Crónicas galas de una pandemia anunciada: Dos tonos
Reflexionamos sobre lo que en verdad necesitamos para ser felices y sobre alternativas a nuestras formas de vida. Cambiar de tono o quedarse en el camino
Por Alonso Pérez Fragua @fraguando
08 de abril, 2020
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Alonso Pérez Fragua y Marjorie Blanc

@fraguando

Cumplía con su tarea cotidiana como un caballo de noria

 que da vueltas con los ojos vendados sin saber lo que hace 

Gustave Flaubert. Madame Bovary

 

[dropcap]P[/dropcap]or primera vez, en mucho tiempo, el deseo de días más cortos invade nuestro espíritu. Despertar, desayunar, pasear a Yoda Chalupa, enterarse del estado del mundo, organizarle actividades a Malinali, comer, enterarse del estado del mundo, cenar, arrancar la sesión de binge-watching, dormir. 

Un nuevo día. Empezar de nuevo. Despertar, enterarse del estado del mundo. 

Pasmado de terror, atribulado por la fatalidad de sus lecturas, Alonso reconoció las consecuencias del confinamiento que los tenía a Marjorie, Malinali, Yoda Chalupa y a él, día y noche entre cuatro paredes mientras la primavera se instala en el exterior.

Ya lo advertían Gabo y las estirpes condenadas a cien años de soledad, lo más temible del confinamiento por el bicho este no es la imposibilidad de salir, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Cuando el confinado se acostumbra a su estado de encierro, empiezan a borrarse de su memoria los recuerdos de la cotidianidad, luego la noción de las cosas mundanas –un domingo en el parque, una visita a la oficina de tránsito para renovar la licencia, el ir encorvado y aplastado en la combi camino al trabajo–, y por último la identidad de las personas que se ocultan detrás de los tapabocas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado (pero con muchas horas de contenido por streaming).

Foto: Marjorie Blanc y Alonso Pérez Fragua

Cuando no sucumbimos al pesimismo, el confinamiento tiene un tono distinto. Sí, los berrinches de Malinali son más frecuentes que antes, pero también sus ataques de risa loca, sus disquisiciones sobre el budín de popó, su empeño constante de enseñarle a papá la correcta pronunciación del francés, o sus intentos por construir un lenguaje nuevo para comunicarse con su hermana mayor que aún no hemos concebido, así como con su bebé palo-de-escoba y sus inseparables e invisibles cuates Pituminá, Pituminé y Pitutún.  

Cuando olvidamos las preocupaciones del mundo exterior, nos convertimos en artistas de body-painting y nos bañamos de los colores y estilos más variados, o nos da por jugar a convertirnos en La Gioconda para descubrir qué hay detrás de su sonrisa, o viajar con nuestra sala hasta los Países Bajos del siglo XVII para platicar con La Joven del Arete de Perla o pedirle a La Lechera que llene nuestra taza para sopear nuestro pain au chocolat.

Foto: Marjorie Blanc y Alonso Pérez Fragua

Foto: Marjorie Blanc y Alonso Pérez Fragua

Foto: Marjorie Blanc y Alonso Pérez Fragua

Cuando vemos el confinamiento como una oportunidad, le damos vida a una “caja de cultura” para acercarnos a nuestros vecinos a través del intercambio de libros, películas y juegos de mesa.  

Foto: Marjorie Blanc y Alonso Pérez Fragua

Foto: Marjorie Blanc y Alonso Pérez Fragua

Cuando vemos el confinamiento como una oportunidad, empezamos a reflexionar sobre lo que en verdad necesitamos para ser felices y sobre las alternativas a nuestras formas de vida.  Cambiar de tono o quedarse en el camino.

[quote_box_center]Marjorie y Alonso viven en Nîmes, Francia, en la región administrativa de Occitania. Desde el 12 de marzo viven en el continente que la OMS considera el “epicentro de la pandemia mundial”. Encerrados en casa con su hija de 3 años, buscan combatir sus impulsos suicidas a través de estas crónicas.[/quote_box_center]

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Alonso Pérez Fragua
Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando.