Defensas contra COVID-19 en sangre de 2018: la potente hipótesis de la inmunidad cruzada
La respuesta de nuestro sistema inmunitario al SARS-CoV-2 está llena de interrogantes. Un nuevo artículo muestra que los pacientes recuperados generan células de memoria, lo que da esperanzas para una vacuna. La sorpresa es que también las han encontrado en sangre de pacientes recogida antes de la pandemia. Su hipótesis, todavía preliminar, es que los resfriados por otros coronavirus podrían generar protección.
Por Agencia SINC @
31 de mayo, 2020
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Jesús Méndez

Existen muchas dudas sobre la respuesta de nuestras defensas al nuevo coronavirus y si estas generan una inmunidad duradera. Aunque buena parte de los pacientes que se recuperan desarrollan anticuerpos, los estudios no se ponen aún de acuerdo sobre cuántos de ellos lo hacen. Además, la presencia de anticuerpos no significa necesariamente que exista memoria contra una posible reinfección.

Ahora, un estudio publicado en la revista Cell da motivos para el optimismo: los pacientes recuperados de la enfermedad parecen desarrollar las células y los rasgos típicos de una respuesta duradera. De confirmarse, sería positivo por dos razones diferentes: porque al menos durante un tiempo protegerían frente a un nuevo contacto con el virus y porque significaría un obstáculo menos para una posible vacuna.

Además, el estudio lanza una hipótesis atractiva. Al analizar la sangre recogida de voluntarios sanos antes de la pandemia, aproximadamente la mitad de ellos presentaba también células de memoria contra el nuevo coronavirus. La idea es que, en algunas personas, las infecciones pasadas con coronavirus típicos del resfriado podrían dar lugar a una inmunidad cruzada y conferirles así cierta protección.

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Estos resultados son todavía muy preliminares, pero de confirmarse llevarían a interpretaciones importantes: podrían explicar parte de la variabilidad de los síntomas entre personas con similares factores de riesgo, contribuirían a explicar la menor gravedad de la infección en los niños —que sufren resfriados mucho más frecuentemente— y, aunque no cambiarían las medidas para evitar los contagios, aumentaría el porcentaje de personas con algún tipo de protección frente a la enfermedad.

La importancia de los linfocitos 

Foto: Gerd Altmann | Pixabay

Los linfocitos son células cruciales en nuestro sistema de defensa. Se diferencian en tres tipos, de los cuales en este estudio importan dos: los B —que producen los anticuerpos— y los T —responsables de la inmunidad celular—. A su vez, estos últimos se dividen en otros dos: los CD4, o colaboradores, y los CD8, o asesinos.

Los linfocitos T CD4 colaboran con los B para que estos produzcan anticuerpos y “no solo permiten tener una mejor memoria contra la infección, sino que los anticuerpos generados suelen ser de mejor calidad”, explica Julià Blanco, jefe del grupo de Inmunología y Virología Celular en el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, en Barcelona.

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A los CD8 se les llama citotóxicos o asesinos. No evitan la infección porque no bloquean la entrada de microorganismos a la célula, sino que luchan directamente contra ellos una vez han entrado. “En general, son la defensa más eficaz contra los virus”, asegura Silvia Vidal, responsable del Grupo de Enfermedades Inflamatorias e Inmunología en el Instituto de Investigación del Hospital Sant Pau, también en Barcelona.

Para estudiar la respuesta inmunitaria que provoca la infección por el nuevo coronavirus, los científicos responsables del nuevo trabajo recogieron sangre de 20 personas que habían pasado la COVID-19 hacía un mes, todas ellas con síntomas leves. Aislaron las células de defensa y las expusieron a fragmentos de proteínas del nuevo coronavirus. Si habían generado células de memoria, estas identificarían los fragmentos, se activarían y comenzarían a dividirse y proliferar.

Los resultados fueron muy positivos. Aunque los distintos experimentos se hicieron solo con aproximadamente diez muestras en cada uno, el 100 % de los pacientes había desarrollado linfocitos CD4 de memoria. Además, todas las muestras respondían ante porciones de la proteína S (spike) de las espículas, la estructura que utiliza el coronavirus para entrar en las células y que le da su forma de esfera con pinchos.

“Esto refuerza el optimismo de cara a una posible vacuna”, comenta Blanco, “porque la mayoría de las que se esperan en un primer momento se dirigen a esa proteína”.

Además, el 70 % de los pacientes desarrollaba linfocitos CD8 asesinos“Esto es importantísimo de cara a estar protegidos frente a posibles reinfecciones”, asegura Vidal. Aunque la muestra es pequeña, si se confirmara en nuevos estudios “es posible que la proporción sea mayor, porque habrá fragmentos [de proteínas del coronavirus] que no se han incluido y que también podrían dar una respuesta”, completa la inmunóloga, quien califica el trabajo de “interesantísimo, porque responde —al menos inicialmente— a algunas de las preguntas que llevábamos tiempo haciéndonos”.

Una de esas preguntas es si infecciones pasadas con coronavirus típicos del resfriado podrían proteger, al menos parcialmente, frente al SARS-CoV2.

La inesperada inmunidad cruzada

Foto: happypixel19 | Pixabay

La mayor sorpresa vino cuando realizaron esos mismos experimentos con sangre recogida de donantes sanos entre los años 2015 y 2018. Como es lógico, no podían haber estado expuestos al nuevo coronavirus. Sin embargo, aproximadamente el 50 % de ellos tenía linfocitos CD4 de memoria contra algún fragmento del SARS-CoV2 (y en el 20 % había linfocitos CD8).

La hipótesis de los investigadores, aunque no demostrada por ningún tipo de prueba adicional, es que hay algún tipo de inmunidad cruzada entre el nuevo coronavirus y los cuatro que causan entre el 15 y el 30 % de los resfriados comunes. Comparan el valor de esta teoría con lo que pudo suceder durante la pandemia de gripe A, donde se cree que la exposición previa a otros tipos de gripe disminuyó su potencial letal.

“Los niveles de linfocitos que muestran son muy discretos”, comenta Vidal, “pero es cierto que la respuesta a alguna proteína sí que destaca”. Los experimentos sobre la respuesta inmunitaria suelen llevar un control adicional con pacientes recién recuperados de otro virus, para evitar ruido en los resultados; pero tanto Vidal como Blanco no creen que aquí sean tan necesarios. “La respuesta de estos linfocitos es bastante específica”, asegura este último, quien añade que “es posible que esta inmunidad cruzada esté sucediendo. Hay una parte de la proteína S que es muy parecida entre todos los coronavirus”.

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*Foto de portada: Ahmad Ardity | Pixabay

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