De Italia a China: Historias desde la nueva normalidad (Segunda entrega)
En esta entrega, dos de las historias provienen de países que, en algún momento, fueron epicentros de la pandemia por el nuevo coronavirus.
Por Marcos Nucamendi @MakoNucamendi
26 de julio, 2020
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“En China normalmente no tiendes a hacer preguntas, y mucho menos a tener respuestas concretas”, cuenta Alexandra, una poblana que ha pasado los últimos cinco años de su vida en una ciudad de la provincia de Jiangsu, a escasas seis horas de Wuhan -el origen de la pandemia-.

Las explicaciones sobre lo que entonces se presentaba como un “virus desconocido”, relata, nunca fueron inmediatas ni satisfactorias, siempre se administraron con cautela. Más rápido recibiría la instrucción de quedarse en confinamiento en las residencias de su universidad, a finales de enero –con otras 80 personas–, que una aclaración sobre lo que estaba pasando. 

Esta incertidumbre informativa, sin embargo, poco se compara con las secuelas emocionales que aparecerían dos meses más tarde, al reanudarse las actividades en Nanjing -capital de Jiangsu-. 

La gente, recuerda Alexandra, lloraba y rogaba por salir, pero cuando por fin se levantó el confinamiento, las reglas de convivencia habían cambiado: “Mis amigos [ya] me venían a ver [al campus] pero teníamos que platicar de un extremo a otro, porque ya no podíamos hablar como antes, de cerca. Fue ahí cuando comenzamos a buscar ayuda psicológica”.

En entrevista para LADO B, personas originarias y residentes de diferentes países asiáticos y europeos nos comparten sus historias: un vistazo a cómo se vive lo que en México se ha denominado oficialmente, la “nueva normalidad”. En esta segunda y última entrega tenemos a China, Italia, Tailandia, Grecia y España, alguno de los países que, en un momento, fueron epicentros de la pandemia. 

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Dimitra Kannavou, Atenas (Grecia)

Tres meses desde la primera ola; ligero aumento de casos a inicios de julio

Foto: Cortesía

“Aquí en Grecia las cosas están mejor que en el resto de Europa, en lo que se refiere al número de casos, así que eso nos tiene un poco más optimistas y tranquilos. Lo que sí nos tiene muy preocupados es la economía, eso sí nos causa mucho más estrés e inseguridad [que la propia pandemia]”.

Existe una vieja canción griega, recuerda Dimitra, llamada “Acuario” –del músico Nikos Papazoglou– y que, para ella, refleja adecuadamente el sentir actual de la gente: “Todo a su alrededor cambia / y todo sigue igual”.

Se refiere al estado perpetuo de fragilidad económica del que Grecia no ha podido salir desde 2009, cuando explotó la crisis de la deuda europea. “Apenas salíamos de una grave crisis económica y el golpe del COVID fue suficiente para recordarnos esos días tan difíciles”, dice respecto a la incertidumbre laboral con la que se vive a pesar de la reapertura.

Dimitra ha retomado su rutina desde hace ya algunos meses, entre viajes en transporte público para llegar a la oficina, caminatas por el centro de Atenas y salidas a bares, restaurantes y cafés con sus amigos.

Sin embargo, siempre hay algo que la vuelve a poner en contexto, que le recuerda que nos encontramos en medio de una pandemia. En su caso, la ausencia obligada de ‘simples’ pero significativas muestras de afecto:

“Veo a mis amigos, pero ya no nos podemos dar besos o abrazos. No podemos compartir comidas o bebidas, lo que es muy usual en la cultura griega. Incluso cuando visité a mis padres después de cuatro meses, un momento muy conmovedor, no pude siquiera tocarlos”.

Lo único bueno de todo esto, explica Dimitra, es que el gobierno se ha tomado con mayor seriedad las carencias históricas del sector salud, con un programa para la construcción de más unidades de cuidado intensivo hasta el mes de octubre. Aunque esta decisión, dice, está también relacionada con la reciente apertura al turismo regional. Por lo que, la inminente llegada del invierno podría volver a poner bajo presión al sistema nacional de salud.

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Mari Carmen, Bangkok (Tailandia)

Cuatro meses desde el pico de contagios; los nuevos casos registrados son importados

“El gobierno cerró absolutamente todo el comercio [durante la cuarentena]; nada estaba abierto a excepción de farmacias, supermercados y bancos […] Aquí en Bangkok, se ordenó el toque de queda […] y si te encontraban en la calle –después de las diez de la noche– las sanciones iban desde una multa hasta la cárcel.”

Aunque Tailandia fue el primer país después de China, en registrar casos confirmados de COVID-19 –el 13 de enero–, el gobierno implementó medidas sanitarias estrictas hasta finales de febrero, cuando se empezaron a reportar centenas de muertes diarias en España e Italia, cuenta Mari Carmen. Y así estuvieron hasta inicios de junio, cuando el comercio reinició sus actividades. 

Foto: BASE Bangkok

A pesar de los tres años que lleva viviendo en Tailandia, la mexicana confiesa que lo primero que sintió cuando se dio por terminada la cuarentena fue miedo, al igual que el resto de las personas, pues no estaba segura de que el toque de queda, ordenado de forma súbita, con severidad y sin excepciones, se hubiera levantado del todo.

Salvo por los bares y antros que continúan cerrados, así como el turismo internacional que sigue restringido, la nueva normalidad se impuso con el paso de las semanas en todo el territorio nacional.

“He de decir que no esperaba que la respuesta del gobierno fuese de esta manera [tras la cuarentena], para mí ha sido un shock”, dice Mari Carmen al enlistar una serie de medidas sanitarias difícilmente replicables en otros países: registros de visita obligatorios en tiendas de autoservicio –a través de códigos QR–, luces ultravioleta que limpian los barandales de las escaleras eléctricas de los centros comerciales, y hasta robots que te miden la temperatura y hacen sonar una alarma si no traes puesto un cubrebocas.

Foto: Siam Piwat

El choque cultural, explica, viene no sólo de la estrategia gubernamental para mitigar los contagios, sino de la propia gente, que no suele darse la mano, tocarse la cara o saludarse con un beso; para saludar a una persona, por ejemplo, basta juntar las manos y hacer una reverencia.

Esto sin mencionar que el uso del cubrebocas, hasta para cuestiones meramente estéticas, está ampliamente difundido en Tailandia: además de servir como filtro de los altos niveles de contaminación, suelen utilizarse para prescindir del maquillaje, ocultar el cansancio o incluso hacer juego con el resto de la indumentaria personal. 

A decir de Mari Carmen, estas pequeñas diferencias son las que contribuyen a que el total de casos acumulados, al 26 de julio, se mantenga por debajo de los tres mil 300. 

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Chiara Molinero, Bérgamo (Italia)

A finales de marzo, registró 919 muertes en un solo día; pocas muertes y contagios desde mediados de mayo

La región de Lombardía, donde se encuentra Bérgamo, se convirtió en su momento en el símbolo de la tragedia. Las imágenes de las caravanas de camiones militares cargados con féretros que debían ser cremados en otros lugares por falta de espacio, advirtieron lo que pasaría en otros países si no se ordenaba el confinamiento domiciliario, y si no se paraba en seco toda actividad no esencial. 

Foto: Super Bergamo

Casi cuatro meses han transcurrido desde entonces, pero ni los familiares de las personas fallecidas ni los habitantes de esta región, como Chiara Molinero, olvidan que existen responsables, y que es necesario conocer la verdad detrás del manejo de la crisis sanitaria.

Unas 300 empresas localizadas en la periferia de Bérgamo, relata, siguieron operando aún en el momento más brutal de la pandemia; los pueblos de Alzano y Nembro, donde se encuentran instaladas, fueron declarados como zonas rojas o de alto riesgo de forma tardía, a pesar de lo que esto suponía para miles de trabajadores y sus familias.

Un proceso judicial ya se encuentra en curso por estas anomalías, aunque para Chiara, así como para otras personas, la respuesta es evidente: los grandes intereses económicos de la región presionaron para que la industria siguiera funcionando sin mayor problema, una lógica de mercado que ahora, en plena reapertura, vuelve a manifestarse.

“El virus no ha desaparecido de la ciudad, de la región, pero lo que más me inquieta en este momento es el hecho de que la clase política haya decidido abrir todo lo que concierne a los espacios comerciales, mientras que los espacios culturales (las bibliotecas y las universidades) continúan cerrados”.

El control policial y militar que trajo consigo el confinamiento, por otro lado, todavía es evidente, dice Chiara, quien nunca en su vida había visto tantos helicópteros surcar el cielo de su pequeña ciudad, y a quien le irritan, especialmente, las prohibiciones que aún se mantienen para la utilización del espacio público, ya sea para realizar alguna actividad política o cultural autogestiva o, simplemente, para pasar el tiempo en compañía de los amigos; para eso están los espacios comerciales, sostiene el gobierno.

A propósito de las acciones emprendidas por este, antes y durante la crisis sanitaria, no duda en considerar como un error el que se haya preferido impulsar la producción y el consumo antes que la vida misma y la vida pública, posteriormente.

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Alejandra, Las Palmas de Gran Canaria (España)

Pico máximo a finales de marzo; la segunda ola de julio sigue creciendo con fuerza

“Al principio nos lo tomábamos a coña [en broma], la verdad, y luego llegó un momento en que se decretó el estado de alarma, que permitía al gobierno tomar responsabilidad de todo y desplegar al ejército […] Ahí la gente entró en pánico”.

A Alejandra la epidemia la pilló en Madrid, pero alcanzó a regresar a casa, con su familia, justo antes de que se decretara el estado de alarma en la comunidad autónoma a la que pertenece la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Foto: Alejandra Vallejo

Aunque se confirmaron pocos casos en toda la isla, el confinamiento fue igual de estricto que en la España continental. Pero la reapertura llegó por fases, por lo que pudieron salir rápidamente del encierro.

El uso de cubrebocas sigue siendo obligatorio, dice Alejandra, pero el calor y las ansias por recuperar la antigua rutina y aprovechar el verano se han impuesto a la prevención de nuevos contagios. Esto a la par del levantamiento de restricciones al turismo, del que dependen gran parte de los habitantes de la región insular.

Uno de los mayores problemas de esta nueva etapa, sin embargo, lo tienen los estudiantes que necesitan cumplir con sus prácticas profesionales. “[Las empresas] les dicen que están teletrabajando y que no pueden meter a una persona más, y por lo visto, la mayoría de las empresas tienen pensando estar algunos meses más [así]”.

“Tal vez hasta septiembre u octubre, pero todo depende”, dice Alejandra, quien ya ha comenzando a escuchar sobre una segunda ola de contagios. Del 9 al 16 de julio, las autoridades sanitarias españolas informaban sobre cinco mil 128 nuevos casos; una semana más tarde, el acumulado de los últimos siete días alcanzó las diez mil 220 confirmaciones. 

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Alexandra, Nanjing (Jiangsu, China)

Origen de la pandemia; cinco meses con rebrotes poco significativos

Le quedaban sólo seis meses más en China y Alexandra se dispuso a realizar un último viaje por la provincia de Sichuan. Era 19 de enero –dos meses después de que se registrara el primer caso de COVID-19– y su universidad, a más de mil 800 kilómetros, se contactó con ella para decirle que tenía regresar al campus inmediatamente.

Foto: Cortesía

Aunque a raíz del confinamiento perdió sus trabajos paralelos como traductora, intérprete y profesora de español, asegura que lo más difícil fue lidiar con sus emociones. Primero por lo repentino y estricto del aislamiento y, posteriormente, cuando el virus llegó a México, por la incertidumbre que le causaba no saber del todo cómo se encontraban sus familiares.

En cuanto a la reapertura, cuenta Alexandra, la nueva normalidad se parecía mucho a la vieja normalidad. La gente en China, explica, tiende a seguir las reglas al pie de la letra, por lo que los llamados a quedarse en casa, salvo casos anecdóticos –como el de los jugadores de mahjong, una especie de dominó muy popular–, fueron atendidos.

“Sobre todo porque existe un sistema de puntaje aquí […] Cada falta que le hagas a la ciudad, al marco jurídico o a ti mismo, te descuenta puntos”. Esto equivale a perder cierto estatus social, o trae como consecuencia que la persona que cometió el supuesto agravio sea fichada por las instituciones bancarias, quienes difícilmente le otorgarán un crédito con estos antecedentes. 

Foto: Cortesía

La nueva normalidad, relata Alexandra, se mueve por el mismo escenario, con estrictas e incuestionables reglas. A los establecimientos se les exigió desinfectar sus instalaciones al menos dos veces al día; se exigió el uso de cubrebocas en las calles y el transporte público; se extendió aún más el uso de códigos QR para hacer compras sin contacto; se prohibió ingerir bebidas o alimentos en el metro, y en los supermercados las personas sólo pueden tomar con las manos los productos que se van llevar a casa.  

Un rigor que se traslada incluso a las entradas y salidas del país. Antes de tomar su próximo vuelo, explica, tendrá que llamar al aeropuerto para asegurarse de que puede quedarse más de dos horas en la sala de espera y confirmar, una vez más, que no necesita presentar una prueba reciente que indique que no es portadora asintomática.

Aún con la mejor de las suertes, su salida dependerá de que no le toque alguna revisión extraordinaria a la entrada, y de que las instalaciones no hayan alcanzado el aforo máximo permitido. “Nunca había visto algo así”, dice del otro lado del mundo, a pocas semanas de regresar a México desde el país origen de la pandemia.

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*Foto de portada: Super Bergamo

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Marcos Nucamendi