Get In (Furia), la otra cara del home invasion
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
09 de julio, 2020
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El subgénero del home invasion, aunque amado por unos y odiado por otros, fue construido por una simple pero poderosa razón: hacerte ver que no estás seguro ni en tu propia casa. Instaurar un escenario tan íntimo; tan nuestro y familiar, porque “no hay lugar como el hogar”, y de repente volverlo un auténtico infierno. El lugar más inseguro en la faz de la Tierra.  

Y de ahí que el horror, a través de sus transgresoras propuestas, aprovechase el concepto a su manera, ofreciéndonos historias sobre un grupo de desconocidos irrumpiendo en la tranquilidad de tu hogar con el fin de obtener a la fuerza un bien en específico: dinero o venganza. Aunque esto último puede variar. 

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Ya sea con un À l’intérieur (2007) de Julien Maury y Alexandre Bustillo sobre una extraña mujer que intenta arrebatarle el hijo a otra chica encerrada en su casa por motivos personales. O con un You’re Next (2013) de Adam Wingard sobre un grupo de hermanos y su elaborado plan para quedarse con la herencia familiar a costa de la vida de algunos cuantos integrantes. 

Pero también existen otros que llevan el subgénero más allá y no solo lo reducen a una simple narrativa. Como Michael Haneke y su portentosa Funny Games (1997) por ejemplo, que al igual que hacía el mismísimo Stanley Kubrick con A Clockwork Orange (1971), pretendía responder a la pregunta: ¿por qué un desconocido entraría a tu casa? Con otra pregunta: ¿Y por qué no? Hacer de la apología de la violencia una suerte de crítica social hacia al propio capitalismo.  

Que estos desconocidos tengan como único propósito ser crueles verdugos del sistema y de todo aquel que pertenece a él. Que de pronto los asesinos o los psicópatas invasores no tengan como propósito quedarse con la riqueza o vengarse por algún motivo… sino solo disfrutar el ser la figura que castigue al que se encuentra allá arriba. 

El home invasion, damas y caballeros, por alguna extravagante razón, también ha servido como un interesante discurso de protesta a la hora de abordar el peliagudo tema de la lucha de clases. O de algunos males sociales que pueden parecernos poco evidentes. 

En Don’t Breathe (2016) de Fede Álvarez, se usó a manera de denuncia hacia los evidentes problemas económicos, como de impunidad o inseguridad que siempre ha enfrentado la ciudad de Detroit -como señalaría Robocop en 1987 pero a través de la ciencia ficción- con una simple pero efectiva trama: tres jovencitos de clase baja dedicados al robo de casa-habitación para salir de su situación económica. Pero invirtiendo el papel del rico siendo atormentado por el pobre, en una excelente vuelta de tuerca que logró innovar el subgénero a su manera.  

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O la propia Parasite (2019) de Bong Joon-ho que, en su labor de generar esta nueva y estridente protesta a la lucha de clases, como una suerte de radiografía a los males sociales y al estrés psicológico del siglo XXI, generalmente se olvida que estos denominados “parásitos” de clase baja introduciéndose como pueden en el hogar de los más ricos, hacen que la película del surcoreano sea tal vez -solo tal vez- otra versión interesante del home invasion

Así es, tanto Parasite (2019) como Don’t Breathe (2016) se han vuelto ya propuestas innovadoras que en los últimos años han cambiado las reglas de este desgastado subgénero para bien, y no solo como un recurso barbárico de violencia y de horror, sino de crítica y de denuncia. 

Y eso es justo lo que intenta demostrarnos también Olivier Abbou con su interesante Get In / Furia (2019) -una película francesa con producción original de Netflix-: hacernos testigos de una nueva y extravagante cara del home invasion que ya no se sirve solamente de tramas básicas sobre desconocidos enmascarados entrando a la fuerza por dinero o asuntos personales -aunque sí que lo tiene- sino también de problemáticas sociales que ocurren todos los días. 

En este específico caso: el movimiento okupa. Que no es otra cosa más que la acción radical de ciertos individuos que apoyan y defienden la idea de ocupar locales o viviendas deshabitadas y hacerlos suyos a la fuerza ya sea de forma temporal o definitiva. Y con ello burlar la ley a través de los huecos de la justicia en este mundo podrido lleno de impunidad.  

Recordad aquella película argentino-francesa de Leonardo Di Cesare, Buena vida – Delivery (2004) que retrató este mismo problema de manera más tragicómica. Sobre cómo un joven mesero consigue rentarle una habitación a una pobre chica desamparada hasta que ambos terminan enamorados. Lo que hará que la mujer aproveche la situación e irá metiendo a toda su familia poco a poco hasta adueñarse de la casa y convertirse en una suerte de “parásitos”. 

Pues bien, la película de Olivier Abbou hace lo propio, pero basándose ahora en un acontecimiento real ocurrido en Francia -con elementos probablemente alterados a favor del entretenimiento- y conseguir armar así una suerte de thriller con tendencia al home invasion de lo más curiosa y extravagante. 

Porque si de cambiar las reglas hablamos, Get In (2019) al igual que Don’t Breathe (2016) de Fede Álvarez logra deshacer la premisa base de Michael Haneke sobre “los verdugos del capitalismo” y construir una nueva vertiente en la que “adueñarse o invadir un territorio” de pronto adquiere poderosas dimensiones. Esta vez enfocadas en la nula eficacia del sistema legal europeo y en la furia -como fue traducida al español- de un individuo por recuperar lo que es suyo cuando la justicia le falló.  

¡Pero ojo que esto no es tan predecible como parece! Lo que en un comienzo podría definirse como una película enfocada en la clásica premisa de “el hombre vs el mundo”; “el hombre vs el sistema”, en una referencia a Falling Down (1993) de Joel Schumacher cuando “hacer lo correcto no funciona”, pronto terminará torciéndose hasta explotar los diversos elementos que podría ofrecer el propio home invasion. Jugando con este concepto hasta que se vea duplicado desde distintas perspectivas. 

Por un lado, tenemos a una familia que, tras volver de unas largas vacaciones, termina siendo desterrada de su propia casa cuando la niñera de su hijo se adueña de ella; y por el otro, el intento desesperado de los primeros por recuperarla. Aunque de forma legal, después personal… fungiendo ahora como los invasores de los propios invasores. Lo que engendraría así otra clase de invasión de hogar. 

Get In (2019)

Still de Get In (2019) / Foto: Netflix

Get In (2019) es una película que funciona desde dos concretos pero interesantes rubros. Tanto es una cinta contestataria diseñada para develarte las flaquezas e ironías de algunos sistemas a la hora de resolver este tipo de problemas… como también podría considerarse una película de horror y violencia sin límites como no te puedes imaginar.  

De hecho, es extremadamente curioso notar esta transición de estilos. Primero, la historia intenta sumergirte en un drama reflexivo de prejuicios y empatía sobre cómo los otros perciben la situación; sobre cómo el padre de familia es constantemente acusado de débil o ineficiente por no hacer algo al respecto. Y a todo esto añadamos de que se trata de un afrodescendiente. La culpa, el racismo, la injusticia y el dolor irán construyendo en él una suerte de furia que veremos reflejada para el resto del clímax.

Un clímax que, debo decirles, se ha convertido en lo más impactante que he visto en los últimos diez años en cuanto a películas de este subgénero. Y es que luego de ese halo reflexivo y de crítica social la película, para sorpresa de la mayoría, termina convirtiéndose en un tributo al cine de terror. 

Tanto que podemos ver una extensa influencia de John Carpenter, con personajes enmascarados que siempre regresan, como el mítico Michael Myers de Halloween (1979); hasta una linda probadita al home invasion tradicional con ciertos ecos al Nuevo Extremismo Francés que a nivel de violencia y efectos especiales, tanto recuerdan el desquiciado À l’intérieur (2007) como probablemente también al inquietante High Tensión (2003). 

No obstante, también tengo que decirlo: con una innovadora dirección y un estrambótico montaje, a veces recurriendo a grandiosos planos secuencia para generar suspenso o la música techno de los 80s para ambientar la atmósfera, Get In probablemente haga levantar la ceja a los menos conocedores. Pero a favor de ella yo brindo, porque termina siendo una propuesta arriesgada y funcional. Lo único que me interesa. Lo único que busco.  

Lo mismo para los actores franceses Adama Niane y Stéphane Caillard, quienes interpretan a esta pobre pareja que sufrirá las inquietantes consecuencias del mismísimo home invasion. Impactante y a la altura. Es posible sentir la desesperación, el odio y la intensa furia que están viviendo tan solo con una simple mirada. Además, que no serán los mismos que al comienzo una vez que la película termine. Excelente desarrollo de personajes. 

Construida de tal forma que el desenlace sea todo lo opuesto que sus primeros minutos, a favor del factor sorpresa, tan impredecible como fuera de serie, se ha vuelto ya una de las mejores películas de denuncia dentro del género de horror contemporáneo. Atrevida y asfixiante, sabe cumplirte tanto en el rubro reflexivo como el escabroso y hasta violento.

Get In es algo así como la otra cara del home invasion: una revolución total del concepto -cansino y desgastado- en pos de nuevas como gloriosas experiencias. ¡Encantadora sin lugar a duda!

Sinopsis: 

Durante las vacaciones de verano, Chloé y Paul Diallo prestan su casa a la niñera de su hijo. Al regreso de su viaje, la familia Diallo encuentra la puerta cerrada: han cambiado las cerraduras y los ocupantes declaran estar en su casa. Para Paul, es el comienzo de un combate que va a hacer cambiar su pareja, sus valores, su manera de ser.”

 

*Foto de portada: Still de Get In (2019) / Foto: Netflix

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com