Karina Skvirsky: la fotografía híbrida para cuestionar desde la raza y el género
En la exposición "Geometría sagrada" se aprecian fotografías-collage que cuestionan la historia y la identidad de la artista estadounidense-ecuatoriana
Por Majo Andrade @MajoAg23
21 de abril, 2020
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Foto: Museo Amparo

María José Andrade Gabiño

@MajoAg23

De lejos –a través de la pantalla– se ve la imagen de un cuerpo en el suelo que parece ser aplastado por una gran piedra tallada: con las piernas alzadas, los brazos sobre el piso y un cabello rizado que sobresale por debajo de la piedra. Es “Ingapirca, Rock #8” de la artista ecuatoriana-estadounidense Karina Skvirsky que atrae a la vista por su inusual composición que parece insinuar analogías y acercamientos entre piedra y cuerpo. 

De cerca, y con la explicación de la artista, se aprecia que es un collage análogo: la foto recortada de la piedra -que pertenece al complejo arqueológico Ingarpica, en Ecuador- está encimada sobre una de Karina tomada en un estudio. La piedra, con su carga simbólica –al ser específicamente de Ingapirca–, cubre el cuerpo.

Esta fotografía híbrida, entre collage y performance -pues la artista captura su propio cuerpo de maneras específicas para ser cubierto por las imágenes de piedra y así componer las piezas-, junto con otras piezas audiovisuales formaron parte de la exposición “Geometría sagrada” de Karina Skvirsky que estuvo en el Museo Amparo desde octubre pasado hasta el 20 de abril de 2020. Con motivo de su clausura y como parte del proyecto museístico “El Amparo en tu casa” frente a la pandemia, la artista dio una conferencia vía Facebook respecto a su trabajo fotográfico y audiovisual.

Foto: Museo Amparo

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Las piedras y los cuerpos

La mayoría de las piezas visuales de Skvirsky en “Geometría sagrada” tienen como protagonista la tensión entre las piedras y los cuerpos: las primeras se sobreponen a los segundos.

El proyecto se originó en una investigación que la artista realizó acerca de Ingapirca (Muro del Inca), un sitio arqueológico inca al sur de Ecuador, impulsada por un interés de saber acerca de sus antepasados.

En esta investigación, la artista se encontró con la forma en que los incas construían muros geométricamente perfectos -una técnica en la que se tallaban piedras de tal manera que pudieran sostenerse sin necesidad de usar cemento o algún tipo de conglomerante-. Y con opiniones que aseguraban que la civilización inca no los había realizado porque no contaban con la tecnología suficiente.

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Aunado a que no se sabe con certeza qué era Ingapirca -se tienen dos teorías: un observatorio astronómico o una fortaleza- y el misterio de la silueta de un rostro en una montaña cercana, “La cara del inca”, Skvirsky se encontró con una serie de “paraficciones” -historias que mezclan ficción y hechos reales- donde casi siempre los protagonistas eran extraterrestres. 

A ella le pareció que esas historias eran una forma de no darle su lugar histórico a los incas, de no reconocerlos como un pueblo que había elaborado grandes técnicas arquitectónicas, entre muchas otras cosas, resultado del pensamiento colonialista que sucede al respecto con otras construcciones y civilizaciones antiguas no occidentales -las pirámides de Giza, Chichén Itzá, Machu Picchu-. 

Por ello, y para contrarrestar o, al menos, visibilizar esta grave injusticia, decidió desarrollar las fotografías-collages, como para “envolverse en la historia inca” al sobreponer las piedras talladas sobre los cuerpos. 

A la par de este objetivo, en las piezas de la artista también se intuye la tensión que hay con la identidad, que parece ser cubierta por esas fotos de piedras talladas. 

Uno de los collages, por ejemplo, es donde está más latente esta cuestión: una fotografía de retrato tiene sobrepuesto justo en el rostro otra foto de una piedra. 

Foto: Museo Amparo

Estas anteposiciones, que ocultan y a la vez potencian los cuerpos al asemejarlos con las piedras, pueden ser leídas como un reflejo de esa convivencia de identidades que se da en la artista misma: ecuatoriana-estadounidense con raíces incas, africanas y judías. 

Aunque Skvirsky cree que su obra supera las cuestiones de su propia identidad, admite que sí, parte de ellas y muchas veces, son para explicarse a sí misma a través de narrativas que va entre creando y documentando con su fotografía.

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Cuestionar la fotografía para cuestionarlo todo

Su obra más clara en la exposición que alude a la identidad -que no era parte del proyecto de “Geometría Sagrada”, pero que se decidió incluir en el Amparo- es la pieza audiovisual: El peligroso viaje de María Rosas Palacios, en el que la artista reconstruyó el mismo viaje que hizo su bisabuela afrodescendiente desde Chato hasta Guayaquil, Ecuador, en 1906 para conseguir un trabajo como empleada doméstica. 

Aunque en la conferencia vía Facebook no presentó la pieza completa, solo unos cinco minutos de los treinta que dura, se pudo apreciar cómo Skvirsky cuestiona el papel que tradicionalmente se le otorga a la imagen (fotografía o video), en el que se cree que todo lo que presenta es fiel, verdadero u objetivo por, aparentemente, no modificar lo que captura. Y, a partir de esto, produce cuestionamientos mucho mayores respecto a temas como la raza y el género. 

Así, se puede ver una secuencia de ella entrevistando a una señora que cuenta sobre la bisabuela y abuela de la artista. Pero en vez de presentarla en primer plano y sin la voz de quien la entrevista -como suele hacerse el formato documental para mantener una sensación de objetividad-, se opta por poner en cuadro también a Skvirsky y se escuchan sus cuestionamientos, se ven sus reacciones emotivas a lo que le cuenta la entrevistada -que tiene que ver con la fisionomía afrodescendiente que poseían las antepasadas-. Poniendo en evidencia que la imagen siempre va a estar influenciada por quien la genera, por quien decide dónde poner el énfasis.

“La fotografía no es ‘verdad’. Es una verdad, pero no es una verdad absoluta. Entonces siempre estoy jugando con esa idea de mirar un poco más profundamente sobre la fotografía y cómo se pueden hacer preguntas sobre la representación”.

Foto: Museo Amparo

En ese sentido, El peligroso viaje de María Rosas Palacios es un híbrido, como las fotografías, donde mezcla el performance y la documentación, ya que ella, en algunos puntos, toma el lugar de su bisabuela o abuela -se llega a vestir y peinar como ellas solían hacerlo- para intentar recrear o inventar partes de sus vivencias, y en otros hace entrevistas a sus familiares y a desconocidos para saber detalles sobre sus antepasadas. 

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Esta mezcla de “ficciones” y “realidad” -similares a las historias paraficcionales sobre las ruinas incas, solo que sin ser profundamente colonialistas- hacen que la misma artista genere esas narrativas que le permiten explicar el mundo o, al menos, cuestionar el cómo se lo han representado a ella.

Por este motivo, una de sus fotografías-collage-performance presenta a una mujer de espaldas -ella misma- que recorre un camino de tierra entre vegetación y parece cargar una de las piedras de Ingapirca -la imagen que se sobrepone-. 

Así, Skvirsky se cuestiona el papel de las mujeres en el mundo inca y en la construcción de sus grandes edificaciones: si eran fuerza de trabajo o no, si eran explotadas o no. 

Sus fotografías hacen evidente la necesidad de construir narrativas de las mujeres y para ellas, ya que aunque la artista logre aprehender parte de pasados históricos que conforman su identidad, estos siempre van a tener vacíos por aquellas antepasadas marginadas debido a su género y/o raza, de las que no podrá saber sus historias. 

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Debido a la contingencia de salud por COVID-19 el Museo Amparo se encuentra cerrado. No obstante, sigue con actividades en línea, bajo el proyecto “El Amparo en tu casa”: recorridos virtuales, conferencias, talleres, podcasts, ciclos de cine y actividades para niños. Para saber más de su cartelera y eventos en línea puedes visitar su página web o su página oficial de Facebook.

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Majo Andrade