Crónicas galas de una pandemia anunciada: Reyes sin diversión
Esta semana entendimos que, aunque no podemos disfrutar este encierro (no tenemos la actitud zen debida) necesitamos encontrar la forma de divertirnos más
Por Alonso Pérez Fragua @fraguando
05 de abril, 2020
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Foto: Pexels

Marjorie Blanc y Alonso Fragua

@fraguando

Un rey sin diversión es un hombre lleno de miseria. 

 Jean Giono. Un rey sin diversión

Pam Pam Pa Pa Pam Pam Pa Pa Pam Pam… unas cuantas notas ya icónicas que de repente iluminaron nuestra noche. En la pantalla, los créditos de Game Of Thrones, octava temporada. Llevábamos meses buscando el momento adecuado para poder ver la conclusión comentada y analizada hasta la saciedad; amada y odiada por igual. Y por fin, hace unos días aprovechamos el mes de prueba gratuita de Amazon Prime Video, con el único fin de ver, en toda legalidad durante las semanas restantes de esta cuarentena, las temporadas que nos faltan de algunas de las series que nos encantan.

Ya llevamos casi un mes de confinamiento y tenemos que confesar que el ánimo se agota. La energía que teníamos al principio con el programa pedagógico de la Escuela Doméstica “Mártires del 12 de marzo” o con la limpieza diaria y a fondo de nuestro pequeño departamento –que incluía el aspirar la bodeguita que tenemos arriba del baño– se desvaneció. 

El decreto del 23 de marzo de 2020 nos permite, entre otras cosas, pasear a nuestra perra Yoda Chalupa y mantener nuestro contacto –especialmente el de Malinali–, con el mundo exterior, siempre y cuando se limite a una hora diaria máximo, dentro de un radio de un kilómetro de nuestro domicilio y, sobre todo, nos mantengamos alejados de personas ajenas a nuestro hogar. Esa es la parte que nos pesa más, la falta de interacción humana.

Y de repente nos dimos cuenta de la importancia de divertirnos. 

Unos días antes de entrar en confinamiento, Marjorie había tomado prestado de la mediateca un libro sobre la “desintoxicación digital”. Ambos tenemos una (in)capacidad de dejarnos devorar por las redes sociales, las plataformas de streaming y, a veces, olvidarnos del mundo que nos rodea. 

En confinamiento, la obsesión por conocer la evolución del bicho este, leer o escuchar el último discurso de tal o cual ministro que nos dirá cuándo podemos volver a la “normalidad”, o saber qué pasará con el examen de oposición para el que se prepara Marjorie, hizo más presente esta adicción. A cada instante recibimos notificaciones de esto y aquello y, por mucho que nos prometamos que hoy sí nos desconectaremos un poco, acabamos dándole refresh a la página de noticias.

Foto: Pexels

Habíamos pensado en rellenar cada rincón de la casa con novelas gráficas cuando ya veíamos venir la orden de confinamiento. Estúpidamente no se nos ocurrió modificar nuestros gustos de lectura. Chernóbil, el genocidio ruandés, la vida en Corea del Norte, la abolición de la pena de muerte en Francia, y el maltrato infantil son algunos de los temas que en un día normal nos hacen evadirnos de la rutina. Como es de pensarse, tras pasar la jornada haciéndonos cargo de nuestra hija de tres años y leyendo noticias del planeta entero, lo último que queremos es irnos a la cama reflexionando sobre la miseria del mundo.

Reír. Reír a pesar de las crisis de llanto y enojo de Malinali a quien ya le pesa mucho no ver a “la maestra bonita” y a León, el primer gran amor frustrado. Reír, aún cuando no tenemos la más mínima idea de si encontraremos trabajo después de la cuarentena. Reír y disfrutar, por mucho que nos pese la soledad y el aburrimiento.

Lo peor fue la primavera que llegó desde el inicio de la cuarentena. Tras meses de llovizna que moja pero no sacia la tierra, frío que hiela pero sin nieve, por fin salió el sol. Este sol agradable, que calienta pero no quema y que anuncia otro verano ardiente como el de 2019, cuando las escuelas cerraron prematuramente a causa de la canícula que trajo hasta 46 grados centígrados en algunas regiones galas, como la de Occitania, donde se encuentra Nîmes.

Este sol que llama a gritos a que nos acostemos en el pasto con una botella de vino, quesos y embutidos, amistades y niñes gritando. 

Ya habíamos decidido que el miércoles era día del #OperativoAperitivo en la terraza, y que el viernes toca comida preparada por algún negocio local. Ya sabíamos que el #DomingoFodongo se mantenía y que los juegos en el celular, los dibujos animados diarios y las sesiones de lucha libre en la cama eran asuntos necesarios. 

Esta semana entendimos, además, que teníamos que dejar de pensar que ya pronto se iba a acabar este confinamiento; el rumor es que seguiremos en estas hasta junio y el regreso a clases en septiembre. Entendimos que, aunque no podemos disfrutar este encierro pues no tenemos la actitud zen o jipi debidas, necesitamos encontrar la forma de divertirnos más.

Si justificamos nuestra suscripción a Netflix diciendo que sirve a la investigación de Alonso, nos negamos a darle un solo centavo a Amazon (sí, ambas son grandes empresas con prácticas debatibles, pero aquellas de la compañía de Bezos son aún más cuestionables). Por ello quedó decidido: aprovecharemos al máximo este mes gratuito, viendo todos los episodios incluso de las series que habíamos olvidado. La agenda de diversión será entonces Modern Family mientras comemos al mediodía, en lugar de ver por enésima vez las mismas noticias; la última temporada de The Handmaid’s Tale durante la siesta de la niña, en lugar de seguir buscando un trabajo cuando el país completo está paralizado. 

Aquí dejamos la crónica de hoy, pues la niña duerme y es momento de la batalla final con el Rey de la Noche… Winter has come.

[quote_box_center]Marjorie y Alonso viven en Nîmes, Francia, en la región administrativa de Occitania. Desde el 12 de marzo viven en el continente que la OMS considera el “epicentro de la pandemia mundial”. Encerrados en casa con su hija de 3 años, buscan combatir sus impulsos suicidas a través de estas crónicas.[/quote_box_center]

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Alonso Pérez Fragua
Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando.