No podríamos pagar más de 3 días de hospitalización, son 30 mil de depósito, y si necesita terapia intensiva, 80 mil”
En diez días, Armando pasó de sólo tener fiebre a ser internado en un hospital particular a causa de COVID-19. Ha sido complicado encontrar camas disponibles y sin un seguro, costear la atención.
Por Aranzazú Ayala Martínez @aranhera
21 de junio, 2020
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*ACTUALIZACIÓN 8 DE JULIO: Lamentamos informar que Armando falleció hoy. 


Armando tiene un gimnasio, es una persona que lleva una vida
fitness, muy sano. Además, había guardado la cuarentena. Sin embargo, el 9 de junio empezó a tener fiebre. Una fiebre insistente que en tres días se convirtió en permanente, aunque estaba en reposo y tomando los medicamentos que le recetaron en consulta vía remota. 

Su cuñada Kiki cuenta a LADO B que Armando sólo tuvo fiebre, ningún otro síntoma de los que acompañan al nuevo coronavirus. 

“Absolutamente nada, ni siquiera dolor de cabeza, ni cansancio extremo que comentan otras personas. Solamente fiebre, 38, 39.5 grados que aumentaban sobre todo por la noche”.

Después de tres días con fiebre, Armando fue a consulta, con miedo de tener COVID-19. Su médico pensó que era poco probable, ya que no tenía otros síntomas, pero aún así Armando decidió hacerse la prueba. Los laboratorios le dieron cita unos dos días después y el tiempo de espera para los resultados fue de cinco días más.

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Durante esos días de espera, su médico le mandó tratamiento para llevar en casa y monitoreo de su oxigenación: le indicaron que si bajaba de 82% tendría que hospitalizarse, especialmente porque el año pasado sufrió de neumonía.

“Durante estos días de espera parecía estar bien la oxigenación, hasta que un día ya amaneció con una oxigenación que fluctuaba entre 77 y 79 y comenzó toda la alarma. Ese día empezó a sentir esta falta de aire que no había sentido”, cuenta Kiki. 

Ese mismo día, su médico le sugirió sacarse una placa de tórax y tratarse en casa porque en los hospitales públicos “Ya hay mucha gente”. 

“Ellos le dijeron: la verdad no vengas, mejor te conseguimos el equipo y te atendemos en tu casa porque hay muy poco lugar, la atención no está tan buena porque son demasiados pacientes y el personal no es suficiente. Entonces le consiguieron el tanque de oxígeno, el equipo para canalizarlo, y lo canalizaron en casa”, dice su cuñada. 

El viernes 19 todo llegó de golpe: el resultado positivo por COVID-19 de la prueba que se había hecho hace una semana, la oxigenación que seguía bajando y la placa de tórax que mostraba una infección muy avanzada en sus pulmones. 

Ese mismo día decidieron internarlo. Kiki dice que analizaron varias opciones de hospitales privados y fueron a uno de los más económicos, el Betania. Ahí les pidieron 30 mil pesos de depósito, mientras que en otros hospitales el depósito era de 150 mil pesos. Pese a tener ciertos ahorros, ya habían calculado y eso no les alcanzaría para más de tres días de hospitalización.

Foto: Pixabay

“El problema es que probablemente necesite más de 3 días de hospital, y lo peor sería que necesite cuidados de terapia intensiva porque en ese caso, el día en el hospital podría llegar a los 80 mil pesos”.

Al domingo 21 de junio, Armando sigue hospitalizado, saturando un poco mejor y respondiendo positivamente al medicamento. Pese a la mejora en vías respiratorias, está bajo vigilancia por inflamación en todos sus órganos.

La familia de Armando está pidiendo apoyos solidarios para poder terminar de costear el tratamiento del hombre de 31 años.

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*Foto de portada: Dimitri Karastelev | Unsplash  

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Aranzazú Ayala Martínez
Periodista en constante formación. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014. Segundo lugar Premio Rostros de la Discriminación categoría multimedia 2017. Premio Gabo 2019 por “México, el país de las 2 mil fosas”, con Quinto Elemento Lab. Becaria ICFJ programa de entrenamiento digital 2019. Colaboradora de “A dónde van los desaparecidos”