Decisiones y rectificaciones para el desconfinamiento
Por Juan Manuel Mecinas @jmmecinas
14 de julio, 2020
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El gobierno federal decidió dejar en manos de los gobiernos locales las medidas y la determinación de los tiempos para el desconfinamiento. A eso le llamó la Nueva Normalidad.

Si bien no todos entendieron que en esa Nueva Normalidad el semáforo rojo significaba continuar en casa, y que solo las actividades esenciales se pudieran desarrollar, también es cierto que el entendimiento no es suficiente cuando la economía de muchas familias mexicanas no da para más.

Entre la falta de entendimiento y la ausencia de ingresos, la consecuencia es una situación en la que el desconfinamiento sin control es una realidad. Nuestra situación actual refleja un problema de décadas de desigualdad e informalidad en el trabajo de los mexicanos.

Quien no lo quiera entender está circulando por el carril de la demagogia, que encontrará en Gattel al chivo expiatorio perfecto no solo por las decisiones erróneas tomadas a raíz de la pandemia, sino de cuarenta años de abandono del sector salud.

El desconfinamiento se trataba de un ejercicio que aconsejaba prudencia y decisión en la toma de decisiones. Lo primero, para no eliminar las medidas de confinamiento cuando no fuese conveniente; lo segundo, para tomarlas cuidando la salud y el bienestar de la población.

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Sin embargo, los gobiernos locales han hecho poco al respecto y el resultado es un país en el que ahora mismo no hay una acción coordinada.

Algunos estados que ya habían pasado a un estado de desconfinamiento mayor (color naranja del semáforo epidemiológico) han retrocedido y han vuelto a la situación más extrema de aislamiento, que no deja de ser una invitación a quedarse en casa.

La etapa del “Quédate en casa” fue exitosa si se atiende a la movilidad. Aunque habría que acotar: fue un éxito que duró hasta la segunda quincena de mayo. Se logró que una buena parte de la población se mantuviera en sus casas durante 7 semanas, lo cual no fue malo. Pero de eso ya hace dos meses y el gran problema para el Estado mexicano es precisamente lo ocurrido durante ese lapso.

El gobierno federal se equivocó: la decisión de dejar en los gobiernos locales el desconfinamiento se hizo pensando en que lo podían hacer, pero los gobiernos locales no quieren tomar decisiones (porque piensan en términos electorales) y tampoco son capaces de hacerlo (su infraestructura es muy frágil). La realidad es cruenta: los gobiernos estatales son grandes sanguijuelas que viven de lo que disponga el gobierno federal y en su mayoría son gobiernos que se conforman con ser corchos en la mar. Y así sobreviene el caos.

A juzgar por los números, la nueva normalidad ha tenido más descalabros que aciertos. El gobierno federal no gana nada en negarlo. Bien le valdría reconsiderar sus decisiones: volver a tomar el mando total de las medidas de confinamiento y que los gobiernos locales sean ejecutores y no decisores, porque, de lo contrario, el caos seguirá y con él las muertes.

Parece improbable volver a confinar a todos con un simple “quédate en casa”. En cambio, se puede llevar a cabo una supervisión para que se tomen las medidas de sana distancia y se cuide al máximo la salud de los ciudadanos en sus centros de trabajo y en el trasporte público.

Ahora mismo, la ciudadanía está dejada a su suerte y los gobiernos federal y locales miran impávidos un espectáculo mortal donde los más afectados son los grupos con mayores carencias: los grandes desamparados de tirios y troyanos; los olvidados.

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Juan Manuel Mecinas
Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.