Así afecta la contaminación a la pandemia de COVID-19
Vivir en zonas contaminadas parece hacer más vulnerables a sus habitantes, aunque las propias partículas nocivas también podrían llevar el virus
Por Lado B @ladobemx
05 de mayo, 2020
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Bruma de contaminación sobre Barcelona. / Foto: Alfons Puertas

Enrique Sacristán | Agencia SINC

A la necesidad de reducir la contaminación por sus efectos nocivos para la salud y el medio ambiente se puede sumar un poderoso nuevo motivo: su incidencia en pandemias globales como la de COVID-19. Los científicos ya han presentado diversos estudios que establecen la relación, aunque la mayoría están sin revisar y presentan limitaciones.

Uno de los trabajos más robustos desde el punto de vista metodológico es el que han realizado investigadores de la Universidad de Harvard. Tras analizar los datos de 3.080 condados en EE UU (prácticamente todo el país), han encontrado una asociación entre mayor mortalidad por coronavirus y niveles más altos de las peligrosas partículas PM 2,5 (con diámetro inferior a 2,5 micras). El aumento de un solo microgramo por metro cúbico en la concentración de estas partículas hace subir un 15 % la tasa de mortalidad.

“Existe un gran solapamiento entre las causas de muerte en pacientes con COVID-19 y las patologías que provoca la exposición a largo plazo a las finas partículas PM 2,5, que contienen microscópicos sólidos o gotas de líquido lo suficientemente pequeños como para que puedan inhalarse y causar serios problemas de salud”, explica a Sinc uno de los autores del estudio, Xiao Wu.

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“Nuestra hipótesis –continúa– es que debido a que la larga exposición a las PM 2,5 perjudica a los sistemas respiratorio y cardiovascular y aumenta el riesgo de mortalidad, también está afectando negativamente a la gravedad de los síntomas de infección por COVID-19 y empeorando el pronóstico de los pacientes con esta enfermedad”.

El artículo, enviado al New England Journal of Medicine, refleja las diferencias entre zonas ricas y pobres (más afectadas por el problema) y advierte que un aumento en la exposición a largo plazo a estos contaminantes podría tener consecuencias sobre la pandemia, algo a tener en cuenta a la hora de seguir su evolución y levantar los confinamientos.

“No podemos regresar y limpiar el aire del pasado, pero en el futuro habría que tomar medidas ambientales en las zonas más contaminadas para que la enfermedad no mate a tanta gente», subraya la autora principal, Francesca Dominici, quien en su cuenta de Twitter reconoce que antes no se metía en política, pero ahora, al ver gente muriendo, ya no le importa: “Trump debería centrarse en la contaminación del aire en respuesta al coronavirus”.

Otro estudio que relaciona mayor mortalidad por COVID-19 y niveles más altos de contaminación es el que publica el investigador Yaron Ogen de la Universidad Martín Lutero de Halle-Wittenberg (Alemania) en la revista Science of the Total Environment. El autor se ha centrado en las concentraciones de dióxido de nitrógeno (NO2, una de las sustancias nocivas que expulsan los vehículos) medidas en España, Francia, Italia y Alemania.

Datos parecidos en Italia, España y China

Foto: Marlene Martínez

El 19 de marzo, por ejemplo, detectó que el 78 % de las 4.443 muertes por coronavirus registradas ocurrieron en cuatro regiones del norte de Italia y en Madrid. Ogen sospecha que la contaminación persistente en estas zonas podría haber empeorado la salud general de sus habitantes, haciéndoles más susceptibles al virus, pero reconoce que su estudio “es solo un punto de partida para seguir investigando las relaciones entre niveles de polución, movimientos del aire y severidad en los brotes por coronavirus».

Para realizar su trabajo ha usado los datos del satélite europeo Sentinel 5P, al igual que otros científicos han empleado, entre otras fuentes, los del satélite Aura de la NASA. Es el caso del grupo de investigadores de las universidades de Siena (Italia) y Aarhus (Dinamaca), que también han observado una tasa de mortalidad hasta el 12 % superior en dos de esas regiones contaminadas del norte de Italia (Lombardía y Emilia Romagna) respecto al aproximadamente 4,5 % del resto del país, según publican en la revista Environmental Pollution.

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Por su parte, investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China han analizado seis compuestos contaminantes en 120 ciudades de su país y sus resultados, enviados a la revista Science of the Total Environment, muestran una asociación entre el número de casos confirmados con coronavirus y mayores concentraciones de partículas PM 2,5 y PM 10 (con diámetro inferior a 10 micras), así como de NO2 y ozono troposférico (O3, un contaminante secundario).

Todos estos estudios parecen confirmar la relación entre polución del aire y mayor incidencia de la pandemia. Una de las hipótesis que manejan los científicos apunta a la mayor vulnerabilidad cardiorespiratoria de las personas que llevan años exponiéndose a los altos niveles de contaminación en sus ciudades. Esto les podría hacer más sensibles a la enfermedad.

¿Pero y si fueran las propias partículas contaminantes las que transportaran el coronavirus, como llevan, por ejemplo, los granos de polen que tanto perjudican a las personas alérgicas? El investigador Leonardo Setti de la Universidad de Bolonia lo ha investigado en Italia. En un primer estudio volvió a comprobar que los lugares con mayores concentraciones de partículas PM 10 del norte del país se asociaban a más casos de COVID-19, pero en otro artículo posterior –los dos en preimpresión– analizó en detalle el material particulado y encontró restos de ARN vírico en muestras recogidas en Bérgamo.

“En el primer trabajo ya sugeríamos que la materia particulada que vuela por el aire puede actuar como un avión en el que viajan las gotas virales producidas por estornudos o la tos, transportándolas a largas distancias, como por ejemplo, más de 7 metros (mucho más que el metro y medio o dos metros a los que puede infectar directamente una persona próxima a otra)”, explica Setti a SINC.

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*Foto de portada: Marlene Martínez

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