Swallow, más allá del terror feminista
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
25 de junio, 2020
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Swallow (2019) es una película independiente que pese destacar en varios festivales tras su estreno el año pasado y convertirse en una cinta con enorme aprobación entre la crítica especializada, me temo, también se ha convertido ya en una de esas piezas exóticas, prospecto a cine de culto, que ha pasado prácticamente sin pena ni gloria. 

Dirigida por Carlo Mirabella-Davis, a quien solamente se le recuerda por ser el co-director junto a Nick August-Perna y Chris Dapkins del romántico documental The Swell Season (2011). Esta película, tras casi una década de aquel proyecto, se ha convertido ya en el peliagudo aunque importante salto hacia una carrera como director en solitario.

Nada menos que un thriller psicológico altamente dramático que algunos incluso se aventuran a llamar, en medio de esta constante era de corrección política, como “una película de terror feminista”. ¡Pero qué dilema con los términos de hoy en día! Queridos padawans, que no os engañen estas tácticas de marketing que pueden llegar a predisponer a cualquiera y mejor descubramos por nuestra propia cuenta lo que en realidad esconde esta película. 

Swallow, antes que ser el típico producto que sirva como estandarte de algún movimiento social, convengamos, es una suerte de carta de presentación que tiene su director hacia su propia audiencia. Una película que pretende ser de autor, antes que dejarse llevar por algún género definido que la corrompa de su verdadera naturaleza. 

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De manufactura minimalista, la cinta de Carlo Mirabella-Davis pese a estar anclada en el inevitable halo del cine independiente, al igual que ocurre con el thriller de los hermanos Safdie, Uncut Gems (2019), convierte sus evidentes limitaciones en formidables aciertos. Haciendo que la experiencia, por más intimista o pequeña que esta sea, se transforme de pronto en algo tremendamente memorable o hasta universal. 

Swallow (2019)

Still de Swallow (2019) / Foto: IFC Films | YouTube

Por lo que no me quiero dar el lujo de dejar una joya de este tamaño en el tintero. Y he aquí, algo por el cual vale la pena seguir viendo cine en pleno fin del mundo. 

Pero antes es necesario aclarar una cosa: esta no es una película de terror. Pero vaya que inquieta más que The Conjuring (2013). Esta película estremece, pero no por su trama sino por su subtexto. Ese crudo, pero interesante subtexto. Y antes que llamarle “terror feminista”, insistiré mil veces en poner los pies sobre la tierra, porque estaríamos siendo bastante ridículos. 

Si bien es cierto que en los últimos años muchas películas del género han recibido el término de ser “cintas de horror feministas”, ya que buscan recrear una suerte de crítica o denuncia social hacia el machismo y la misoginia de nuestra tan corrompida sociedad, pero a través de los escabrosos filtros del miedo y del desasosiego psicológico… debemos mencionar primero que no todas entran en el mismo saco. 

Si alguien pretende meter a Swallow (2019) en el mismo horno que el remake de Black Christmas (2019) de Sophia Takal, denominada por Los Ángeles Times como “terror feminista en los tiempos del #MeToo” por su reduccionista trama sobre mujeres inocentes vs hombres violadores y asesinos -una premisa igual de estúpida como la que dicta que los pobres siempre son buenos y los ricos son malos- debe tener mucho cuidado porque puede quemarse. 

Y es que venderte la moto de que la película de Carlo Mirabella-Davis es una obra maestra solo porque algunos dicen que es “terror feminista”, sería no solo pecar de ignorante sino también de idiota. Además, claro, de que estaríamos quedándonos bastante cortos. 

Contrario a lo que muchos se imaginan, Swallow (2019) no pertenece a la misma familia de películas bañadas por la agenda de lo políticamente correcto de hoy en día. A través de su extraña cosmogonía, recurre a su manera dentro de una vertiente del género del thriller psicológico, ya bastante vieja pero no por eso menos relevante. Una que si les soy sincero me ha encantado volver a descubrir en pleno siglo XXI.   

Hoy en día se hablan de películas como The Witch (2016) de Robert Eggers o The Woman (2011) de Lucky Mckee como obras altamente feministas que han destruido los estúpidos clichés del género de horror, como que la primera en morir sea la típica rubia tonta del grupo o que la única superviviente siempre es la virgen, ya que por mucho tiempo ha sido acusado de ser un género tanto machista como misógino.  

Y las celebran y las anuncian como si fuese algo transgresoramente nuevo… pero esto no es así. Aunque no existe como tal un subgénero al que podríamos llamar “terror feminista” y algunos aleguen incluso con que no puede haber feminismo en el género sangriento -porque según ellos el terror no ofrece más que violencia vacía- esto tanto no es nuevo, como por supuesto, siempre ha existido dentro de esta vertiente. Aunque haya unas mejores que otras, claro.

Swallow (2019) es de las buenas. Una buena película de denuncia en general, no nos quedemos solo con lo de “terror feminista”. Y pese a retratar las enormes carencias de una sociedad patriarcal, no podríamos compararla con una Black Christmas (2019) ni mucho menos, ya que retoma poderosos elementos del thriller psicológico de antaño y no tanto de estas nuevas agendas. No por nada será inevitable que venga a nuestra cabeza, por ejemplo, aquella estupenda cinta de Bryan Forbes: The Stepford Wives (1975). 

Una película de horror y thriller psicológico, basada en la estupenda novela homónima de Ira Levin -autor del reconocidísimo Rosemary’s Baby– que además de ofrecernos una escalofriante historia de misterio, también fungió como una poderosa sátira de humor negro al machismo de la sociedad norteamericana. 

A través de una curiosa historia sobre una comunidad en Stepford donde los hombres, de manera desconocida, han logrado conseguir a la esposa perfecta como si de sumisos autómatas se tratasen, la película de Forbes nos demuestra, con todo y sus alocados giros de tuerca, que el feminismo siempre ha estado incrustado en el género fantástico desde hace ya mucho tiempo solo que jamás se la ha llamado como “terror feminista” o algo así. 

Ya que además de reducirla a dos palabras, se le arrebataría el enorme poder de sátira y crítica social que tiene no solo a un sector, sino a todo un sistema. Ya que este género es capaz de construir críticas interesantes a estereotipos muy arraigados, como a la típica imagen de una familia perfecta o un matrimonio de ensueño que por mucho tiempo Estados Unidos ha promovido a través de sus películas, más propiamente de la década de los 50s. 

Pero que mientras Bryan Forbes e Ira Levin lo ridiculizan con una peculiar e irreverente historia que hasta algunos la catalogan de ciencia ficción; Carlo Mirabella-Davis en cambio, lo consigue con una mirada francamente encantadora hacia un trastorno mental no tan conocido: el trastorno de pica. Que no es otra cosa más que el deseo incontrolable por mascar y tragar objetos que en realidad no aportan ningún valor nutrimental. 

Pero sin olvidar las interesantes críticas y denuncias pro-feminismo que su director coloca minuciosamente a través de su subtexto. Porque nuestra protagonista, una mujer llamada Hunter que aparentemente tenía una vida común y de clase media, pronto se verá afectada cuando adquiera nupcias y quede embarazada de un joven empresario de cierta familia de clase alta. 

Y de ahí, que deba acoplarse a la imagen más común de lo que es ser “una esposa perfecta” al puro estilo de The Stepford Wives (1975): una mujer que atiende a su esposo en su casa de muñecas; siempre sumisa, siempre sonriente. 

Swallow (2019)

Still de Swallow (2019) / Foto: IFC Films | YouTube

Haciendo que el juego de palabras que lleva su título sea realmente ingenioso, ya que swallow tanto hace referencia a una golondrina, como por supuesto al verbo tragar. Por lo que esta historia termina siendo un espectacular drama sobre una mujer que como un ave encerrada en su propia casa desarrolla estos extraños impulsos por ir tragando todo objeto que se tope en su camino. 

La película se centra en la gloriosa y hasta hipnótica perspectiva de este interesante personaje. De cómo es que la facilidad en la que ahora se encuentra paradójicamente la llevan a complicar un trastorno más obsesivo que todos estos estereotipos juntos. Mientras se toma su tiempo para arrancar y develarte el meollo del asunto de una forma bastante peculiar y hasta hermosa. 

Contrario a Horse Girl (2020) de Jeff Baena que también nos invita a conocer el desquiciado mundo de una chica con graves problemas mentales, pero a través de recursos netamente surrealistas, Swallow (2019), lejos de parecer algo salido de la imaginación de David Lynch, muy por el contrario, hace que el realismo sea su aliado y te enganche con sus poderosas escenas. 

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Aquí, no hay momentos de alto impacto ni mucho menos escatológicos que te hagan apartar los ojos de la pantalla. Todo lo contrario. El thriller de Mirabella-Davis te invita a que descubras lo que realmente está pasando mientras te seduce de una forma particularmente inquietante. Haciendo un fabuloso uso de la técnica combinada hábilmente con la narrativa en una suerte de manufactura ya bastante clásica. 

Ya sea en el vestuario o los peinados; al usar colores primarios; o hasta al propio clima para reflejar el estado de ánimo que tiene nuestra protagonista, Swallow (2019) recuerda bastante a las cintas de los años 50s, como el Vértigo (1958) de Alfred Hitchcock y esa icónica escena con las cortinas verdes que la hacían más mística, solo que aquí cambiándolo por un color rosa o vino.  

Aunque lo verdaderamente impresionante y que se roba toda nuestra atención es la actuación de nada menos que Haley Bennett, la actriz de interesantes cintas como Hardcore Henry (2015), o la propia The Girl on the Train (2016) -otro thriller psicológico de alto impacto- pero que ahora ha demostrado su verdadero talento al darle vida a esta pobre mujer. Pero de una manera mágica y especial. Veo inocencia, veo tristeza, pero también veo inquietud. Le da especial énfasis a un guion que necesitaba un protagónico tan… peculiar. 

Nos hará preguntarnos constantemente por qué. Y la película incluso intentará responder, pero mucho en ella queda en absoluto vacío, ya que cuanto más conocemos, en realidad menos comprendemos. 

El tramo final es una suerte de viaje límbico hacia ninguna parte, que paradójicamente cierra un círculo con este personaje más que con la propia película en sí. Haciendo que aquella chica que conocimos al inicio, sumisa y complaciente, retome otro camino que ahora no nos compete como audiencia. 

Swallow (2019) atrapó mi atención desde la primera escena. Inquietante, astuta y minuciosa. La película de Carlo Mirabella-Davis es un recorrido tanto a un tipo de cine que ya no se fabrica hoy en día y una mirada más interesante a las películas de denuncia, pero con un particular tema no tan conocido. 

Más que terror, es un potente thriller psicológico de gran categoría; y más allá que terror feminista, es una caja de pandora bastante íntima que busca con el caos, cuestionar los arraigados estereotipos de nuestra moderna sociedad en general. Inquietante e innovadora. Un viaje que debes realizar.   

 

 

Sinopsis: 

“Hunter es un ama de casa que acaba de descubrir que está embarazada. Sin embargo, por alguna razón que desconoce se siente tentada a consumir objetos peligrosos para su salud, una obsesión que no pasa desapercibida ante los ojos de su marido y del resto de su familia. Pronto descubrirá el motivo que la empuja a querer herirse a sí misma.”

*Foto de portada: Still de Swallow (2019) / Foto: IFC Films | YouTube

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com