Satanic Panic: porque el satanismo también es divertido
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
11 de junio, 2020
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Tantas películas hoy en día usando la imagen de Belcebú como mero entretenimiento, véase Deathgasm (2015) de Jason Lei Howden, o The Witch de Roger Eggers; o series de televisión como Lucifer de la Warner o Chilling Adventures of Sabrina de Netflix, solo puede significar una simple y llana cosa: el satanismo está de moda. ¡El satanismo vende!

Lo aclaramos la semana pasada. La humanidad se dirige, en medio de esta escabrosa crisis sanitaria mundial, a una nueva y mejorada “era satánica” como no la habíamos tenido desde las lejanas décadas de los años 60s y gran parte de los 70s. Cuando diversos medios de entretenimiento en todo el mundo, especialmente venidos del obscuro y sórdido Hollywood, dieran rienda suelta a un sinfín de producciones dedicadas a la exaltación o a la parodia del mal.

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Desde la emblemática pero maldita Rosemary’s Babys (1968) de Roman Polanski como una suerte de presagio inquietante que terminaría por cumplirse; hasta las también míticas The Exorcist (1973) de William Friedkin y The Omen (1976) de Richard Donner que acabarían por moldear aquella imagen tan característica pero exagerada de lo que realmente es el satanismo. 

Y con ello, por supuesto, a un inquietante “pánico” exacerbado por los medios de comunicación que haría ver a todos estos adeptos; a los denominados “satánicos”, como una suerte de asesinos en serie en busca de vírgenes o niños a quienes sacrificar. El denominado fenómeno del satanic panic

Nada menos que una serie de leyendas urbanas infundidas por Norteamérica para que, mediante el uso del miedo y la discriminación, se lograran marginar todas estas creencias como un peligro latente… a sabiendas, por supuesto, de que E. U. siempre se ha autoproclamado como una nación bastante cristiana. 

Este fenómeno solo dejó en evidencia dos cosas importantes. Uno: la nula tolerancia y libertad que siempre ha tenido este país ante diversas problemáticas, véase el racismo o la homofobia, y que aún ahora son el pan nuestro de cada día. Y dos: que el satanismo y sus clichés, para bien o para mal, vaya que también pueden llegar a ser bastante graciosos, ¿no lo creen?

El documental de la cineasta estadounidense Penny Lane, Hail Satan? (2019), como un interesante vistazo a esta religión nos lo ha dejado bastante en claro: los satanistas también tienen sentido del humor. Y a veces, solo basta tomarlo con picardía. Dejar que los adversarios bromeen de ello -o con ello- y tomar solo lo necesario para devolvérselas con mucha más fuerza porque el satanismo, además de contestatario, repitamos y aclaremos: puede llegar a ser divertido. 

Satanic Panic (2019), película sobre una repartidora que debe enfrentar a un culto satánico que quiere sacrificarla

Still de Satanic Panic (2019) / Foto: RLJE Films | YouTube

Y si un sádico perrito venido del inframundo como Mr. Pickles no es la prueba definitiva de esta tesis, entonces la cineasta Chelsea Stardust pueda convencerte a su manera con su más reciente y diabólica producción: Satanic Panic (2019).

Basada en una pequeña historia escrita por los guionistas Hendrix y Ted Geoghegan, pero producida por la ya mítica revista estadounidense Fangoria, especializada en el género de horror, Satanic Panic no es más que la transgresión satírica del propio satanismo, pero a los niveles más estúpidos y caricaturescos que te puedas imaginar.

De hecho, si hubiera una forma más concreta de describirla creo que sería algo así como una suerte de Rosemary’s Babys por el asunto de una mujer que deberá ser usada por una secta como puerta para el nacimiento del anticristo, pero mezclada de forma aún más hilarante con la propia violencia de Mr. Pickles

Volver a la “gloriosa” década de los años 60s, donde dio origen, oficialmente, la famosa Iglesia de Satán a manos del Papa negro Anton Szandor Lavey, y hacer reales todas esas leyendas urbanas que se decían en los medios de comunicación respecto a los denominados satanistas. 

“Que secuestraban chicas vírgenes. Que hacían sacrificios y misas negras en medio de sangrientos aquelarres. ¡O que adoraban a Baphomet mientras bailaban desnudos o hacían orgías bajo la luna llena!”.

Titulares amarillistas de televisoras y periódicos que no hacían más infundir un pesadillesco pánico entre la población, pero que ahora, en pleno y caótico 2020, simplemente se recuerda con bastante gracia.  

Y lo mejor es que recurre a todos y cada uno de estos estúpidos clichés para terminar forjando una trama de lo más entretenida e hilarante posible. Que hasta nos hace sentir, mediante a coloridos y estrambóticos escenarios, estar en una película de terror ambientada en los años sesenta. En particular con esa hilarante y llamativa fotografía, que no hace más que emular con ciertos elementos a las cintas clásicas de la década.  

Satanic Panic (2019), película sobre una repartidora que debe enfrentar a un culto satánico que quiere sacrificarla

Still de Satanic Panic (2019) / Foto: RLJE Films | YouTube

Mientras que, en narrativa, pese a contar con una trama de lo más común, logra aprovechar sus elementos para generar una magnífica combinación tanto de estilos como de géneros. Y es que el uso del llamado satanic panic como referencia a una “década de locura y sugestión”, si bien abre muchas posibilidades al género de horror… imagínate cuántas así al de la comedia. 

Primero nos topamos con que nuestra protagonista no es más que una simple jovencita virgen que trabaja como repartidora de pizzas para ganarse la vida. Lo que parece recordarnos, a su vez, a un estereotipo más clásico del cine slasher. Como lo sería, por ejemplo, una emblemática Jamie Lee Curtis en Halloween (1978), cuyo papel de scream queen ejerciendo un oficio de lo más común -o sea, de niñera- termina arrastrándola paradójicamente a un horror mucho más grande que el propio salario mínimo. 

Lo que por supuesto, Satanic Panic (2019) recupera para hacer un chiste bastante divertido con ello. Porque los eventos desatados en esta historia, tan alucinantes y fuera de serie, solo serán posibles por la entrega de una simple pizza caliente. Cuando nuestra protagonista irrumpe en una enorme mansión para exigir propina sin saber que allí mismo se está efectuando una reunión de máximos y locos satanistas. Imagínense entonces. Ser parte de una diabólica misa negra para ser la esposa de satanás y dar a luz al anticristo, luego de una cesión de sexo diabólico… solo por culpa de una pizza.

Algo que se sigue repitiendo constantemente como una suerte de modelo narrativo. Ya sea en un Ready or Not (2019) enfocado a un simple matrimonio que termina mal, o en un The House of the Devil (2009) de Ti West con el asunto de las niñeras, pero a manera de tributo y no tanto como parodia. 

Además de que existe un particular chistecillo que dicta que todas las scream queen logran sobrevivir por el simple hecho de ser vírgenes. Y la enorme gracia -que algunas feministas tachan de misoginia implícita- es que nuestra protagonista sufra horrores inimaginables a causa de ello. 

Y a todo esto, tengo que admitir que me ha parecido impresionante la actuación de nuestra protagonista Hayley Griffith quien da vida al personaje de Samantha Craft, porque nunca habíamos visto ni escuchado de ella en ninguna otra parte. Se trata de nada menos que su primera aparición. Y me ha convencido como no tienen idea. Además de bella es realmente expresiva. Tanto para generar suspenso como para generar comedia. 

Pero en el caso, por ejemplo, de la actriz y cantante Ruby Modine, quien fue la villana en la primera parte del Happy Death Day (2017) de Christopher Landon, debo decirles que me ha parecido realmente espectacular. Destacando incluso como una gran secundaria. Sobre todo, con esa particular mancuerna que tiene junto a Hayley Griffith para terminar volviendo este retorcido y satanista cuento, en algo netamente erótico en ocasiones. 

¿Y cómo dejar pasar al hilarante pero divertidísimo cameo de Jerry O’Connell? ¡Cágate lorito! El divertidísimo actor de comedias tan estúpidas como Canguro Jack (2003), e incluso cintas de horror como Piranha 3D (2010), que hoy en día es más recordado por su emotiva aparición en el clásico de Stand by Me (1986) como el pequeño Vern Tessio, pero que ahora nos deleita como una suerte de héroe sin capa que intenta salvar a nuestra protagonista de su terrible destino intentando violarla para evitar que sea sacrificada por ser virgen. O una de dos: ¿este chiste ha sido tremendamente bueno o acaso yo estoy un poco enfermo?

¡Ahora saben a lo que nos enfrentamos con Satanic Panic (2019)!  Además de a una desquiciada pero divertida cinta gore de serie B a la vieja escuela, a una perfecta sátira de lo que este fenómeno fue y continúa siendo en gran parte de Norteamérica. Mientras enfatiza con sus chistes y con sus diálogos, a los estúpidos prejuicios de toda índole que aún se oyen entre la propia comunidad. 

No apta para cardíacos o adictos al cine de Tarkovski. No apta para amantes de la corrección política actual. Una sorpresa desapercibida y que merece mucho la pena ver. ¡Ahí madre!

La cineasta Chelsea Stardust no solo nos prueba la tesis, de formas bastante inventivas, de cuán relevante se ha vuelto ya el satanismo en los últimos años; también, y sin tapujo alguno, de cómo puede llegar a ser bastante gracioso en ocasiones. Porque sí… el satanismo vaya que también es divertido.

Sinopsis:

“Una repartidora de pizza que sufre una importante crisis económica se ve obligada a luchar por su vida (y por sus propinas) cuando reparto su último pedido a una sociedad oculta de seguidores de Satán que andaban buscando a una virgen para realizar con ella un sacrificio humano.” 

 

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com