que han invitado al magnicidio del mandatario, los hay también quienes, sin freno, han hecho suyo el ataque a su familia, mujer e hijo del mandatario. Y eso que son el sector letrado, el articulado, el intelectual, el sector pensante de la crítica, ese que en principio debería de entender de política y de diferencias de opinión. ¿Cómo serán los demás? Son más salvajes: cuando se expresa de forma directa exuda crueldad, sadismo y regocijo con cada maltrato a la mujer y al niño del que consideran su enemigo. No tienen límite y han perdido ya la conciencia y la humanidad: eso, ojalá muera López Obrador, eso, ojalá ofendan más a su mujer, eso, ojalá humillen más a su hijo… 

Esa oposición no sirve para ningún bien general. Pero es útil, sí, para hacer juego a la polarización a la que ha invitado el régimen y consiguiendo con ello radicalizar a la sociedad. No lo ven y no lo saben, pero es una trampa pues la polarización por definición es favorable a las mayorías.

Con cada una de sus expresiones infames, esos “obreros”, esos “jodidos”, esos “prietos”, esos “indios” y esos “nacos” que tanto desprecio les causan aterrizan por miles ahí en donde sienten un lugar con dignidad: cerca del presidente, de su partido, de sus simpatizantes: la casa gana.

3. Ignorancia

¿Qué otra cosa más hace mal la oposición? Lucir su ignorancia. Resulta sorprendente la cantidad de opositores que ven el mundo en términos de capitalismo-comunismo como si el último medio siglo hubiese pasado en balde y como si la inmensa mayoría de los gobiernos del mundo no fueran gobiernos mixtos con mezclas intermedias de varios tonos. Los hay centristas, verdes, socialdemócratas, demócratas cristianos y hasta “socialistas de mercado” de mil matices, tonos y variantes.

Pero para la oposición nada de esto es real, para ella vamos “Comunismo”, un término que usan mucho y del que han leído muy poco por no decir nada. No entienden que una cosa es tener una posición económica privilegiada y otra tener un alto nivel de cultura general.

A ellos les resultaría sorprendente saber que en la London School of Economics de la Universidad de Londres, estudiar marxismo es una obligación en al menos el 30% de la currícula del grado de Licenciatura en Política y Relaciones Internacionales.

En realidad, si se le juzga por sus actos y sus palabras, a casi un cuarto de camino del siglo XXI la oposición tiene, en lo que toca al marxismo, al comunismo, al socialismo, al Manifiesto Comunista y al El Capital, un conocimiento y cultura general idéntico al que tenía el párroco de San Miguel Canoa, Puebla, cuando en 1968 convocó a los habitantes para linchar a un grupo de trabajadores de la Universidad del Estado -que estaban ahí de paso para escalar la Malinche- acusados de “Intentar traer el comunismo al pueblo”.

Son ignorantes, sólo que no lo saben.

4. Frivolidad

Dicen buscar el bien del país y de la sociedad, pero pareciera que lo dicen porque eso es lo que hay que decir. Su violencia verbal resta a su sinceridad, no se asoma ahí amor a una causa ni convicción de largo aliento.

De hecho, si hay una convicción profunda más allá del interés inmediato, de la mezquindad o de la ignorancia, no se ve, no se siente. No se distingue en las filas un ideal sincero, y sin el ideal, mucho menos se distingue disposición a la abnegación, a la “brega de eternidad” o incluso, al martirio.

De hecho, en lugar de esa flama interna que sirve como brújula y motor y de la que nace la mística del servicio y de la acción no hay más que frivolidad, una frivolidad que de tan flagrante es ofensiva.

Salir en autos aclimatados no les ayuda en un país que trabaja y marcha bajo el rayo del sol; lavar sus coches y lucir sus ropas para manifestaciones que sólo llegan hasta donde llega el pavimento se ve mal en un país de gente pobre; “hacer política” con su racismo y clasismo en la seguridad de las redes se ve mal en un país que sufrió la crueldad de la guerra sucia: ¿cuántos de ellos estarían dispuestos a enfrentar a la Brigada Blanca o a la Dirección Federal de Seguridad por sus ideales? Y es en este aspecto en el que tal vez resulta mayor su deuda con la sociedad: los referentes de compromiso político en este país, independientemente de que se simpatice con las causas que defendieron hasta la muerte o no, son altos, muy altos.

5. La oposición necesaria

Por su propio bien la oposición necesita dar lugar, hacer eco y proteger a los moderados de sus filas. Detectar a sus cuadros más valiosos, esos que son articulados y combativos, dialogantes, sensatos, firmes y respetuosos, esos que abrevan de las mejores tradiciones de la lucha política y civil, de izquierda y de derecha.

México necesita una oposición que se nutra de la copiosa historia nacional: de Salvador Nava sí, y también de Heberto Castillo; una oposición alta de miras, que recupere el espíritu de la militancia por ideales, que salga del estercolero de la mezquindad, de la ignorancia y de la frivolidad; una oposición que sepa argumentar, que sepa proponer, no para ganar la discusión sino para construir un proyecto común con los diferentes, una oposición que sepa distinguir a las personas, que sepa respetar su humanidad, que sepa escuchar y defender sin ofender y que sepa, en suma, ver adversarios en lugar de enemigos.

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Fernando Montiel
Es profesor, analista y consultor en temas de prevención de la violencia, manejo de conflictos y construcción de paz. Es representante de Transcend para América Latina y autor de los libros Días Violentos: 77 imágenes del conflicto en el siglo XXI...