Orientación vocacional en tiempos de contingencia
Durante la cuarentena, las necesidades de acompañamiento psicológico permanecen, e incluso aumentan y dentro de un contexto de incertidumbre
Por Lado B @ladobemx
23 de abril, 2020
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Foto: ThisIsEngineering | Pexels

Lic. Mariana Solana Filloy | Espacio Ibero

Durante las últimas semanas, la gran mayoría de quienes trabajamos en centros educativos lo hemos hecho desde casa. Las clases cambiaron a modalidad en línea, se diseñaron procesos de admisión y de trámites escolares a distancia y las juntas de trabajo se realizan a través de distintas plataformas digitales.

Junto con estos procesos también cambiaron las modalidades de atención a estudiantes en el ámbito de la orientación educativa. Las dificultades académicas siguen, las necesidades de acompañamiento psicológico permanecen, e incluso aumentan y dentro de un contexto de incertidumbre, las dudas sobre la decisión vocacional están más presentes que nunca.

En el trabajo regular la atención de orientación vocacional que damos en la institución en la que trabajo se enfoca sobre todo en alumnos universitarios que están contemplando un cambio de carrera. En estos días, sin embargo, los alumnos que han solicitado orientación son aquellos que están terminando la preparatoria. Muchos de ellos comentan que los procesos de orientación de sus preparatorias se han detenido o que además de eso quieren tener otro acompañamiento para “asegurar la decisión”.

Dar orientación a través de una plataforma digital tiene sus particularidades y ha traído dificultades y aprendizajes, pero más allá de el formato en el que se están dando estas sesiones, hay elementos en la actitud y los comentarios de los alumnos que han llamado mucho mi atención.

Lo primero que he identificado en varios alumnos es que pareciera que se sienten culpables por preocuparse tanto por la decisión vocacional en un contexto en el que, en sus palabras, “hay cosas mucho más importantes y graves”. Un estudiante comentó: “cómo le digo a mi familia que me estresa muchísimo decidir qué voy a estudiar cuando ellos están estresados porque el negocio no quiebre o mis abuelos no se enfermen”. Rodeados de noticias alarmantes, una situación económica incierta y una dinámica familiar distinta, pareciera que no hay lugar para preocupaciones como la elección de carrera, pero lo cierto es que esa inquietud está presente y, por el contrario, crece al mirar alrededor.

Estamos hablando de jóvenes de 17 o 18 años que han escuchado una y otra vez durante los últimos años que la carrera que elijan es importante, que deben pensarlo bien y con cuidado. En la mayoría de los casos, están a punto de tomar la primera decisión fuerte de manera autónoma y les toca hacerlo en una situación atípica y con procesos distintos a los que esperaban.

Foto: PxHere

Además de la preocupación por la decisión, varios de los jóvenes tienen una sensación de tristeza o añoranza por no poder cerrar su ciclo de bachillerato con sus compañeros y amigos de mucho tiempo.

A pesar de estas sensaciones hay actitudes en estos jóvenes que me sorprenden y que también me hacen cuestionar nuestros procesos “regulares” de orientación vocacional. Varios comentan que buscaron el acompañamiento porque tienen mucho tiempo libre, utilizan expresiones como: “ahora que si tengo tiempo”, “le puedo dedicar más a la decisión porque no hay mucho que hacer”, “estos días me he entretenido revisando planes de estudio”, etc.

La forma en la que lo expresan me hace pensar que en condiciones regulares no dedicarían tanto tiempo a revisar sus opciones, a definir sus intereses y a pensar en la decisión. Da la sensación de que en su rutina cotidiana no hay suficientes espacios para dedicar a la decisión vocacional o que no hay una claridad sobre las implicaciones de esa elección. Pareciera que esta situación atípica les presenta una oportunidad única para pensar en su futuro.

Varios estudiantes me han comentado que tenían claro lo que querían estudiar, pero al estar en casa han vuelto a hacer cosas que siempre amaron pero que habían dejado atrás. Es el caso de una chica que durante esta cuarentena está escribiendo “como lo hacía de chica”. Tener tiempo para hacerlo le ha recordado lo mucho que le gusta y la idea que siempre tuvo de ser escritora o editora.

En la sesión de ayer expresó “dije que iba a estudiar negocios internacionales porque me da miedo no tener trabajo o un buen sueldo, pero ni sé que es eso ni me interesa”. Su decisión todavía no está tomada y hay mucha información que necesita revisar, pero la cuarentena le ha dado el espacio para dudar sobre aquello que no se había preguntado.

Este tiempo también les ha permitido tener pláticas con sus papás sobre lo que quieren y esperan. Un chico ya estaba inscrito en la carrera de Derecho, durante estos días platicó con su papá sobre esta decisión y le confesó que eligió esa profesión porque sabía que eso esperaban de él. Su sorpresa fue que su papá le contestara que lo que él esperaba es que eligiera algo que le guste y en lo que está dispuesto a esforzarse, no algo con lo que pueda heredarle el negocio familiar. Esto provocó que el se de la oportunidad de dudar y de cuestionar que quiere realmente.

Estoy segura de que las siguientes semanas estarán llenas de historias similares, en las que la contingencia parezca ser una oportunidad única para que se siembren dudas en los jóvenes que lleven a decisiones más conscientes, pero también dudas en nosotros que nos permitan seguir mejorando nuestra práctica durante y después de este tiempo.

*La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

*Foto de portada: Pexels

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Lado B
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