AMLO en EE. UU.: el etnocentrismo como norma
Por Fernando Montiel @FMontielT
07 de julio, 2020
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1. La pequeña guerra

La conjunción de varios factores pueden explicar la pequeña guerra de opinión: el hecho de que sea la primera salida al exterior del primer mandatario de izquierda, el que ocurra en un momento en que la oposición se encuentra en plena rearticulación y buscando recuperar la ofensiva política, el que los Estados Unidos se encuentren ya en plena campaña electoral, el que en esa campaña electoral la comunidad mexico-estadounidense tenga un peso importante, el que uno de los contendientes a la reelección sea un presidente que el mundo entero considera como hostil, el que dicha hostilidad se haya sentido con particular intensidad de este lado de la frontera, el que la visita ocurra justo a unos días de la activación del tratado comercial más importante con nuestros socios comerciales más importantes, el que México se encuentre a un año del siguiente proceso electoral, el que el mandatario mexicano siga contando, a dos años del inicio de su gobierno, con altos índices de popularidad… Y todo en un entorno global, bilateral, local, fronterizo, político, económico y social enrarecido por una pandemia.

A lo largo de estos y otros ejes se ha tejido la pelea verbal, sin diálogo, pero con mucho debate: todos tienen una opinión, todos la defienden a muerte, nadie escucha, todos suponen que levantar la voz suma peso a lo que sea que dicen, sean argumentos, opiniones, ideas o meras ocurrencias. De hecho, si se juzga por la intensidad del drama y la temperatura con la que se discute en la arena pública la próxima visita del presidente López Obrador a los Estados Unidos, pareciera que lo que está en juego no es la primera salida al exterior del mandatario mexicano sino las cumbres de Yalta y Potsdam en las que Churchill, Attlee, Stalin, Roosevelt y Truman se repartieron el mundo tras la Segunda Guerra Mundial.

2. Mal de todos

Pero un elemento ha quedado fuera del análisis, y es ¿de verdad es tan importante para México y los mexicanos y para Estados Unidos y los estadounidenses -y por ende para Norteamérica y los norteamericanos en su conjunto y por lo tanto para el hemisferio occidental y por ello para el mundo- lo que sea que ocurra durante la reunión de los mandatarios? A mí me parece que no. Y es que en la antropología hay un concepto muy conocido del que rara vez se reflexiona en medios de comunicación: todas las culturas son etnocentristas.

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¿Qué es el etnocentrismo? El etnocentrismo en antropología es un procedimiento del pensamiento que consiste en entender el mundo tomando a la propia cultura como el referente central para leer la realidad. Etnocentrista en este sentido y de manera flagrante es el comentario de actualidad que irremediablemente aparece en medios con las visitas del jefe del Estado vaticano: “El Papa tiene una relación especial con México”; etnocentrista en esta lógica sería también -aunque de un modo más discreto- el registro histórico de la prensa y la historia respecto a cuántos y quiénes de los nacionales han formado parte de las páginas de la historia del mundo en su gloria o en su tragedia: ¿qué mexicanos trabajan o han trabajado en la NASA? ¿cuántos mexicanos murieron en los atentados del 11 de septiembre?

Los discursos de Donald Trump tienen al etnocentrismo como norma

Foto: Gage Skidmore | Wikimedia Commons

En ejemplos como estos decimos que es un etnocentrismo más discreto porque es posible dar un argumento editorial valido: se da un enfoque “mexicano” a la cobertura porque ese es el público al que va destinado, y en la raíz de esta justificación encontramos también los mecanismos del etnocentrismo en acción: al mexicano le gusta leer sobre mexicanos, en su tierra y en el mundo.

El etnocentrismo como proceso del pensamiento social no es bueno ni malo, sencillamente es, y existe en todos los niveles de la organización social, desde las culturas (occidental, oriental, etc.) pasando por las naciones (mexicanos, estadounidenses etc.), las regiones (la huasteca potosina, la queretana, etc.) y hasta las comunidades: San Pedro Cholula es muy diferente a San Andrés Cholula –dicen sus habitantes seguramente con razón- y eso que geográficamente los separa sólo una calle.

3. El etnocentrismo como norma

Como proceso del pensamiento, el etnocentrismo es, en México, Bulgaria y Sumatra, un mal de todos, incluyendo a los Estado Unidos, su presidente y sus habitantes.

Tal vez la tensión en México y el resto del mundo sería mucho menor si se tomara en consideración que probablemente el 90% de lo dicho por el presidente de los Estados Unidos en estos años de su administración ha tenido como destinatarios y consumidores finales a sus propios compatriotas y no al mundo en general: el hecho de que sus palabras, torpes y agresivas pero expresadas para consumo interno, circulen por todo el mundo no quiere decir que ese mundo fuera su destinatario. Del mismo modo, el hecho de que él, su poder y su figura tengan un lugar importante en la psicología de los mexicanos y en la agenda de México y el mundo no quiere decir que lo inverso sea también verdad; de hecho, lo contrario pareciera más acertado: históricamente los gobiernos republicanos en los Estados Unidos han tenido una tendencia aislacionista, lo que en los hechos se traduce en “gobernamos para los Estados Unidos, que el mundo se las arregle como pueda.” (Por egoísta, poco solidaria y plenamente etnocéntrica que parezca, esta actitud, paradójicamente ha tenido sus ventajas: los gobiernos demócratas han tendido más a la intervención militar en el extranjero que los republicanos, y este no ha sido la excepción).

El viaje a los Estados Unidos de Andrés Manuel López Obrador tiene un cierto peso sin duda, pero no es más que un acto más o menos individual -la visita- dentro de un proceso estructural mucho amplio -la relación bilateral. El hecho de que el tema haya crecido artificialmente en la psique de medios y sus colaboradores hace que parezca mucho más importante de lo que lo es en realidad, y sin duda produce en México una imagen engañosa respecto de la importancia que tiene ese mismo acto en el otro lado de la frontera. Ya lo decía uno de los decanos en la capacitación de agentes de inteligencia de la CIA Richards J. Heuer, Jr. en su libro Psychology of Intelligence Analysis (CIA, 1999): “Una de las cosas más difíciles de conseguir es que un analista de inteligencia entienda que en otros países no piensan como nosotros, no valoran  las cosas como nosotros y no se comportan como lo haríamos nosotros en la misma circunstancia”.

*Foto de portada: Andrés Manuel López Obrador | Facebook

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Fernando Montiel
Es profesor, analista y consultor en temas de prevención de la violencia, manejo de conflictos y construcción de paz. Es representante de Transcend para América Latina y autor de los libros Días Violentos: 77 imágenes del conflicto en el siglo XXI...