El salto cualitativo en la educación
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
09 de junio, 2020
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—¿No habrá una especie aparte de la humana —dijo ella enfurecida arrojando el periódico al bote de la basura— a la cual poder pasarse? 

 —¿Y por qué no a la humana? —dijo él. 

Augusto Monterroso. El salto cualitativo.

La semana pasada dediqué esta Educación personalizante a plantear el cuestionamiento acerca del regreso a clases en nuevos tiempos –nueva normalidad le llaman a esta situación de manera generalizada- con escuelas viejas.  

Para ilustrar esta especie de blindaje del sistema escolar a toda propuesta de cambio usé, en la columna que refiero, la fábula de Augusto Monterroso titulada El grillo maestro. En ella, un grillo maestro acude al aula y escucha al maestro decir que la forma correcta de cantar es la de los grillos y no las de los pájaros y se retiraba muy satisfecho de que en la escuela todo siguiera como en sus tiempos.

Hoy quiero plantear algunos elementos que podrían servir de orientación para el salto cualitativo que requiere el sistema educativo para poder generar respuestas inéditas que estén a la altura de estos tiempos inéditos, para generar escuelas nuevas que preparen para esta nueva normalidad que está por definirse y construirse.

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Vuelvo a recurrir para generar una imagen sintética de la necesidad de este cambio a la pluma de Monterroso, esta vez en otra fábula titulada precisamente Salto cualitativo, en la que con la genialidad para expresar todo un mundo en muy pocas palabras, el escritor hondureño-guatemalteco que vivió y falleció en México plantea la paradoja del ser humano, de ese ser que es permanentemente “ya y todavía no” como solía decir mi querido maestro Ricardo Avilés Espejel

Porque como señala la fábula, si leemos los periódicos y tenemos información suficiente acerca de lo que está pasando en México y en el mundo en estos días en los que la pandemia está desnudando los gravísimos problemas sistémicos que vive la humanidad desde hace décadas, podemos enfurecernos con razón como el personaje femenino de la fábula y recurrir a la visión que parece estar de moda que entiende al género humano como el problema fundamental del planeta para preguntarnos como esta mujer si no habrá manera de pasarnos a otra especie.

Pero si analizamos la misma realidad desde una óptica crítica que parta de la dignidad de los seres humanos y tenga un marco más o menos claro de lo que puede entenderse como un modo de proceder y de vivir realmente humanos, deberíamos responder como el otro personaje de la fábula y desear que todos o al menos un gran porcentaje de las personas nos comportáramos y viviéramos como miembros de la especie humana.

Aquí resulta muy pertinente la distinción que el mismo Avilés hacía entre los términos humano y humanizante. Porque son humanos los comportamientos propios de quienes tratan de ser inteligentes, críticos, responsables, constructores de bien al igual que son humanos los comportamientos estúpidos, irracionales, irresponsables, constructores de mal. Lo humano incluye como señala también Morin a lo inhumano y lo inhumano, que solamente puede ser realizado por seres humanos predomina a veces sobre lo propiamente humano, sobre lo que contribuye a la realización de la humanidad que es a lo que mi profesor llamaba humanizante.

Como ya decía antes, la pandemia ha desnudado y amplificado todo lo inhumano que caracteriza a la sociedad humana actual. La nueva normalidad tendría que implicar una renovación social que se orientara a revertir todos estos males estructurales y a construir un auténtico bien de orden que contribuya a la humanización de la humanidad para salvarla de la catástrofe a la que parece estarse acercando cada día más.

Por lo tanto el sistema educativo tendría que renovarse de fondo, sufrir un cambio paradigmático, dar un salto cualitativo que genere escuelas renovadas y renovadoras de la realidad social para combatir todo lo deshumanizante y construir lo humanizante, escuelas que formen a los ciudadanos del mundo nuevo, de una nueva normalidad transformada y transformadora.

Sistema educativo

Foto: 潜辉 韦 | Pixabay

¿Qué elementos debe contener este nuevo sistema educativo? El pensador francés Edgar Morin aporta una propuesta muy pertinente para esta renovación en su libro La vía para el futuro de la humanidad. Voy a plantear aquí algunas de las que considero fundamentales.

“…el problema de la educación y el de la investigación se ven reducidos a términos cuantitativos: «más créditos», «más enseñantes», «más informática», etc. Con ello se enmascara la dificultad esencial que está en el origen del fracaso de todas las reformas sucesivas de la enseñanza: no se puede reformar la institución sin haber reformado antes las mentes, pero no se pueden reformar las mentes si antes no se han reformado las instituciones”, (p. 147).

El primer elemento es el que implica superar la visión cuantitativista que considera que la transformación del sistema educativo consiste solamente en añadir más elementos conservando el mismo funcionamiento. Más computadoras, más materias, más profesores, más edificios y equipamiento, más horas y días de clase, etc. no van a contribuir al cambio necesario porque lo que se requiere es una  reforma que cambie las mentes y al mismo tiempo cambie a las instituciones.

“Debemos oponernos a la inteligencia ciega que se ha hecho con el timón en casi todas las mentes, y debemos reaprender a pensar, esa tarea de salvación pública que comienza por uno mismo” (p. 147).

Un segundo elemento tiene que ver con la necesidad de que la escuela facilite procesos para reaprender a pensar y oponerse a la inteligencia ciega que predomina hoy en el mundo de las fake news, la posverdad, el resurgimiento de las ideologías que ciegan la razón y la polarización de posturas extremas basadas en visiones sectarias y reacciones viscerales. Como señala Morin, esta tarea de salvación pública comienza por uno mismo y somos los educadores los primeros que tendríamos que experimentar este reaprendizaje y generar nuevos procesos que refuercen nuestra capacidad crítica y analítica frente a la infodemia que se contagia más rápido incluso que el coronavirus.

Otro elemento es enseñar la ética compleja que tiene que ver con la construcción del bien personal y familiar, del bien social desde el ejercicio de la ciudadanía y del bien para la especie humana desde la visión de pertenencia al género humano. Esta enseñanza incluye la de la ecología de la acción “…que indica que la acción, tan pronto se inicia, sufre las ínter· retroacciones del medio en el que interviene, escapa a la voluntad de su iniciador y puede ir en el sentido contrario al deseado inicialmente” (p.149).

Un elemento adicional es la combinación de las experiencias con el estudio de las humanidades y de las artes y la poesía pues todos estos elementos facilitan el aprender a vivir que se obtiene tanto de la vivencia como de los libros (pp. 147-148).

Sustituir el actual sistema educativo que separa los conocimientos por uno basado en la relación entre las cosas, que incorpore la ambigüedad, las ambivalencias y contradicciones de la realidad a los aprendizajes y enseñe a pensar los problemas en toda su complejidad sería otro elemento de esta transformación (p. 148).

Finalmente, Morin plantea como algo esencial para la transformación paradigmática del sistema educativo está en “…la verdad pedagógica principal formulada por Platón: «Para enseñar hace falta Eros». Hace falta el amor al conocimiento, pero también el amor a una juventud a la que se intenta ayudar a entrar en la vida (p. 153). Tal vez esta sea la condición sine qua non para el salto cualitativo indispensable en el sistema educativo: recuperar el amor al conocimiento y el amor profundo y desinteresado a los niños y jóvenes que tenemos enfrente, para pasarnos todos de nuevo a la especie humana.

*Todas las citas de Edgar Morin que se usan en esta columna están tomadas del libro: La vía para el futuro de la humanidad, que puede descargarse aquíSe señala entre paréntesis la página de donde se toma la cita.

*Foto de portada: Vidhyarthi Darpan | Pixabay

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..