Amistad cívica y educación ciudadana en la pandemia
En México, no existe la amistad cívica entre los ciudadanos, a pesar de ser indispensable para afrontar la crisis originada por la contingencia de salud
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
05 de mayo, 2020
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Martín López Calva

Las sociedades para prosperar, según Aristóteles, necesitan leyes e instituciones justas, gobernantes prudentes y jueces honestos, pero también un ingrediente sin el que la vida pública no funciona con bien: la amistad cívica.

Adela Cortina. «Amistad cívica». El País. 5 de mayo de 2008.

Rebasamos los cuarenta días que dan nombre a estos períodos de aislamiento: cuarentena y a pesar de las previsiones optimistas que hablan del 1 de junio como el del regreso a clases, parece que en este túnel todavía no se ve ni una mínima luz que nos haga presagiar una posible salida.

Estamos iniciando el mes de mayo pero la monotonía nos hace sentir que estamos a cincuentaytantos o sesentaytantos de marzo, el mes más largo que hayamos vivido muchos de nosotros. Cuando no hay futuro, citaba hace tres semanas en esta Educación personalizante un fragmento del libro de Valeria Luiselli, el tiempo se vuelve una simple suma, “…Una acumulación de meses, días, desastres naturales, series de televisión, atentados terroristas, divorcios, migraciones masivas, cumpleaños, fotografías, amaneceres…” 

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En plena fase 3 de esta crisis sanitaria, cuando todas las autoridades nos piden más que nunca quedarnos en casa, algunos hacemos caso por disciplina, convicción o miedo y otros parecen no entender la gravedad de la situación o adoptar la actitud de indiferencia o valemadrismo que caracteriza la cultura mexicana.

Mientras tanto, en los medios de comunicación y las redes sociales se sigue librando la batalla por imponer una narrativa partidista e ideológica para buscar votos como si toda la realidad se redujera a estar a favor o en contra de la (mal) llamada 4ª. transformación.

No importan los contagios, los enfermos y sus familias, los muertos y el sufrimiento de sus seres queridos, los empleos que se están perdiendo paulatinamente, las empresas pequeñas y medianas que agonizan, los pobres que tienen que seguir trabajando porque viven al día, los empleados de sectores no esenciales que son obligados por la ambición de sus patrones a seguir trabajando, los médicos y enfermeras y todos los trabajadores del sector salud que día a día se juegan la vida para salvar la de todos y reciben a cambio insultos y agresiones.

Lo prioritario para las fuerzas políticas afines al gobierno actual y para sus seguidores –reales y bots- es hacer creer a todos que el gobierno está haciendo un trabajo perfecto, que no existen carencias o errores en las estrategias para enfrentar la pandemia o en el tratamiento de la información, que todas las insuficiencias del sistema de salud son producto del “pasado neoliberal” y que el presidente es el líder sin mancha que nos llevará a la felicidad por decreto y por puras buenas intenciones.

Lo esencial para las fuerzas de oposición y para sus seguidores –reales y bots- es plantear que todo, absolutamente todo se está haciendo mal, que el gobierno oculta y manipula la información por pura perversidad y que el sistema de salud colapsa por las malas decisiones del gobierno actual y no porque tengamos décadas de corrupción y abandono en todas las instituciones de salud.

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Para los seguidores del gobierno, todos los que se atreven a publicar algo que cuestione la verdad oficial o que evidencie alguna falla son –siguiendo el discurso del presidente- “conservadores”, “neoliberales”, “malintencionados”, “traidores a la patria”. Para los que simpatizan con la oposición todo lo que digan los seguidores del gobierno es producto del resentimiento, del odio y de la ignorancia o de una especie de “conspiración comunista” como las que se planteaban en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado.

El viernes pasado leí como habitualmente lo hago la columna de Alma Delia Murillo en el diario Reforma. En ella, la escritora y periodista hace un llamado a dejar de lado de una vez por todas este discurso de odio que no aporta nada a enfrentar el reto de esta pandemia ni los demás desafíos urgentes que tiene este país y que serán mayores cuando volvamos a la “normalidad”.

Foto: Marlene Martínez

“Las redes responden con una alienación inaudita al discurso del enemigo, y responden tanto los seguidores como los odiadores del Presidente.
¿De verdad no podemos parar?
Hace falta que todos, simpatizantes y opositores, nos bajemos del tren de la agresión. Porque no podemos responsabilizar sólo al discurso del Presidente: sí, su responsabilidad es mayor por lo que él simboliza, pero ¿y el libre albedrío de los demás?, ¿la capacidad de templanza personal?”

Alma Delia Murillo. «¿Qué le pasa a México?» Reforma, 1 de mayo de 2020.

La filósofa valenciana Adela Cortina, experta en el tema de Ética ha retomado el término de amistad cívica planteado por Aristóteles como una necesidad urgente para las sociedades democráticas en estos tiempos de crisis que se han exacerbado con la contingencia por COVID-19 que nos tiene a todos encerrados y estresados.

Según afirma en la cita que sirve como epígrafe a esta Educación personalizante, las sociedades necesitan leyes e instituciones justas, gobernantes prudentes y jueces honestos pero también requieren de amistad cívica, un ingrediente fundamental para el funcionamiento de la vida pública.

Según Cortina, la amistad cívica consiste en que “…los ciudadanos de un Estado…por pertenecer a él, saben que han de perseguir metas comunes y por eso existe ya un vínculo que les une y les lleva a intentar alcanzar esos objetivos, siempre que se respeten las diferencias legítimas…” 

Es más que evidente que en nuestro México no existen ni leyes justas –o al menos la aplicación justa de las leyes-, ni gobernantes prudentes –cada conferencia mañanera lo demuestra-, ni jueces honestos; pero también es muy claro que no existe entre nosotros, los ciudadanos, la amistad cívica, indispensable para afrontar juntos los enormes problemas que aquejan al país y para emprender unidos el camino hacia la superación de la profunda crisis que se está gestando con la contingencia de salud.

La ciudadanía está dividida en bandos irreconciliables y esta situación no parece tener una salida. Aquí podemos ver otro de los grandes retos que tiene el sistema educativo nacional en el ámbito de la formación ciudadana.

Más que centrarnos en la enseñanza de los contenidos programáticos –o además de hacerlo- los educadores deberíamos aprovechar esta situación especial de clases a distancia en la que los niños y jóvenes están en sus casas conviviendo con sus familias para proponer actividades de formación ciudadana relacionadas con la construcción de amistad cívica para la solidaridad y la cooperación colectiva.

Como afirma la misma filósofa española, amistad cívica no significa abolición de la diversidad ni generación de individuos homogéneos. Por el contrario –y la situación de polarización y discursos cerrados de odio actuales nos lo hacen evidente- se trata de construir una ciudadanía compleja y no una ciudadanía simple, como dice Cortina “sin atributos, sin carne, ni sangre humanas, que no existe más que en las mentes totalitarias”.

La construcción de amistad cívica dentro de la formación ciudadana tiene mucho que ver con el desarrollo de habilidades de pensamiento crítico y de habilidades socioemocionales que capacite a los niños y jóvenes para no ver en el otro “un enemigo a abatir, sino un igual con el que hay que resolver con justicia los problemas comunes…”

Se trata de una tarea urgente si queremos poner las bases para la viabilidad de nuestra nación y su desarrollo democrático, justo, pacífico e incluyente.

*Foto de portada: Heriberto Paredes

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..