Una conversación con TRES en tiempos de pandemia
Entrevista con TRES sobre su perspectiva del desecho como punto de reflexión sobre comportamientos sociales de consumo evidenciados con la pandemia COVID-19
Por Klastos @
16 de abril, 2020
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Klastos

En plena pandemia del SARS-CoV-2, entendemos la emergencia como algo caótico, como un momento de confusión y crisis. Sin embargo, también es posible pensar la emergencia como ese momento inesperado en el que podemos convocar otras formas de vida, experimentar con otros modos de estar juntos: la emergencia como lo que urge pero también como lo que surge.

TRES (Ilana Boltvinik + Rodrigo Viñas) ha trabajado durante años en torno a la cualidad emergente de la basura, que los ha hecho rastrear la compleja existencia de, por ejemplo, colillas de cigarros, chicles y orina

Para TRES la basura no es meramente un sobrante inerte sino que articula formas de existencia que se resisten a desaparecer y que reordenan los flujos y los modos de nuestra cotidianidad. Interrogar ese excedente, muchas veces tóxico y contaminante, permite narrar la realidad de otros modos, tramar otros relatos sobre las inadvertidas formas como vivimos y nos relacionamos.

Desde la incertidumbre generada por la actual emergencia sanitaria, Klastos conversó con TRES para reflexionar sobre cómo podríamos concebir la pandemia, el virus y la contaminación que han emergido amenazantes en esta coyuntura, y preguntarnos si acaso podemos contagiarnos de otros modos.

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¿Cómo están viviendo la pandemia, un acontecimiento ciertamente glocal, tan localizado e inmediato como, a su vez, deslocalizado y lejano?

Ilana Boltvinik (IB): Desde una perspectiva que permea tanto lo personal como lo laboral y la práctica docente, hay un término que ahora me está rondando en la cabeza que tiene que ver con las constantes contradicciones en las que estamos inmersos. ¿Por qué “contradicción” y no local y global, personal y no personal, o cuerpo y des-cuerpo?

Pareciera que, como estamos guardados en casa, tenemos mucho tiempo, pero en realidad, a la vez, estamos más saturados que nunca porque todo se tiene que transferir a medios digitales y porque la situación requiere de mucha atención. Hay una contradicción muy fuerte entre lo que se dice que tenemos que hacer y lo que realmente podemos hacer; entre los que pueden y los que no pueden; entre para quienes hay tratamiento, resguardo, cuidado y aquellos que están afuera, expuestos, vulnerables.

Quizás la idea de contradicción, que es muy seductora, no funcione del todo, ¿no? La contradicción parece implicar dos momentos estáticos claramente opuestos y lo que describes apunta más bien a transiciones (entre local y global, personal y colectivo, sano y contaminado) que se estabilizan momentáneamente, ¿no creen?

IB: No creo que exista per se una contradicción que no sea un flujo de cosas que están emergiendo en momentos distintos. En realidad, siempre vemos partes muy pequeñas de un fenómeno que está, a su vez, escondiendo muchas otras cosas que suceden por debajo, entonces no importa qué estés viendo, siempre hay una contraparte que está escondida y que en algún momento va a emerger. Lo que han mostrado estas condiciones actuales es que no estamos situados tan estática y firmemente como pensábamos.

Rodrigo Viñas (RV): Yo estaría de acuerdo en que la contradicción sería un estadio momentáneo. No puedo evitar hacer la relación con el virus: ¿en qué parte del virus estamos ahora, que se está manifestado por el contagio, y qué otras partes podría haber para que se muestre? ¿O acaso se está manifestado ahora de esa forma porque hubo antes toda una serie de factores que hicieron que se mostrara de esa forma y no de otra? A mí me gustaría hablarlo con un científico para ver qué otro tipo de funciones podría tener el virus.

TRES, Chicle y pega, 2012. / Foto: Sitio web de TRES.

Siguiendo con esta idea del estadio momentáneo, ¿conciben su práctica artística como una forma de dar cuenta de un estado continuo de emergencias, de cosas (económicas, sanitarias, políticas, culturales, etc.) fuera de lugar, desubicadas? ¿Dirían que su trabajo responde a las distintas formas que puede tomar la emergencia?

IB: Parte importantísima de nuestra investigación artística tiene que ver con dejar que estos objetos nos digan qué es lo que quieren y necesitan. Ya sé que parece una imposibilidad técnica y ontológica, pero cada proyecto se adapta a lo que encontramos en el lugar, y eso nos dicta qué tipo de formato debemos darle al trabajo.

Pienso en una frase de Ortega y Gasset: “Para tener mucha imaginación hay que tener mucha memoria”. No es que estemos caminando y simplemente vayan emergiendo las cualidades de las cosas que nos vamos encontrando, sino que detrás de eso también hay mucha investigación documental y de otras índoles para hacer que esas cualidades tengan un sitio donde emerger. Es así con el virus también: el virus está ahí pero no es sino hasta que se incuba en un cuerpo cuando puede florecer como un virus.

Es interesante esta idea del movimiento y la transformación continua de las cosas en estadios distintos, porque uno de los efectos más impactantes que han tenido las medidas de aislamiento social en buena parte del mundo ha sido una notable reducción en los niveles de contaminación. Desde la experiencia que les ofrece su trabajo, ¿qué lectura harían de esta tensión entre el estado de emergencia sanitaria actual y la aparente reducción de los flujos de la basura y su impacto en la contaminación?

RV: En efecto, hemos visto una gran cantidad de imágenes satelitales de megaciudades del mundo como París o Nueva York en las que parece que la contaminación del aire baja por la ausencia de vehículos. Pero, ojo: en Ciudad de México bajó el 60% del padrón vehicular y, paradójicamente, la contaminación en el aire aumentó. Esto dice algo obvio: que no son solo los coches los que están provocando esa contaminación que estamos viviendo. A lo mejor no salimos a la calle y, por ende, consumimos menos gasolina o energía eléctrica del Metro, pero probablemente consumiremos más gas, o más papel de baño, o más insumos que desecharemos en mayor cantidad.

Una experiencia que nos ha dado nuestro trabajo es que consumimos y gastamos más (y por ende generamos más basura) cuando tenemos prisa. Es decir, cuando uno tiene una emergencia solo piensa en cómo resolverla sin importar qué va a generar esa solución. Puede que la basura y la contaminación se estén desplazando a otro lado y ahora quizá no se trate de pensar en los gases invernadero, sino que tendremos que pensar en los materiales que se utilizan para los insumos médicos, de dónde se extraen esos materiales, dónde y cómo se desechan, si se incineran y van a dar al aire o no…

Eso es un aspecto recurrente en su trabajo: una suerte de obsesión, de impulso de rastreo o persecución de los desechos, los sobrantes, por todo aquello que está desautorizado para aparecer. ¿Qué piensan que hay ahí en juego? ¿Por qué creen que vale la pena volver a reinsertar, volver a hacer emerger aquello que tendría que haber desaparecido?

IB: Es algo que nos ayuda a invertir la ecuación de las cosas. Vivimos en una pulsión por el consumo. Compramos las cosas, las usamos y, luego, las tiramos. Pareciera una línea muy clara y, sin embargo, creo que el asunto no es tan lineal. En efecto, podemos pensar la basura como un excedente, como un resto, pero preferimos pensarla más bien como lo rechazado. Lo rechazado tiene que ver con todo aquello que no queremos ver porque irrumpe en el sistema en el que nos encontramos haciendo ruido, moviendo cosas y generando dudas, incertidumbres. Nuestra obsesión tiene que ver, precisamente, con rastrear esos rechazos, eso que ignoramos.

TRES, Ubiquitous Trash – Hong Kong Edition, 2016. Fotos: Sitio web de TRES.

RV: La basura es algo que dejamos de lado, algo que decidimos no ver. Creo que el ejemplo perfecto es la basura espacial, con lo que hemos trabajado últimamente. Hay algo que está sucediendo en el espacio exterior que no podemos percibir porque estamos muy lejos. ¿Cómo podemos hacer eso visible? ¿Cómo podemos mostrar algo que está en otra escala? Nos preguntamos cómo es que esa mierdita mínima, que está ahí flotando en el espacio, de pronto se vuelve súper poderosa y capaz de provocar una explosión. Nuestra obsesión es preguntarnos de dónde viene todo eso, de qué fue parte esa cosita. Quizá de un trasbordador que se desprendió en tal año, que venía de tal lugar, y así poco a poco vamos dándole una personalidad propia a eso que aparentemente no la tiene.

Es como si fuésemos médiums de la basura: ¡queremos hacerla hablar! Alguna vez nos dijeron que lo nuestro es una obsesión por querer explicar el mundo a través de las cosas más mínimas. No estoy de acuerdo porque para mí la basura no es una cosa mínima, al contrario, es una ventana a todo el sistema. Es algo en apariencia mínimo que, en realidad, puede contenerlo todo.

TRES, Trapped, 2012. Fotos: Sitio web de TRES.

IB: Una de las cosas que nos parece fascinante de la basura es todo el tabú que la rodea. Pareciera que la basura es sucia y peligrosa y, en realidad, la mayor parte del tiempo no lo es. Cuando le generamos esos atributos negativos, encajados en estructuras monolíticas, con juicios morales muy específicos, estamos dejando de lado todo tipo de contradicciones igual de importantes.

En efecto, en muchos casos la basura puede ser algo sucio y peligroso, pero en muchos otros casos no es así: también puede ser un producto, un alimento, algo que atrae a ciertos agentes y que repele otros, dependiendo de sus flujos y de cuándo y cómo emerja. Esto es lo que nos parece interesante y nos obsesiona de las contradicciones de la basura.

Es interesante que en los últimos 25 años, a partir de la entrada formal de México al sistema neoliberal global, hayamos vivido en una exaltación constante del flujo, de la movilidad, de la globalización y la dispersión y, de pronto, paradójicamente, todos esos términos se ven concentrados negativamente en el virus. 

Ahora nos vemos forzados a exaltar el control y el estado de sitio. Se abren así múltiples contradicciones: por ejemplo, por una parte, China nos parece un modelo a seguir en este momento por lo eficaz que fue para construir un hospital en pocos días, aunque usualmente es vista como una dictadura para Occidente; por otra, Estados Unidos, que usualmente evita intervenir en el libre flujo del mercado, ahora insta a las grandes empresas a producir lo que es necesario para la emergencia sanitaria

Pareciera que necesitamos, sea como sea, que alguien ponga orden en este caos. ¿No les parece una especie de pulsión de dominio patriarcal por controlar este flujo desbocado?

RV: No queremos al Estado pero lo necesitamos en esta crisis que estamos viviendo. Queremos a alguien que se haga cargo y ponga orden, sea como sea, aunque bien sabemos que estamos a la deriva en esto que parece inabarcable. En ese sentido creo que pasa igual con la basura: es algo inabarcable que está siempre en movimiento. Ahora bien, yo sí creo que algo bien cabrón está sucediendo al romper con la colectividad. ¿Qué pasa cuando lo que el Estado exige es una sociedad individualista, mediada por interacciones virtuales? ¿Qué tipo de colaboraciones esperamos de eso?

Esta división de la sociedad sí es muy peligrosa. Medidas autoritarias (porque lo son, aunque disimuladamente) como las del aislamiento social, que demandan cierto grado de individualidad, son sin embargo medidas colectivas porque esperamos que todos las cumplan por igual. Se supone que en esa individualidad estamos cuidando al otro, pero también se trata de tenerle miedo al otro, un miedo desde el cual se supone que nos cuidamos a nosotros y cuidamos a los demás. Me parece una paranoia muy esquizofrénica y, de nuevo, contradictoria.

IB: Para mí lo que está sucediendo todavía es muy oscuro políticamente. Creo que, por ahora, se trata de preguntarnos cómo podríamos imaginar otros modos de hacer, de estar, de vivir (como respuesta a este dominio patriarcal). Pero en este momento parece algo muy difícil porque los que aún tienen trabajo están más saturados y con más presión que nunca, y los que no tienen trabajo están enloqueciendo precisamente porque no tienen trabajo. Ninguno de esos dos extremos te permite reinventarte de ninguna forma.

Entonces creo que toda esta situación ha hecho evidente que el Estado nación es un figura meramente simbólica, porque finalmente aunque cada país tenga sus propias medidas para lidiar con el virus, igual está en todos lados, con todo el ensamblaje que involucra no solo al virus en sí mismo sino también los demás agentes con los que se relaciona: humanos, no-humanos, artefactos, que lo hacen traspasar toda frontera, todo idea de territorio, haya o no haya vuelos, haya o no haya estados de excepción. Creo que se trata de un momento que nos hará darnos cuenta de que ya no podemos seguir pensando las cosas como individualidades separadas, espero.

¿Qué papel creen que juega la noción de “contagio” y su relación con la de “contaminación” en las prácticas de investigación artística que ustedes han llevado a cabo? ¿De qué modo contagiarse podría dejar de entenderse en un sentido negativo para abrir nuevas posibilidades de analizar e interpretar las emergencias de la actualidad?

IB: El contagio es ponerte en contacto con algo. Lo que sería interesante es preguntarnos de qué otras formas podríamos contagiarnos, porque contagiarse creo que es tener la posibilidad de repensar en qué estamos metidos y de qué modo lo estamos. Finalmente, el contagio no solo es un asunto físico, sino que también es una construcción política. Es decir, ¿qué tanto sabemos de las realidades de este virus en la era del fake news?

El contagio podría ser una construcción política pero también epistémica, porque ustedes en sus trabajos suelen involucrarse con otras formas de conocimiento no artístico que son vitales para sus propios procesos de investigación: han trabajado con biólogos, con médicos, con restauradores, en fin, han producido contagios epistémicos en los que se genera incertidumbre, es decir, estados de emergencia, situaciones imprevistas que crean nuevas posibilidades. 

Pero, precisamente, en esa lógica más de una vez se habrán topado con resistencias y rechazos, ¿no? Es probable que esos especialistas de otras áreas no entiendan lo que quieren hacer y se nieguen a colaborar, ¿cómo lidian con esas tensiones del contagio epistémico?

IB: Pensamos que con el virus el contagio es unidireccional: él nos afecta a nosotros, pero no al revés. Yo, en cambio, quisiera pensar que también lo estamos afectando de algún modo. En otras palabras, el contagio cambia si se piensa como algo multidireccional, que afecta y es afectado en sentidos complejos. Lo mismo pasa con el contagio epistémico. Nosotros no podemos llegar a generar incertidumbre a otros campos sin que ese campo nos genere también a nosotros cuestionamientos. Creo que sería algo que, éticamente, no tendría valor para nosotros porque lo que queremos lograr es una desestabilización mutua. 

RV: Nos sucede mucho en nuestras colaboraciones que cuando queremos contagiar a los otros con nuestra pasión por la basura, surgen las incertidumbres. Nosotros trabajamos con metodologías que parecen no serlo, o al menos para esos otros con los que colaboramos, que vienen más bien de campos científicos en los que las metodologías producen certezas y no incertidumbres. Nosotros mientras trabajamos vamos pensando en qué formas darle a nuestro proyecto, y eso puede ser difícil de lograr en procesos de colaboración precisamente por esas desestabilizaciones que generamos con el contagio.

TRES, Chicle y pega, 2012. / Fotos: Sitio web de TRES.

Es habitual que en situaciones de crisis como la actual el arte se presente como un refugio y un pasatiempo para distraerse. Por ejemplo, la Secretaría de Cultura federal ha lanzado la plataforma Contigo en la distancia, un reservorio de contenidos para mantenerse ocupados y entretenidos durante el tiempo que permanezcamos en casa, limitando drásticamente las posibilidades del arte y la cultura en una situación de emergencia. 

¿Qué papel creen que deberían jugar las prácticas de investigación artística en la coyuntura de emergencia actual? ¿Cómo creen que estas prácticas podrían intervenir directamente en esos estados de crisis y conflicto?

IB: Creo que el papel que podría tener la investigación artística en una coyuntura como esta tendría que ver con contagiar esa curiosidad por el universo. Creo que la investigación artística está construyendo universos paralelos con los que podemos dialogar desde prácticas sociales diversas. Esa es una labor que podría tener el arte en momentos como estos: hacernos preguntas, reimaginarnos. Creo que se trataría de experimentar con otras formas de estar juntos, preguntándonos, claro, qué significaría eso de “estar juntos” ahora.

RV: Definitivamente, pensar el arte como entretenimiento en estos momentos es denigrar por completo muchas prácticas artísticas que son mucho más complejas y sugerentes. En nuestro caso, al menos, la investigación artística requiere más bien de la búsqueda o construcción de muchas formas de conocimiento que van más allá de la inmediatez. Nuestra práctica es indagar, investigar, tomarse el tiempo para leer, consultar, producir, experimentar.

El sistema nos ha enseñado que la forma de vida es hacer dinero para gastarlo. Ahora, se ha hecho muy común el fenómeno de las bibliotecas y museos virtuales, y tiene sentido dentro de la lógica de ese sistema porque se trata de consumir y de entretenernos. ¿Por qué los museos y las instituciones culturales no aprovechan este momento para experimentar con la digitalización pero, más bien, desde otro horizonte que no sea ese que replica el funcionamiento del sistema?

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Klastos es un suplemento de investigación y crítica cultural en Puebla publicado en colaboración con Lado B. CONSEJO EDITORIAL: Mely Arellano | Ernesto Aroche | Emilia Ismael | Alberto López Cuenca | Gabriela Méndez Cota | Leandro Rodríguez | Gabriel Wolfson. COMITÉ DE REDACCIÓN Renato Bermúdez | Alma Cardoso | Alberto López Cuenca | Tania Valdovinos. Email: revistaklastos@gmail.com