Vivir para cantarlo

Vivir para cantarlo

Martín López Calva

1. La nube negra

“Cuando despierto y voto por el miedo de hoy,

Cuando soy lo que soy en un espejo roto,

Cuando cierro la casa porque me siento herido,

Cuando es tiempo perdido preguntarme qué pasa”

Joaquín Sabina. «Nube negra«.

Foto: Tuur Tisseghem | Pexels

Como una nube negra se ha extendido el miedo y la incertidumbre por todo el planeta. De Wuhan a otras ciudades de China, de ahí a varios países de Asia y luego a Europa, con especial letalidad al norte de Italia y de ahí a Alemania, España y, prácticamente, todo el viejo continente para cruzar el océano y empezar a invadir de manera silenciosa –casi imperceptible– a varias ciudades de Estados Unidos y Canadá, poco a poco hasta México así como países centro y sudamericanos, e incluso a algunas partes de África.

La primera pandemia del siglo veintiuno, la enfermedad respiratoria causada por el llamado COVID-19 ha ido apoderándose de todo el orbe y generado, hasta el momento en que escribo esta Educación personalizante, casi quince mil muertes de los trescientos treinta y nueve mil casos confirmados, de los cuales se han podido recuperar casi cien mil personas.

Aunque el porcentaje de mortalidad es bajo y oscila entre el 2% y el 5% del total de contagiados, la rápida expansión de casos que crece geométricamente, de un día a otro, ha hecho que los sistemas de salud de países desarrollados se hayan visto seriamente desafiados. En algunos casos, como el de Italia y crecientemente España, estos han sido rebasados en su capacidad de atención.

Las medidas de prevención que se sintetizan con el hashtag #QuédateEnCasa, consisten en el distanciamiento social y la invitación –en algunos países– o la obligación –en los que tienen más casos– a cerrar todos los lugares públicos incluyendo escuelas y universidades, restaurantes, cines, torneos deportivos, etc. Asimismo, estas consisten en un confinamiento en las casas para vivir puertas adentro la parte más grave de la crisis, hasta que la curva de contagios vaya mostrando un descenso real.

En México, este lunes 23, ha iniciado formalmente la etapa de cuarentena que idealmente durará alrededor de un mes, hasta el día 20 de abril en que los alumnos – de escuelas y universidades de todo el país– regresarán a clases, si todo resulta conforme a lo previsto hasta ahora. Sin embargo, el subsecretario de Salud, que está a cargo del manejo de la contingencia por delegación directa del presidente de la República, ha señalado que la etapa crítica durará, en el mejor de los casos, doce semanas.

La incertidumbre y la proliferación de información sobre la gravedad de la pandemia aunada a la manipulación mediática y la distorsión de las noticias ha ido generando un creciente temor. A pesar de que algunos sectores han minimizado la gravedad de la situación, muchos mexicanos empezamos a despertar votando por el miedo de hoy, a ser lo que somos en un espejo roto por la duda, la suspensión de las actividades normales y el no saber qué pasa, o saber que es una pérdida de tiempo hacerse esta pregunta.

Foto: Marlene Martínez

Las consecuencias económicas son todavía impredecibles en su magnitud, aunque ya empezaron a vivirse en carne propia en los millones de personas que viven al día y que no cuentan con un trabajo estable, o que dependen de que sus negocios tengan clientes para poder sobrevivir y desarrollarse.

Los mexicanos solo podemos pedirle a nuestros seres queridos, a nuestros amigos, a nuestro círculo social, a nuestros compañeros de trabajo, que nos esperen al otro lado de esta nube negra en la que hoy estamos involuntaria pero obligatoriamente hundidos.

Foto: Eneas de Troya | Flickr

2. Nada está escrito

“¿Podremos inhibir la megalomanía humana y regenerar el humanismo?

¿Podrá proseguir la hominización como humanización?

¿Será posible salvar a la humanidad realizándola?

Nada está seguro: tampoco lo peor”

Edgar Morin. Método V. La humanidad de la humanidad, p. 330.

En lo que todos parecen coincidir es en que después de esta gran crisis de salud y de las consecuencias económicas, políticas y sociales que tendrá esta pandemia, ya nada será igual. Tal parece que el efecto revolucionante de un organismo acelular microscópico nos recuerda que –a pesar de la soberbia del ser humano moderno que se siente capaz de controlarlo todo– somos seres frágiles y vulnerables que están inevitablemente anclados a la naturaleza y a sus leyes e incertidumbres. Y este efecto será mayor que el de muchos líderes políticos, activistas sociales y multimillonarios globales.

En las redes sociales hemos podido leer dos posturas antagónicas respecto a este cambio profundo. Por una parte, el de los catastrofistas que ven en esta enfermedad y sus consecuencias una especie de señal del apocalipsis que anuncia la destrucción del género humano; y, por otra, la de los optimistas y profetas de la superación personal, quienes plantean que la crisis necesariamente hará surgir la solidaridad y los más nobles sentimientos humanos que nos llevarán a la redención.

“Así, todo acontece como si cada individuo-sujeto comportase un doble software, uno dirigido “para sí” y el otro dirigido “para nosotros” o “para el otro”; uno que conduce al egoísmo y otro que conduce al altruismo”.

Edgar Morin. Método VI. Ética, p. 20.

Una visión compleja del ser humano y su naturaleza contradictoria y paradójica nos permite afirmar que ninguna de las dos posturas es necesariamente cierta o falsa, y que esta crisis despertará el espíritu altruista para hacernos ver ejemplos de personas que ven por ese ‘nosotros’, por ‘otros’ –la gente en España aplaudiendo al unísono al personal sanitario, o las comunidades que en Italia se acompañan desde los balcones de sus casas cantando o jugando–. Y también seremos testigos de muchos casos del principio egocéntrico que hace a la gente ver ‘para sí’ y tratar de salvarse a costa de lo que sea –el botón de las compras de pánico y el acaparamiento de medicinas–.

Como afirma Morin, somos sujetos, y como tales tenemos ese doble “software” que nos hace mirar por nosotros mismos y también ser capaces de pensar en los demás y en la construcción comunitaria.

Foto: Anna Shvets | Pexels

De manera que esta crisis cambiará definitivamente a la humanidad, solo que no está garantizado el sentido de este cambio. Nada está escrito respecto a cómo serán las cosas después de la contingencia, si logramos vencer a este nuevo virus. No sabemos si lograremos salvar a la humanidad haciéndola más humana, pero tampoco está escrito lo peor y, por tanto, podemos albergar esperanzas.

Ojalá que al otro lado de la nube negra nos esté esperando una vida en la que sepamos asumir nuestra fragilidad y vulnerabilidad, y aceptar con humildad que necesitamos de los otros para poder vivir. Ojalá que volvamos a saludarnos de mano, a abrazarnos y besarnos con la alegría de saber que, como afirma el mismo Sabina: «Si nos tocó bailar con la más fea, vivimos para cantarlo».

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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