The Lodge, un retorcido descenso a los límites del fanatismo
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
28 de mayo, 2020
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En una era repleta de cintas efectistas que optan más por los sustos repentinos que por una buena historia, los maestros del terror contemporáneo nos han dado cátedra absoluta de cómo modificar las reglas del género en pos de nuevas e inventivas dimensiones del miedo. 

El reconocido Ari Aster, por ejemplo, busca a través de historias de horror psicológicas instaurarnos metáforas pesadillescas que inciten a reavivar nuestros miedos más cotidianos, como a la pérdida de un ser amado o la ruptura de una relación, pero de una manera más grotesca y angustiosa. Sea con un Hereditary (2018) que retuerza las típicas historias de fantasmas, o bien, con un Midsommar (2019) que eleve los estándares del olvidado folk horror

Mientras que Robert Eggers, a través de estos cuentos folclóricos y surrealistas, pretende regresar al lenguaje clásico del cine de terror y empezar a reinventarlo desde cero con historias míticas de brujería como en su diabólica The Witch (2016) junto a Anya Taylor-Joy; o bien, con una incesante vuelta a los orígenes expresionistas del séptimo arte con su aún más onírica The Lighthouse (2019), junto a Willem Dafoe y Robert Pattinson. 

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¿O qué me dicen del inigualable Jordan Peele con esas poderosísimas sátiras antirracismo como Get Out (2017) y Us (2019) que le han valido el reconocimiento mundial tanto de la crítica como en la taquilla, ganando incluso un Oscar a Mejor Guión Original por su inigualable ópera prima?

No obstante, de entre todos estos exponentes, también se encuentran, aunque de una forma mucho menos escandalosa, los austriacos Severin Fiala y Veronika Franz. Un par de cineastas que allá por el 2014 llamaron poderosamente la atención de diversos críticos y fanáticos con una película tan aterradora como altamente psicológica. La favorita del Sitges en aquel año: Goodnight Mommy

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Considerada “la The Shining de nuestro siglo” debido a ese carácter minimalista y claustrofóbico similar a la película de Stanley Kubrick, esta cinta fungió como una suerte de thriller psicológico que pretendía jugar con la estabilidad mental de su audiencia a través del pleno desconocimiento y el uso de escenas contemplativamente shockeantes. 

Lejana a las concepciones barateras del horror comercial y mucho mejor trabajada en el ámbito de personajes y atmósfera de lo más inquietante, tanto Veronika como Severin, curiosamente, se volvieron dignos representantes del género con tan solo una película.

Desde entonces se ha esperado impacientemente el regreso de estos cineastas a la pantalla grande ya que en lo único en que estuvieron inmiscuidos fue en una extraña película antológica llamada The Field Guide Evil del 2018 con el segmento Die Trud, que si bien no estuvo tan mal, tampoco significó la gran cosa… pasando prácticamente sin pena ni gloria. 

Así que, y después de seis larguísimos años, por fin nos llegaría su segunda y tan ansiada película, acarreando un sinfín de críticas mixtas, pero consiguiéndose al mismo tiempo, un peculiar renombre entre los cineastas más emblemáticos del género desde su estreno en julio del año pasado: The Lodge.

Descrita por algunos como la copia baratera de Hereditary (2018) de Ari Aster pero combinada de forma pretenciosa con The Shining (1980) de Stanley Kubrick -así es, The Shining de nueva cuenta a la fórmula- “aburrida, repetitiva y hasta rebuscada”; también se encuentran los que la colocan ya como una propuesta ingeniosa dentro del moderno género de terror.   

No obstante, si a mí me lo preguntas querido padawan, esta película no es más que la reafirmación certera que nos hacía falta para comprobar el talento innato de estos grandiosos cineastas.

Still de The Lodge (2019) | Foto: NEON | Youtube

Porque si bien la escabrosa Goodnight Mommy (2014) fue una carta de presentación de lo más alucinante dentro y fuera del horror psicológico, The Lodge sea probablemente su obra definitiva en ello. Una película tan asfixiante como angustiosa, que hasta podríamos considerar particularmente superior a su propia ópera prima. Y no exagero. 

Mucho en esta película me ha parecido retorcidamente ingenioso a niveles psicológicos que termina sorprendiendo de grata manera por su ejecución, más que por su argumento. Sobre el desconcierto y la conmoción a través de distintas, pero efectivas fórmulas de suspenso, que hace más comprensible todavía esta comparación de películas ya que ciertamente son muy parecidas.   

Por un lado, el formato minimalista que busca hacer de un único escenario un perturbador y claustrofóbico antagonista efectivamente recuerda a la cinta de Stanley Kubrick, solo que sustituyendo el escabroso Hotel Overlook por una enorme y fría cabaña en medio de la nada. Y por el otro, ese mensaje ensordecedor sobre la pérdida y la maldad humana que la vuelven tan existencial como particularmente “religiosa”, sí que nos induce bastante al espíritu transgresor de la Hereditary (2018) de Ari Aster.

No obstante, tampoco debemos dejarnos engañar, porque si bien tiene mucho de estas gloriosas películas, solo toma de ellas lo necesario para terminar construyendo todo un camino diferente. Aquí la cabaña, o el albergue como traduciría su título, no es con exactitud una entidad viviente que busca apoderarse del alma de sus huéspedes, sino una prisión o purgatorio sartreriano donde los protagonistas deben aprender a soportarse. 

Y en cambio, esa idea de la pérdida de un ser querido y la resignación que con ello llega, es traducida de forma distinta a la que nos presentó Ari Aster en su ópera prima. No es el miedo a lo desconocido lo que hace de The Lodge una cinta de horror particularmente poderosa; ni a los fantasmas o a lo sobrenatural; es la premisa de que el hombre y sus obsesiones pueden crear demonios más inquietantes todavía que sean capaces de arrebatarnos nuestra propia cordura. Y con ello, nuestra propia alma.

La película es una genialidad que juega entre los psicológico y lo onírico; entre lo mental y lo sobrenatural, para concluir con que el peor demonio, de hecho, se esconde en el fanatismo del ser humano por afán de darle un significado poderoso a su ya frágil existencia. 

El temor a la muerte es solo un peldaño que sirve como subtexto para llegar no solo a la claustrofobia o al suspenso, también a la crítica anticlerical. Tanto a la religión como a todos estos grupos y sectas que, por vender una suerte de “paraíso o salvación”, lavan o corrompen las mentes de quienes buscan sentido a la vida. Lo que la vuelve muchísimo más interesante. 

Porque una de las principales quejas -incluyendo la mía- que recibió Goodnight Mommy tras su paso en festivales allá por el 2014 era que sin importar qué tan bueno o aterrador era su argumento, llegaba a un punto dentro de la trama en que todo se volvía bastante predecible. Cosa que con The Lodge no pasa de la misma manera. 

Cada personaje que vemos en esta historia tiene un propósito tan interesante y a la vez tan abstracto, que de pronto el drama común sobre conflictos familiares, fácilmente predecible en cualquier otra película de cualquier otro género, pasa a convertirse en un thriller claustrofóbico construido con piezas extraídas de distintas partes. Lo que la dotan de cierto halo simbólico tan contemplativo como a la vez tan surrealista. 

Still de The Lodge (2019) | Foto: NEON | Youtube

Lejos de recurrir a la típica historia sobre un matrimonio destruido por la llegada de una nueva mujer a la cual los hijos deben acostumbrarse y pretender que es ahora su nueva madre, de pronto se intercambia por el uso de metáforas religiosas y otras tantas alegorías místicas que ya de pronto no es solo una narrativa, evidente y constante, sino dos o más al mismo tiempo intentando ser algo más filosófico. Algo más “profundo”.  

Y a todo esto, añadamos que las actuaciones de los escasos protagonistas hacen que la película sea, literalmente, una gran historia como tal. Ya no solo de terror porque sería quedarse bastante cortos. Tan creíble como impactante. Tanto del joven elenco encabezado por el ya reconocidísimo Jaeden Martell de las dos películas de It (2017 / 2019) y que aquí sin duda ha sufrido una gratificante evolución como actor; como de la pequeña Lia McHugh de la serie de Hulu Into the Dark (2018), cuya actuación te llega hasta el alma cada que llora, grita o pretende sobrevivir. 

Aunque nada como la bella modelo y actriz estadounidense Riley Keough que al igual que los anteriores ya ha tenido una grata experiencia en el campo del cine de terror o género fantástico. Ya sea en la apocalíptica y también claustrofóbica It Comes at Night (2017) de Trey Edward Shults como también en la estrambótica e hilarante Mad Max: Fury Road (2015) de George Miller.

Pero es que en The Lodge ha tenido un papelón que me ha dejado prácticamente boquiabierto. Ya sea por ese halo de misterio que puede llegar a transmitir con una sola mirada, o con esa belleza que aquí es mostrada a través de los filtros de lo prohibido o hasta lo pecaminoso. Es realmente, tentadora e inquietante.  

Señores, aunque estoy consciente de que hay más fanáticos de Goodnight Mommy (2014) que salen a decir a los cuatro vientos que esta es sin duda su obra maestra, yo tengo que inclinarme plenamente por The Lodge. Usted me perdonará, pero algo en ella es particularmente corrosivo. Sean sus escenas shockeantes de alto impacto o esa particular forma de juzgar nuestra existencia. Te llega al alma y no te deja ni escapar.

Para los verdaderos amantes del horror y el drama psicológico, he de decirles que Veronika Franz y Severin Fiala no nos ha decepcionado con esta potentísima propuesta…  no te la puedes perder. The Lodge, no es más que una inquietante pesadilla. Un retorcido descenso a los límites del fanatismo. 

Sinopsis:

“Una mujer (Riley Keough) que está a punto de convertirse en madrastra se encuentra atrapada, junto a los dos hijos de su prometido, en una casa alejada de la civilización por culpa de una fuerte nevada. Justo cuando la relación entre los tres empieza a florecer, la mujer adopta una actitud aterradora que proviene del adoctrinamiento religioso que sufrió en su dura infancia.”

*Foto de portada: Still de The Lodge (2019) | Foto: NEON | Youtube

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com