El futuro de la normalidad 3: todas las fiestas del mañana
Ante la pandemia, las reuniones virtuales se han convertido en la norma. La necesidad de interactuar con otros es un impulso para sentirnos vivos y seguros
Por Gerardo Sifuentes @Sifuentes
28 de abril, 2020
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Imagen de production club, tomada de la página Design Boom

Gerardo Sifuentes M.

@sifuentes

And what costume shall the poor girl wear
To all tomorrow’s parties
A hand-me-down dress from who knows where
To all tomorrow’s parties
And where will she go, and what shall she do
When midnight comes around
She’ll turn once more to Sunday’s clown and cry behind the door

“All Tomorrow’s Parties”, The Velvet Underground & Nico

 

Las reuniones virtuales se han convertido en la norma. Desde cumpleaños, reuniones informales de familiares y amigos, hasta baby showers e incluso rosarios por los fallecidos y por supuesto clases escolares, la necesidad de ver e interactuar con los nuestros es un impulso para sentirnos vivos, cercanos y seguros.

Es un impulso evolutivo. Una investigación llevada a cabo en Alemania precisamente intenta analizar cómo es que nos acostumbraremos a las nuevas condiciones de distancia social, dado que  «las condiciones peligrosas nos hacen más, no menos, sociales», dice Ophelia Deroy, quien imparte la cátedra de filosofía en la Universidad Ludwigs-Maximilians en Munich, Alemania. «Hacer frente a esta contradicción es el mayor desafío que enfrentamos ahora”.

En su experiencia, gracias al trabajo interdisciplinario que ha realizado con expertos en áreas como la neurociencia, la psicología y la biología evolutiva, l@s human@s no son tan egoístas como uno pudiera pensar. Su argumento es que cada vez hay más evidencia acumulada que demuestra que “las situaciones amenazantes nos hacen aún más cooperativos y más propensos a ser socialmente solidarios” de lo que generalmente somos.

«Cuando las personas tienen miedo, buscan seguridad en números. Pero en la situación actual, este impulso aumenta el riesgo de infección para todos nosotros. Este es el problema evolutivo básico que describimos», dice Guillaume Dezecache, psicólogo social de la Universidad Clermont Auvergne, en Francia. Las imágenes de gente acaparando productos de primera necesidad en los supermercados, agrega Dezecache, no son representativos.

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En México se acumulan las experiencias anecdóticas de personas que desafían abiertamente la cuarentena; en noticieros, estaciones de radio y redes sociales abundan los ejemplos de personas que hacen su vida con regularidad, aun sin la necesidad imperiosa de salir a la calle para ganarse la vida.

Lo presumen, se jactan de llevar a cabo reuniones sociales, insultan a quienes les reclaman. Todos los días nos enteramos de una gran fiesta de más de 50 o hasta 100 personas que se llevó a cabo.

El argumento que tienen en la mayoría de los casos, cuando lo han manifestado al menos, es que el virus Sars-CoV 2 no existe. ¿Se trata acaso de una reacción normal? ¿Confirma de alguna manera lo dicho por investigadores alemanes?  

Los estadounidenses que confiaron en medios de comunicación conservadores o redes sociales en los primeros días del brote de COVID-19 tenían más probabilidades de estar mal informados sobre cómo prevenir el virus y creer en las teorías de conspiración.

En una investigación realizada por la Universidad de Pennsylvania, con una muestra de 1,000 personas, encontraron que ver Fox News guardaba correlación con niveles más altos de creer en información falsa y en conspiraciones sobre la pandemia del SARS-CoV-2, que incluyen la idea de que el gobierno chino creó el virus como arma biológica, que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de EUA exageraron el peligro que representa el coronavirus para dañar la presidencia de Donald Trump, que tomar vitamina C evita que una persona se infecte con el coronavirus ¿Qué habrá influido en los mexicanos que se niegan a creer la existencia del virus? ¿Qué les hace pensar que son infalibles?

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Quienes buscan encontrar una ruta hacia la normalidad del futuro inmediato han encontrado un término medio que, en teoría, es funcional.

El estudio de diseño Production Club de Los Ángeles quiere rescatar la industria de los conciertos en vivo y la vida nocturna, al proponer un concepto de traje protector al que denominan ‘micrashell’, el cual ya está en proceso de patente. El diseño consta de un casco de plástico flexible hermético que cubre la parte superior del cuerpo, con guantes, pantalones y botas. Su aspecto es el de un traje de protección antibacteriano, o traje hazmat, pero con un toque de glamour. Por supuesto debe ser incómodo, y al estar junto con otras personas durante una hora o más la sudoración resultaría una trampa.

Para su creador, sin embargo, esta es una solución innovadora para impulsar la conexión humana. Tengamos en cuenta que no cualquiera está capacitado para usar este tipo de trajes, porque se requiere de un estricto protocolo para vestirlos, no se utilizan como si fueran disfraces. En todo caso ya existen conciertos y reuniones virtuales, y la recomendación al día de hoy no ha cambiado: hay que quedarse en casa, quienes puedan hacerlo.

Pero sabemos que hay gente que insiste en ignorar lo que ocurre. Que al no conocer casos de contagio cercanos pensará que todo se trata de una gran ilusión consensuada. Creen en platillos volantes pero nunca en el Sars CoV 2. El egoísmo es el virus más peligroso, y el que primero se debe erradicar para entrar en la nueva normalidad.

*Foto de portada: tear cordez | Pexels

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Gerardo Sifuentes
Periodista de ciencia y narrador.