Crónicas galas de una pandemia anunciada: descubrimientos
En esta entrega se narra lo que Alonso descubrió en estas semanas de “distanciamiento social” gracias a la clase de música que le toca impartir a Malinali
Por Alonso Pérez Fragua @fraguando
02 de abril, 2020
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Marjorie Blanc y Alonso Pérez Fragua

@fraguando

[dropcap]D[/dropcap]esde el día uno de la cuarentena, Marjorie, directora auto-impuesta y sin goce de sueldo de la Escuela Doméstica “Mártires del 12 de marzo”, diseñó un detallado programa pedagógico para tener a Mali ocupada. Cierto, nuestra hija de 3 años no se está preparando para la Olimpiada de Matemáticas ni para ingresar a la universidad, pero la niña no solo está perdiendo el contacto con su maestra querida y sus amigues (y con el parque y la noción del mundo exterior…), sino también con aquellos pequeños grandes descubrimientos y aprendizajes que son parte de lo que cualquier infante obtiene en el kínder. 

En otras palabras, por si hiciera falta decirlo, las maestras de kínder no son niñeras glorificadas, sino las responsables de que nuestras criaturas aprendan jugando.

En fin, que podemos discutir por horas – ahora que nos sobran – sobre el papel de las instituciones educativas y cómo, oh Dios, oh cielos, mucha gente se está dando de topes hoy al descubrir que encargarse de nuestras ternuritas es tarea harto difícil y que todo ese sector ha sido subestimado y mal remunerado por décadas.

Podemos comentar eso, claro, pero hoy queremos compartirles un par de cosas que Alonso descubrió en estas dos semanas de “distanciamiento social” gracias a la clase de música que le toca impartir a Malinali. 

Dado que este primer módulo de la “Mártires del 12 de marzo” tiene como base al tema de la naturaleza, un día estuvo dedicado a “los animales”, otro a “las plantas”, uno más a “las rocas”, etcétera, etcétera. Y como Alonso es de pronto medio obsesivo, cada día quiso que la clase tuviera la conexión más específica posible con la temática en turno. Y fue así que se dio a la tarea de encontrar música hecha con los protagonistas de cada jornada educativa, cosa que no siempre fue posible.

Composiciones que incluyeran el uso de palos de lluvia fue lo primero que se le ocurrió al profe de música para hablar del agua. Por desgracia no hubo descubrimiento sorprendente ahí ni lo suficientemente alejado de esa idea de base como para sobresalir. 

Sin embargo, un par de días después el algoritmo de YouTube arrojó un particular concierto interpretado por Antonio Olias, especialista en flautas japonesas, y Esteban Valdivia, especialista en flautas prehispánicas americanas, el cual sirvió para abordar el tema del día, pues los instrumentos utilizados usaban agua para producir sus sonidos, pero también el de la tierra, pues muchos de los instrumentos eran de barro.

Luego de repasar los cuatro elementos, tocó el turno de los “distintos reinos”, como los enseñaban en la escuela primaria: el animal, el vegetal y el mineral. Para hablar de los animales, Malinali y Alonso disfrutaron una de las tantas versiones comentadas de Pedro y el Lobo de Prokofiev, disponibles en Spotify

Lo que los dejó boquiabiertos fue el descubrimiento que hicieron al hablar de las plantas.

Instalación sonora “Plant Sound” (2015) 

Resulta que hay músicos, artistas sonoros y desarrolladores de tecnología que desde hace años investigan la forma de “hacer hablar” a nuestras amigas del mundo vegetal. Aunque encontraron varios ejemplos de cómo se ha logrado esto, el descubrimiento que más les gustó fue el del MIDI Sprout, aparato que ayuda a cualquiera con la suficiente paciencia y equipo a hacer música con los impulsos eléctricos de las plantas.

Eso de la música vegetal ya había dejado a Malinali y Alonso bastante sorprendidos. Al día siguiente que tocó el tema de las piedras, quedaron maravillados con los litófonos, que no son otra cosa que marimbas cuyas teclas están hechas con piedras.  

Empezaron con un par de videos donde se puede escuchar la interpretación de diversas melodías en litófonos sencillos pero efectivos.

Luego descubrieron que en Vietnam hay una tradición importante de litófonos y otros instrumentos de percusión hechos con rocas, así que abrieron sus oídos a un par de ejemplos de aquellas latitudes que les mostró lo dulce que puede llegar a ser el timbre de esos instrumentos y la maestría técnica que se requiere para ejecutarlos.

 El clímax de la clase fue cuando escucharon Claro de luna de Beethoven interpretada con ayuda del Great Stalacpipe Organ. Se trata de un órgano construido en el interior de una gruta, en Virginia, EUA, que usa a las estalactitas y estalagmitas para producir sus notas y construir momentos de una belleza que no se puede describir con palabras. 

Alonso es un apasionado de la música y las “cosas raras” y, siempre que le es posible, comparte estas pasiones con Malinali. Sin embargo, si estos descubrimientos le fueron tan gratos, no fue tan solo por la peculiaridad y la compañía, sino por el origen de aquellos sonidos. 

En circunstancias normales, la combinación de Beethoven con el sonido primigenio de esas formaciones rocosas muy probablemente le hubiera provocado a Alonso una fuerte impresión. Encerrado entre cuatro paredes desde hace semanas, envuelto en incertidumbre y con un contacto limitado con la naturaleza – aquella que en cantidades reducidas le ofrece el espacio urbano -, la melancolía que experimentó, sin embargo, no tuvo precedentes.

La pérdida de algo, lo que sea, nos hace percatarnos de cuánto nos hacía falta. 

[quote_box_center]Marjorie y Alonso viven en Nîmes, Francia, en la región administrativa de Occitania. Desde el 12 de marzo viven en el continente que la OMS considera el “epicentro de la pandemia mundial”. Encerrados en casa con su hija de 3 años, buscan combatir sus impulsos suicidas a través de estas crónicas.[/quote_box_center]

*Foto de portada: Pxfuel

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Alonso Pérez Fragua
Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando.