¿Infodemia desde Palacio Nacional?
Por Roberto Alonso @rialonso
16 de junio, 2020
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Primero fue una funcionaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS), luego el propio director general de dicha institución y unos tres meses más tarde el término fue retomado por el gobierno de la Cuarta Transformación para criticar la acelerada difusión de noticias falsas en torno al manejo de la crisis sanitaria en el país. Fue en ese momento, a principios de mayo, que las benditas redes sociales comenzaron a ser problematizadas por su gran promotor.

Noticias falsas o bulos siempre ha habido, no son un fenómeno nuevo. Lo que sí resulta novedoso, hemos afirmado ya, es el contexto que las amplifica y que, ante una emergencia como la actual, tiene el potencial de agudizarla con dosis de pánico, confusión y aún más polarización.

La COVID-19 no era pandemia todavía y ya la OMS en la persona de Sylvia Brand, directora de Preparación Mundial para Riesgos Infecciosos, alertaba a principios de febrero sobre una ola de rumores e información falsa con el fin de obstaculizar las medidas de combate al virus a través de las redes sociales. Unos días después, el máximo responsable de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus se refirió a la infodemia como un virus que genera división “en un momento en el que necesitamos ser solidarios y colaborar para salvar vidas”.

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Bajo estas coordenadas, el presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano, Jenaro Villamil, expuso en la mañanera del 6 de mayo el avance de la infodemia en México, dibujándola como un negocio basado en el poder del algoritmo. Dos semanas después de la declaración de la fase 3 de la pandemia en territorio nacional, llamó a cortar la cadena de la desinformación, frenando la propagación de rumores e información maliciosa. Hasta ahí todo bien.

A finales de mayo, no obstante, tras la publicación de la investigación conjunta que emprendieron la organización Artículo 19, el laboratorio Signa Lab del ITESO y Aristegui Noticias en torno a los ataques hacia periodistas y ex trabajadores de Notimex presuntamente orquestados desde la directiva de la agencia de noticias del Estado, fue la directora de esta institución, Sanjuana Martínez, quien asumiéndose víctima de un linchamiento por los resultados de este trabajo conjunto invirtió los términos y acusó una estrategia de infodemia en su contra.

Puesta al descubierto la utilización de un chat con el que directivos de Notimex coordinaban los ataques y la distorsión de una comunicación del ITESO  para hacerla pasar por una rectificación, la directora de esta agencia de noticias se valió de la denuncia de la infodemia hecha desde el púlpito de las mañaneras para presentarse como una de sus afectadas.

Sanjuana Martínez

El presidente Andrés Manuel López Obrador y Sanjuana Martínez, directora de Notimex / Foto: @SanjuanaNotimex | Twitter

Este episodio podría haber sido una anécdota pasajera en el marco de un serio conflicto sobre el uso de recursos públicos para agredir, violentar y perseguir a periodistas críticos, o bien, a servidores públicos que, en su momento, se resistieron a ser partícipes de estas embestidas. Sin embargo, es en este cruce en el que habría que colocar la reciente difusión del documento anónimo que dio a conocer el presidente la semana pasada con un supuesto plan opositor para arrebatarle a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados en las elecciones intermedias de 2021 y revocarle el mandato presidencial en 2022.

Más allá de que el contenido no ofrece algo distinto a lo que es posible constatar un día sí y el otro también en las redes sociales o en las páginas de algunos diarios de circulación nacional, lo condenable es que se esgrima la tribuna presidencial, asignándole al asunto un carácter de primera importancia, para publicitar un documento propagandístico sin firma, del que nadie se hace responsable y sobre el que crecen las sospechas de un uso interesado, con el potencial de acentuar una polarización cada vez más pronunciada, como lo logra la infodemia.

En el contexto de una contienda política como la que se avecina, no tendría que prender focos de alarma la polarización que se cifra en el emplazamiento a asumir uno de los bandos en disputa, a favor de la transformación o en contra de ella. Pero no es lo mismo hacerlo en medio de una emergencia sanitaria que precisa de una respuesta colectiva y una afectación económica cuyas consecuencias son ya palpables y profundas.

López Obrador sabe que buena parte de su peso político lo acumuló a partir de una narrativa en la que él fue la víctima. A un año de las primeras elecciones federales que vivirá desde el otro lado de la cancha, desde el poder, todo parece indicar que la narrativa permanecerá, así haga falta alterar los términos de la discusión.

*Foto de portada: Stevecadman | Flicker

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Roberto Alonso
Académico del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Iberoamericana Puebla y coordinador del Observatorio de Participación Social y Calidad Democrática.