La oportunidad del desastre: business as usual?
La crisis y el miedo son grandes oportunidades para reivindicarse y hacer negocios. Nada nuevo: la doctrina del shock lleva con nosotros demasiado tiempo
Por Klastos @
23 de abril, 2020
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Guy Emerson

Aparece siempre con renovado entusiasmo, como si fuera su primera vez. Sólo que en México lo ha estado haciendo a cada rato: 1982, 1995, 2009 y parece que, de nuevo, 2020. La crisis se presenta siempre como una novedad, como una sorpresa. 

Aunque lo decían los libros (“el capitalismo está abocado a una crisis cíclica”), la experiencia personal de cada quien da fe de ello sin necesidad de mucha teoría: el capitalismo es una crisis continua. 

Naomi Klein profundizó en ello en La doctrina del Shock (2007), y nos mostró que el miedo, la vulnerabilidad y la incertidumbre permanentes no son accidentes de este sistema económico sino elementos cruciales para su funcionamiento. La pandemia nuestra de cada día, ¿es solo una nueva oportunidad para hacer negocios?

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Naomi Klein, La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre, 2007.

Crisis y oportunidad

Reemplace la «destrucción creativa» con el “aprovechamiento creativo de la destrucción”. Esta es, en pocas palabras, la doctrina del shock. No se trata tanto una actualización de las ideas del economista Joseph Schumpeter, sino más bien de su cambio de fase. A diferencia de Schumpeter, a quien le preocupaba el modo tan volátil como el capitalismo se “autoordena” en la medida en que aplica una lógica mercantil en todo aquello que destruye, Naomi Klein argumenta en La doctrina del Shock que la destrucción misma es el modo como se genera la “oportunidad capitalista”.

La doctrina del shock opera en la zona cero del capitalismo, recogiendo las ruinas y restos que provoca con cada crisis y reordenándolos para volverlos a hacer productivos. En este sentido, la doctrina del shock no es una fase particular del capitalismo tardío, sino su subproducto macabro, una especie de oportunismo del desastre. El desastre es su negocio.

Si volvemos a Schumpeter es solo para invertirlo: la doctrina del shock es la destrucción pensada creativamente. La destrucción se adapta a la lógica de las ganancias, con el pensamiento económico ahora en armonía con el desastre.

Covid-1. Rescates y otras líneas de vida económicas. Para compensar la catástrofe –según nos dicen– se requiere una inyección preventiva de capital. El propio Donald Trump -no puedo pensar en una mejor encarnación de la doctrina del shock- ha sugerido que el gobierno de los EUA podría tomar un papel activo en las empresas privadas que reciben ayuda federal. Conclusión: romper y volver a montar.

Agregue a esto un paquete de estímulo que distribuirá hasta US$2000 a cada contribuyente. La lógica no es solo neoliberal, sino también keynesiana: evitar que los demasiado grandes fracasen y redistribuir para aumentar el gasto de los consumidores. Líderes de la industria y efectos multiplicadores; conclusión: business as usual aunque en tiempos no usuales.

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De las ruinas vienen más ruinas 

El desastre no es necesariamente una oportunidad para construir algo nuevo. La doctrina del shock no es el germen  que sigue a un incendio forestal, ni el alivio posterior al desastre. No construye, destruye. Destruye lo que solo fue parcialmente destruido, destruye lo que sobrevivió a la catástrofe.

La doctrina del shock como destrucción se aplica tanto a lo material como a lo inmaterial. No solo son los fondos materiales dirigidos a las empresas privadas en el último contrato lucrativo, sino también la oportunidad que presenta la inestabilidad. La doctrina del shock se convierte en una lógica operativa, una manera de gobernar. La inestabilidad en sí misma debe optimizarse y, si es posible, extenderse políticamente.

La doctrina del shock no solo es un desastre como estrategia para hacer dinero, es un desastre como un manifiesto sociopolítico.

Covid-2. Restringir el movimiento. La medida más efectiva para controlar la propagación del virus –según nos dicen– es el distanciamiento social. El malestar social se reemplaza con el aislamiento social, con recintos forzados y límites al ensamblaje de grandes grupos.

La cuarentena más que cualquier otra medida oficial se ha convertido en la más efectiva para interrumpir la hostilidad social. Conclusión: dividir y hacer viral. 

¿Se derogarán estas nuevas restricciones al movimiento? ¿Qué tan rápido? ¿Qué tan a fondo?

La doctrina del shock responde y continúa el desastre. El desastre es su forma, su oportunidad. La doctrina trabaja creativamente en la destrucción, extendiendo la inestabilidad a nuevas áreas de la economía política. Invoca la inestabilidad, apropiándose de ella como una fuerza motriz. La normalidad no se restaura, ni se restaurará. La excepción es la regla. 

Covid-3. Vigilancia. Los países más efectivos para controlar la propagación del virus –según nos dicen– son aquellos que rastrean a los enfermos. La pandemia ahora justifica el aumento y la difusión de la vigilancia digital habilitada por la inteligencia artificial.

Corea del Sur aprovecha los datos de circuito cerrado de televisión y de tarjetas de crédito para rastrear los movimientos de las personas, y Taiwán integra bases de datos de salud y otras para que todos los hospitales, clínicas y farmacias puedan acceder a la información del movimiento de sus pacientes. Conclusión: cuanto más sabe el gobierno de nosotros, más seguros estamos. 

La destrucción pensada creativamente permite una mayor destrucción creativa. Por extraño que parezca, esta es la lógica de la doctrina del shock. Es una doctrina, sostiene Naomi Klein, que se puede detectar con facilidad entre el Chile posterior a Allende en la década de 1970 hasta las secuelas del huracán Katrina en New Orleans a principios del siglo XXI. 

Foto: Wikipedia

La doctrina del shock es una empresa económica de emergencia que opera a un nivel interconectado, desde lo local a lo nacional y, luego, a lo global. Un golpe de estado en el cono sur de las Américas y un desastre natural en los Estados Unidos hacen realidad y amplían aún más las ideas de la Sociedad de Mont Pelerin – la cuña del pensamiento neoliberal – a medio mundo y siglo de distancia. 

Crisis y oportunidad. O, mejor: crisis y la oportunidad de más crisis.

Posdata: Covid

Pero, ¿qué pasa si la crisis se convierte en una oportunidad para una agenda progresista? ¿Podemos pensar en la destrucción creativamente más allá de la destrucción creativa? ¿Podemos diseñar nuestras propias experimentaciones políticas y económicas?  

Si Klein no está tan convencida de la posibilidad de una agenda progresista en tiempos de crisis, podríamos mirar hacia Marx. Ya lo dice el chiste: los marxistas han predicho con éxito 10 de las últimas 3 crisis económicas. Marx supuso que cuanta más riqueza crea el capitalismo, más siembra también las semillas de su propia destrucción.  ¿Podemos pensar en la doctrina del shock de esta manera, como la oportunidad para implementar cambios progresistas?  

Covid-posdata-1. Movimientos de protesta. Piense el lector en lo que pasaba hace un mes: la marcha del 8M, en la huelga de 9M. La violencia de género y la discriminación económica van de la mano.  

Piense en dos meses atrás: protestas en Santiago y Beirut contra la austeridad. La oposición a las reformas neoliberales y la ineptitud del gobierno van de la mano.  

Piense aún más atrás: Occupy Wall Street, la primavera árabe, el movimiento 15M en España. La oposición a la economía neoliberal también se mueve de lo local a lo nacional y, luego, a lo global.  

Si bien son movimientos diversos, cada uno comparte el reconocimiento de que el modelo económico dominante no está funcionando para la mayoría de la población.  

Collage: Klastos

¿Podría la respuesta a la pandemia hablar más sobre los límites de la economía neoliberal que sobre su propagación? ¿Puede el gasto público salvar un modelo que se basa en el capital ficticio, en la expansión de la oferta monetaria y la creación de deuda? Incluso antes de la pandemia, este era un sistema económico que tenía una demanda insuficiente para absorber el valor que el capital es capaz de producir.  

¿Pueden los paquetes de estímulo liberar el gasto del consumidor? Para el geógrafo económico David Harvey, las economías capitalistas contemporáneas están impulsadas por el consumismo entre el 70% y el 80%. La confianza del consumidor en los últimos cuarenta años se ha convertido en la clave para movilizar la demanda. Sin embargo, en medio de sus propios problemas de salud, ¿podemos salir de la crisis (y potencialmente acelerar la próxima crisis ambiental) para salvaguardar el neoliberalismo?  

Covid-posdata-2. Distanciamiento físico, solidaridad social. A raíz de la crisis, las respuestas locales a una pandemia mundial se están consolidando. Se han implementado iniciativas que van desde la agricultura apoyada por la comunidad, la financiación comunitaria, hasta las cocinas colectivas, para compensar la recesión económica. 

¿Con qué facilidad se derogarán estas iniciativas?

El coronavirus une nuestros futuros inmediatos. Es una pandemia que discrimina indiscriminadamente. Sí, golpea nuestra existencia cotidiana, revelando nuestra precariedad mutua. Pero también afecta desproporcionadamente a aquellos de nosotros que no podemos aislarnos, aquellos que no tienen más remedio que keep calm and carry on.

Imagen tomada de la página web del Center for Disease Control and Prevention (U.S. Department of Health & Human Services).

Recordando a otra Primer Ministra del Reino Unido con credenciales neoliberales impecables, estamos invitados a pensar la pandemia sobre la base de que «la sociedad no existe». Pero, al mismo tiempo, reconocemos la importancia de la cohesión social en momentos de crisis. 

Crisis y oportunidad, pero ¿para quién? ¿Es una oportunidad para las Margaret Thatcher de este mundo? ¿O es una oportunidad para aquellos dispuestos a volver a recuperar el tejido social que el neoliberalismo ha desmantelado tan profundamente?

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