Habitaciones propias: el proyecto que muestra los espacios creativos de las mujeres

Habitaciones propias: el proyecto que muestra los espacios creativos de las mujeres

Foro: Carmen Fonseca
María José Andrade Gabiño

@MajoAg23

“Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”
Virginia Woolf. «Una habitación propia»

Escritorios perfectamente ordenados, otros no tanto. Algunos llenos de libros, libretas, plumas, papeles, pinturas; otros solo con lo esencial, una laptop y un taza de té o café. Lámparas, un pizarrón o un corcho de fondo, también cuadros, pósters o notas en la pared. 

La cuenta de Instagram Habitaciones propias (@habitaciones_propias) inició como una pieza colectiva de Elma Correa, escritora de narrativa y crónica de Mexicali, Baja California, quien pidió a varias amigas –también escritoras– que le mandaran fotos de sus lugares de trabajo. 

A ocho meses de que la cuenta está activa, ya tiene más de 500 publicaciones, todas sobre mujeres de diferentes profesiones y lugares del mundo, y cuenta con más de 4 mil seguidores.

Alexandra Saavedra, Coordinadora de la Cátedra Carlos Fuentes de Literatura Hispanoamericana, investigadora y profesora de literatura latinoamericana reciente, comparte la vida y el espacio con sus plantas y echa de menos a los amigos y libros que dejó hace doce años en Colombia. / Foto: @alejasaa

Virginia Woolf y las habitaciones 

En 2019, a Elma la invitaron a participar en una exposición colectiva sobre el espacio. Como escritora, egresada de Letras por la Universidad Autónoma de Baja California, la primera asociación que hizo entre su disciplina y el tema de la exposición fue Virginia Woolf y su ensayo “Una habitación propia”.

El famoso ensayo, publicado en 1929, sostiene que para que una mujer pueda escribir debe tener independencia económica y una habitación propia. Así, este espacio tiene que estar dedicado a su trabajo creativo, donde nadie la pueda interrumpir. De esta manera, lo diferencia de otros espacios –como el cuarto de dormir, la cocina, la sala– donde dice que las mujeres siempre hacen cosas para los otros: ya sea el esposo, hijas e hijos, o familia en general. 

Solo así, defiende Woolf, las mujeres podrán crear igual que los hombres, quienes históricamente han poseído un estudio, despacho u oficina para ello. 

A 90 años de la publicación de “Una habitación propia”, Elma decidió pedir a diferentes amigas –todas escritoras– fotos de sus lugares de trabajo. La voz se corrió y comenzó a recibir muchas más fotos por parte de pintoras, bailarinas, arquitectas. Eran tantas imágenes que en agosto de 2019 decidió crear una cuenta de Instagram para que funcionara como archivo y para exponerlas. 

Pronto comenzó a recibir muchas más fotos de los lugares de trabajo de mujeres de diferentes partes del mundo, ya no solo artistas, sino también psicólogas, ingenieras, antropólogas. 

Amalia Acitlali, antropóloga social e investigadora de usuarios. Considera que buscar trabajo en tiempos de contingencia no es nada fácil (feel ya, sis). / Foto: @acitlalivas

Elma Correa cree que la popularidad de la cuenta se debe a que entre las mujeres hay una necesidad de “compartir, crear comunidad, y saber que no estamos solas en el mundo; que hay un montón de chavas con sus propias circunstancias, pero que estamos de alguna manera vinculadas”. 

Para ella, esa vinculación se basa en que todas las mujeres, por una condición de género, hemos tenido que luchar y negociar por nuestros espacios, por tener un lugar en el mundo. Las imágenes que se mandan y se publican en la cuenta, lo demuestran; pues ponen en evidencia que, aún después de que Virginia Woolf lo pensara en el siglo XX, las mujere siguen disputando su derecho a tener un espacio donde hagan lo que les venga en gana: escribir, leer, pintar, dibujar, investigar. 

Ahora, el proyecto no solo es una cuenta de Instagram, también es una de Twitter y un Blog –donde solo se publican textos reflexivos sobre el tema, escritos por mujeres que ya han enviado su fotografía–; que llevan entre Elma Correa y Karla Michelle Canett, quien también es una escritora que vive en Mexicali y fue de las primeras amigas a las que Elma pidió una fotografía sobre su lugar de trabajo. 

El privilegio de tener un lugar propio

Otras fotos no muestran escritorios, algunas son mesas adaptadas de otros espacios: un comedor, plegables de jardín, una repisa o un buró. A veces son simplemente una laptop sobre una cama. Incluso, hay una imagen de una biblioteca pública.  

“Aquí no solo estamos hablando de género, estamos también hablando de privilegio y de clase”, aclara Elma. Para ella y para Karla, la pregunta no es si el escritorio está ordenado o no, si hay muchos libros o papeles, es si se posee un escritorio o no; si se tiene un lugar adecuado para trabajar, que no sea destinado para ninguna otra tarea o persona. 

Por ello, para Karla las fotos más interesantes que reciben son aquellas en las que se cuelan los hijos, las mascotas, e incluso las parejas; pues demuestran muchas veces que los espacios de las mujeres, aunque en apariencia son para trabajar, siguen siendo destinados para alguien más que no son ellas. 

Silvia Castelán, poeta de cochinadas resabrosas y estudiante de literatura. (En su mente hay un fanfic en el que Olga Orozco y Pizarnik besan sus bocas y se pasan el chicle mientras escuchan a Jessy Bulbo y a las ligas menores). / Foto: @cuijabesucona

Así, a Elma las que más le gustan son las que muestran que no hay un escritorio, si no una mesa medio adaptada o una cama, pues exhiben tanto el privilegio de las que sí tienen como la postura combativa de que se seguirá luchando por un espacio:

“Las imágenes muestran estas dinámicas de poder, de ‘me voy a parar aquí y voy a conquistar este lugar porque me lo merezco y tengo derecho a tener un espacio en el mundo. Y este es mío ahorita, pero quién sabe después qué puedo tener’. Quienes tienen el espacio pueden perderlo y quienes no, pueden obtenerlo. Tiene que ver mucho con que históricamente las mujeres siempre hemos tenido que negociar nuestro lugar, nuestros espacios, nuestras cosas”.

Al final, esas fotos de espacios en disputa, híbridos y en constante adaptación, son como ecos que afirman las últimas palabras del ensayo de Woolf: “[…] hacer este trabajo, aún en la pobreza y la oscuridad, merece la pena”.

Habitaciones propias en confinamiento

A raíz de la contingencia por el COVID-19, que ha traído consigo la medida de distanciamiento social y aislamiento en casa, en Habitaciones propias invitaron a mandar imágenes sobre los espacios en confinamiento, invitando al #QuédateEnCasa”. 

Para Karla y Elma se volvió importante incentivar el autocuidado de estar en cuarentena y al mismo tiempo registrar el efecto de la pandemia en los espacios de las mujeres. 

Dentro de esas imágenes están, por ejemplo, el caso de algunas mujeres que han tenido que transformar partes de sus hogares para seguir con su trabajo; o las que toman clases o hacen homeoffice desde un sillón o una cama; las que están tomando el tiempo libre para bordar, tejer o emprender un proyecto. 

Pero, de nuevo, las imágenes más atrayentes son aquellas en las que más se muestra el proceso de adaptación a las circunstancias, por ejemplo de quienes tienen que tomar en cuenta a sus hijas e hijos, como el caso de la foto de Anaité –una colaboradora– que dice al pie: En esta casa en confinamiento no hay cuartos propios. Este cuarto que normalmente es consultorio de día, cuarto de ensayo en la tarde, estudio de noche y a veces es el cretácico temprano, estos días hay ratos en que es todo eso al mismo tiempo”.

Elma y Karla están esperando unos días más para abrir una convocatoria sobre textos que hablen específicamente de los espacios de las mujeres y el aislamiento por el COVID-19, que publicarán en su blog. 

***

Si quieres enviar imágenes sobre tu habitación y/o lugar de trabajo, puedes hacerlo por Instagram; la única condición es que seas mujer. El pie de foto puede decir lo que tú quieras, pero Elma y Karla recomiendan que sea breve. 

También puedes seguir el proyecto vía Twitter: @HPropias. O en el blog: https://hpropias.blogspot.com

 

*Foto de portada: Gabriela Jáuregui

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