Shooting the Mafia, fotoperiodismo en tiempos de violencia y un cajón para no perder la cabeza
Por Cristian Escobar Añorve @crazo70
19 de mayo, 2020
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Cuando Letizia Battaglia comenzó a trabajar en L’Ora, un periódico de la ciudad de Palermo, en la Isla de Sicilia, Italia, pensó que tomaría fotografías de chicos, calles, mujeres, en fin… todo menos fotos de la mafia siciliana o, más bien, de los horrores que causó esta. 

Pasó de repente: tres días después de haber iniciado, vio su primer homicidio y “el primer homicidio nunca se olvida». Así cuenta Letizia al inicio del documental Shooting the Mafia (2019), de la cineasta británica Kim Longinotto, presentado en la gira “Ambulante en Casa”.

La historia del documental se intercala en dos vertientes: por un lado la vida personal de Letizia, su adolescencia, matrimonio y sus subsecuentes relaciones amorosas enmarcadas en una búsqueda de tranquilidad y felicidad; y, por otro lado, su carrera como fotógrafa de nota roja, de los años 70 a los 90, tiempos en que la mafia siciliana azotaba tanto a Palermo como a sus alrededores.

Sin embargo, estas dos vertientes se unen de manera trágica, pues la exposición tan cruda a la violencia, sin dudas, ha repercutido negativamente en la vida personal de Letizia: “No puedes ser feliz de verdad si has vivido todo ese horror, el dolor de los que siguen aquí”.

Al respecto, Fernando Brito, fotógrafo de nota roja en Culiacán, Sinaloa –uno de los lugares más azotados por la violencia del narcotráfico en México– y participante del conversatorio Fotografía Documental Mexicana, transmitido por los canales oficiales de Ambulante, dice que la profesión de fotoperiodista en un contexto de violencia sí afecta cómo percibes la felicidad para el resto de tu vida, ya que conoces bien de cerca la existencia de una problemática muy grave de la que no puedes olvidarte.

“Pero también hay un cajón donde debes dejar las cosas fuera”, dice Fernando Brito, aludiendo al cajón del escritorio donde Letizia Battaglia guarda algunas fotografías de las que no quiere acordarse más. 

Entendemos que ese cajón también es metafórico: una especie de lugar intangible en la memoria de los fotoperiodistas, que proporciona un poco de tranquilidad ante el horror visto a través de su lente.

De esta forma, la dicotomía en la vida de Letizia Battaglia, retratada en Shooting the Mafia, da cuenta de cómo repercute el ámbito laboral en la vida personal, y viceversa, de los fotógrafos de nota roja. Según el documental, cuando Letizia se sentía más plena sentimentalmente, fue cuando logró tomar sus mejores fotografías. No obstante, estos episodios fueron momentáneos.

“Me doy cuenta ahora de que nunca he estado en paz”, dice Letizia hacia el final del documental, culpando de ello a su profesión.

Still del documental «Shooting the Mafia», dirigido por Kim Longinotto. / Imagen: YouTube (Shooting the Mafia | Official US Trailer)

El fotoperiodismo en tiempos de violencia

Al igual que en el caso de Letizia, el fotoperiodismo ha dejado huellas imborrables en quienes han tenido que documentar la violencia cotidiana de las sociedades en que viven, como le ha sucedido a Brito en su contexto mexicano: “Yo también recuerdo cuando fotografié mi primer homicidio, y aún recuerdo el desagradable olor”, cuenta en el conversatorio de Ambulante, moderado por Francisco Mata, fotógrafo y coordinador general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Y que también contó con la participación de Maya Goded, fotógrafa y realizadora, y Mónica González, fotógrafa documental.

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En este conversatorio, precisamente, se estableció una especie de comparación entre la Italia de los años en que Letizia comenzó a trabajar como fotoperiodista, hasta los años 90, y el México de las dos últimas décadas; y se habló del papel del fotoperiodismo en este contexto de violencia.

En 1991 y 1992, la tasa de homicidios en Sicilia fue de 9,7 y 8,3 por cada 100,000 habitantes, muy superior a la media italiana. En ese mismo periodo se detuvo a más de 2,000 personas por su relación con la mafia italiana.

Still del documental «Shooting the Mafia», dirigido por Kim Longinotto. / Imagen: YouTube (Shooting the Mafia | Official US Trailer)

Paralelo a esto, en México de 2006 a 2017, según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) del gobierno mexicano, se estima que al menos 170,000 personas murieron debido a incidentes relacionados con el crimen organizado desde 2006.

Así, en este contexto, ejercer el fotoperiodismo se convierte en un acto de compromiso por documentar una parte de la historia que, aunque dolorosa, es importante tener presente para comprender la situación actual de cada país.

En Italia, por ejemplo, Salvatore Lupo, historiador y autor italiano especializado en la mafia, menciona que si bien la mafia siciliana ha sido desarticulada casi en su totalidad, actualmente persisten asociaciones delictivas que buscan retomar el camino de La Cosa Nostra o mafia siciliana.

En el caso de México, la realidad sigue permeada por la violencia del narcotráfico. El caso más reciente sobre un conflicto público ocurrió el 17 de octubre de 2019, cuando entre balaceras y bloqueos en Culiacán, autoridades federales intentaron detener al hijo del narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán, sin éxito. 

Para Mónica González, ganadora del Premio Gabo 2017 en la categoría Imagen, el fotoperiodismo en tiempos violentos es, pues, una profesión que conlleva un gran compromiso social, pues tanto ella como Brito se asumen como denunciantes de crímenes e injusticias.

Pero, asimismo, este compromiso conlleva cierto dolor: “Es doloroso comprometerse a seguir haciéndolo […] Puedes elegir ya no hacerlo, pero una vez que ves la realidad, creo que hay un compromiso [con fotografiar lo que está pasando]”, dice González.

“Fotografiar la violencia es vergonzoso”

Still del documental «Shooting the Mafia», dirigido por Kim Longinotto. / Imagen: YouTube (Shooting the Mafia | Official US Trailer)

Sin embargo, fotografiar la violencia también pareciera tener una carga estética. Reflejo de esto son las numerosas exposiciones donde Letizia exhibió su trabajo periodístico y la fama que se ganó con base en el mismo. 

Acerca de esta fama, la periodista italiana menciona que le abruma y desgasta sobremanera ser tan reconocida en el medio. Tal vez el sentimiento tiene que ver con la vergüenza: “Fotografiar el dolor es vergonzoso”, dice Letizia. “Quiero que la gente deje de ver belleza en ellas, las quiero quemar”.

En este sentido, Maya Godet acepta el valor estético de algunas fotografías de la nota roja, sobre todo en la obra de Battaglia, pero menciona que ese aspecto pasa a segundo término, ya que lo primordial es documentar y mostrar esa parte de la historia que se está viviendo. 

“Es también duro llegar a una cuestión estética porque la violencia es muy cruda y una [como fotógrafa] la ve directamente a los ojos ¿Cómo puedes digerir eso para ponerlo en una fotografía?”.

La respuesta, aunque no verbal, puede responderse con el lenguaje de las imágenes de Shooting the Mafia

Tal vez sea más sano guardar algunas cosas en el cajón de la memoria, como lo hace Letizia, para poder digerir la crudeza de la violencia, al mismo tiempo que se documenta, sin perder la cabeza.

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*Imagen de portada: YouTube (Shooting the Mafia | Official US Trailer)

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Cristian Escobar Añorve