Aislamiento, rebeldía y sociedad universal
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
19 de mayo, 2020
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“Y de hecho, a medida que disminuye el número de seres humanos que viven en un aislamiento total con relación a los demás hombres, es mayor la tendencia a construir

una única sociedad humana universal”.

(Lonergan, 1988; p. 345)

Según la cuenta de mi amiga en Facebook, llevamos hoy miércoles 20 de mayo, 61 días de aislamiento forzado –los que hemos hecho caso del llamado a quedarnos en casa- y la cuenta seguirá subiendo no sabemos hasta cuando porque el número de contagios y de fallecimientos a causa de la enfermedad por COVID-19 desafortunadamente sigue aumentando.

Alrededor de dos meses de estar aislados casi totalmente de los demás seres humanos lo que supondría, siguiendo la lógica del epígrafe de esta Educación personalizante que estamos ante la tendencia a desincentivar la construcción de una única sociedad humana universal en plenos tiempos de globalización y de la mayor interconexión entre seres humanos que haya habido en toda la historia.

Si observamos muchas de las reacciones que se han producido a nivel internacional a partir de la pandemia más grande de los últimos tiempos, podríamos decir que es cierto y que estamos viviendo en un proceso de reversión de la tendencia globalizadora del mercado y la tecnología que había ido detonando una interacción nunca vista entre personas y culturas.

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En efecto, una de las medidas que han adoptado en varios países para tratar de contrarrestar la ola de contagios y preservar la vida de sus ciudadanos es el cierre de sus fronteras y aeropuertos y la prohibición del ingreso a ciudadanos de otras nacionalidades.

El cierre de fronteras y el aislamiento ha roto también las llamadas cadenas productivas internacionales lo que está generando una desaceleración que según los que saben de economía derivará en una fuerte recesión mundial en este año 2020.

La globalización se produjo de una manera desequilibrada y se desarrolló mucho más rápida e intensamente esta ala de la producción, circulación, venta y consumo de mercancías que se producen por partes en diversos países que el ala de la integración mundial de las culturas, de la solidaridad y la inclusión, de la libre movilidad y colaboración de los seres humanos. 

Por eso hoy se vive una gran presión para reactivar estas cadenas productivas por ejemplo entre Estados Unidos, México y Canadá, lo que está añadiendo una variable muy importante a la difícil decisión de nuestro gobierno en la tensión inevitable entre cuidar la salud y evitar el colapso económico que generaría también mucho sufrimiento social e incluso muchas muertes.

Pero más allá de esta dimensión económica, el aislamiento está produciendo paradójicamente un efecto contrario al que señala Lonergan sobre la construcción de una sociedad humana universal. 

Porque a pesar de que mucho se hable de tratar de encontrar el lado positivo al quedarse en casa en términos de disminución de la contaminación ambiental, incremento de la convivencia familiar –aunque también existe un incremento de la violencia intrafamiliar que el presidente se empeña en negar-, posibilidades de reencontrarse con uno mismo y meditar sobre lo realmente importante de la existencia, etc. la mayoría de las personas añora en mayor o menor medida la convivencia social más amplia dentro de su sociedad y la posibilidad de volver a viajar y compartir espacio y tiempo con personas de otras nacionalidades y culturas.

Los seres humanos no estamos hechos para vivir en soledad, somos seres sociales por naturaleza porque como dice Lonergan, hay un nosotros originario que es anterior a los nosotros que construimos de manera libre a partir de la estimación y el amor entre personas. Es un nosotros vital y funcional que es “como si fuéramos miembros unos de otros antes de distinguirnos unos de otros…”

Foto: Abhilash Jacob | Pixabay

De manera que paradójicamente y corrigiendo o complementando la cita del epígrafe, a medida que el coronavirus nos hace estar aislados totalmente con relación a los demás seres humanos, se intensifica la necesidad sentida de construir una única sociedad humana universal en la que nos cuidemos unos a otros y podamos algún día abrazarnos los unos a los otros.

Se trata de una forma nueva de rebeldía frente a un intento inédito de determinación que nos planea la naturaleza a partir del nuevo coronavirus. Porque el hombre rebelde, dice Camus, es el que dice no, aunque según el filósofo y Premio Nobel de Literatura negar no significa renunciar y con su negación el ser humano también dice sí. 

Porque quedándonos en casa para prevenir el colapso de los sistemas de salud y para cuidarnos y cuidar de los demás, los seres humanos responsables de hoy estamos diciendo no al intento de determinación del nuevo virus que genera muerte y bloquea las posibilidades de encuentro cercano y de convivencia cara a cara entre las personas en el mundo de hoy.

Porque quedándonos en casa para tratar de que la adaptación al nuevo peligro para la salud sea menos letal los seres humanos responsables de esta época, de este cambio de época, estamos diciendo sí a la posibilidad de construir una única sociedad humana universal en la que sea posible la emergencia de la solidaridad entre razas, pueblos y culturas hacia la consecución del objetivo común de salvar a la humanidad, realizándola.

Camus afirma que el movimiento de rebelión se sustenta en un rechazo radical a una intromisión que se considera intolerable y en este caso se trata de la irrupción de la enfermedad producida por el COVID-19.

“Para alcanzar su fin –dice César Águila Cázarez sdb. en su síntesis sobre esta obra del pensador argelino– el hombre rebelde pone la parte de sí mismo que quiere hacer respetar por encima de lo demás y lo proclama preferible a todo…” 

De esta rebeldía nace la conciencia dice el mismo blog, por la que el hombre rebelde quiere identificarse totalmente con ese bien del que ha adquirido conciencia.

Una idea muy significativa y aplicable a los hombres y mujeres rebeldes de la pandemia, sobre todo a los médicos y enfermeras que están en primera línea luchando contra esta pandemia es la que dice que “…la muerte de un hombre en el movimiento de rebelión significa que se sacrifica en beneficio de un bien del que estima que sobrepasa su propio destino…” 

En estos momentos críticos que vivimos durante las semanas más altas en número de contagios y de fallecimientos por el coronavirus es más que nunca relevante el llamado a ser hombres y mujeres rebeldes, personas que digan no a la situación de muerte y aislamiento en la que nos ha puesto esta nueva enfermedad, personas que con su no, digan sí a la búsqueda de una nueva sociedad –una nueva ANORMALIDAD que se vuelva después normalidad- en la que la vida siga venciendo a la muerte y la humanización venza por fin a la deshumanización.

A unos días de haber conmemorado el día del maestro trabajando desde casa y diciendo con nuestro ejemplo NO a la determinación del virus que pretende alejarnos a unos de otros, diciendo sí a la posibilidad de seguir juntos y dialogando aunque sea con la mediación de una pantalla, es imprescindible reorganizar la esperanza y seguir contribuyendo a construir una única sociedad humana universal.

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*Foto de portada: Dương Nhân | Pexels

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..