Guns Akimbo o el alocado espejo de nuestro siglo
Guns Akimbo, de Jason Lei Howden, ridiculiza la moralidad de nuestros tiempos a través de una disparatada historia ambientada en un futuro “distópico”
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
12 de marzo, 2020
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Foto tomada de YouTube

Héctor Jesús Cristino Lucas

Lean esto queridos padawans, se van a cagar.  

Todo comenzó con la inesperada difusión, en febrero del 2020, de una serie de capturas de pantalla en las que se mostraba un chat privado del 2016 con nada menos que Dilara Elbir, la editora del portal de cine Much Ado About Cinema, en la que, de forma despectiva, se refería a alguien con la palabra “negro” para realizar alguna suerte de insulto o agresión.

Por lo que, tras la filtración, las imágenes se viralizaron vía Twitter acarreando consigo una serie de acontecimientos que, además de ser de fábula antológica, resultan para el beneficio de esta crítica, de suma importancia. Así que los analizaremos punto por punto. 

Primero, la renuncia de muchos de los integrantes del portal, como muestra clara de inconformidad por parte de las “polémicas” palabras de su editora usada en un chat privado cinco años atrás. Segundo, los constantes mensajes de odio por parte de su audiencia que aumentaba minuto a  minuto. Y tercero, las inmediatas disculpas de Dilara en su cuenta de Twitter, donde, además de mostrarse arrepentida, insinuaba que cometería suicidio en cualquier momento si todo este vergonzoso acoso no paraba.

Por otra parte, el cineasta neozelandés Jason Lei Howden -que en 2015 nos trajo su encantadora ópera  prima de comedy/horror Deathgasm– sin que nadie le llamara; sin que nadie le invitara, se metió en este escandaloso pleito respondiendo a los detractores, uno a uno, a través de su Twitter con mensajes y acusaciones que iban desde “¡Esto es cyberbullying!”, hasta “¡Acosador o acosadora!”. Como, por ejemplo, los que le hizo a la escritora y crítica de cine, Valerie Complex, pero a manera de bombardeo:

«Has intimidado a una mujer hasta que intentó suicidarse, espero que ninguna web de cine vuelva a trabajar contigo».

Y lo peor es que no solo lo hacía con su cuenta personal. Resulta que Lei Howden a punto de estrenar su más reciente película, Guns Akimbo, se le ocurrió la magnífica idea de usar el Twitter oficial con el mismo propósito. Lo que hizo, de pronto, que la avalancha que iba contra Dilara Elbir, por obvias razones, se inclinara ahora contra el propio cineasta. 

De pronto, la presión mediática ejercida por esta bola de intolerantes defensores de la tolerancia hizo que Howden publicara un par de tweets a manera de disculpa que iban más o menos así:  

«Solo para dejar las cosas claras, mis posts solo eran acerca del bullying. No apoyo los mensajes de Dilara. El racismo no debe ser aceptado de ninguna forma. Respeto el trabajo de esas personas, pero no el bullying”. 

“Mi madre se suicidó tras sufrir bullying por un largo periodo, algo que no supe hasta que fue demasiado tarde. Ver a otros hacer lo mismo es increíblemente doloroso e innecesario».

Foto tomada de YouTube

Pero el daño, como dicen por ahí, ya estaba hecho. A nadie le importan las disculpas hoy en día, solo la venganza a través de redes sociales. Exponer, humillar, crucificar. Por lo que muchos de estos usuarios -críticos de cine en su mayoría- iniciaron una suerte de campaña para oponerse al dichoso estreno de Guns Akimbo. No solo para boicotear las ganancias en taquilla -como plan malévolo de villano de cómics- también para evitar subir alguna crítica o artículo referente a ella y lograr así que esta película pasase sin pena ni gloria.

Por otro lado, la Saban Capital Group, Inc. quien fue la principal en invertir en esta película, reiteró que pese a “no aprobar, acordar o compartir el comportamiento del Sr. Howden, que es molesto e inquietante, apoyaban el filme y todo el arduo trabajo y dedicación detrás de él”. 

Dilara afortunadamente no cometió una tontería, el neozelandés cerró su cuenta de twitter y la página oficial de Much Ado About Cinema al menos a la fecha de publicada esta crítica, se encuentra deshabilitada.

Por lo que, pese a todo este maldito escándalo, infantil y recalcitrante; que si este dijo, que si aquel responde; que si esta llora, que si aquel se enoja; la productora terminaría estrenando la película PESE A QUIEN LE PESE

Foto tomada de YouTube

Lo que me parece, en el buen sentido de la palabra y si así me permiten, una magnífica carta de presentación para Guns Akimbo. No sé exactamente si esto lo habrá hecho el cineasta a propósito a manera de publicidad o si de verdad se le fue de las manos por el asunto de su madre… pero definitivamente no habría otra manera perfecta para promocionar esta película.

Porque irónicamente, el último filme de Howden funge como una suerte de espejo inquietante sobre cómo la sociedad del siglo XXI se ha transformado en una audiencia que busca a través de su tan “avanzada” tecnología, ser jueces de lo que está bien y lo que está mal, o hasta verdugos cuando alguien no sigue sus propios lineamientos.  

Guns Akimbo, como una poderosa sátira social, ridiculiza la moralidad de nuestros tiempos a través de una alegórica y disparatada historia, por supuesto, que se ambienta en un futuro “distópico” no tan lejano al nuestro para contarnos cómo una extraña organización de mafiosos de nombre Skizm, realiza una suerte de juego o concurso de supervivencia que consiste en colocar a desconocidos desde distintos puntos de la ciudad, contra su voluntad, para ponerlos a pelear hasta la muerte mientras el combate es transmitido en vivo. 

Y con ello, aplicar la escabrosa tesis del hombre moderno que ahora “solo vive para ver”, en una suerte de necesidad voyerista, que algunos eruditos, como el investigador y politólogo italiano Giovanni Sartori ya se habían adelantado en predecir con obras tan visionarias como Homo Videns: la sociedad teledirigida (1997) que satanizaba el invento de la televisión por cambiar la percepción cognitiva del ser humano negativamente, pero que ahora, Jason Lei Howden, moderniza con el internet y los videojuegos en forma de sátira. 

Porque a través del uso de temas tan actuales como la falta de empatía, la cacería de brujas o estas descarnadas guerras libradas en redes sociales en pos de aplicar la tan afamada justicia -como una suerte de cura que resulta peor que la enfermedad- el cineasta ha sido capaz de manufacturar una cinta de ciencia ficción cyberpunk repleta de acción, violencia y divertidísimo humor negro. 

A la par que funciona como una dura epifanía al demostrar que esta generación se ha transformado ya en un Homo Viden, alienado y corrosivo, que solo le importa regodearse en el entretenimiento morboso de ver, y con ello incitar… cómo los demás se destruyen unos con otros detrás de sus pantallas. 

De ahí que si de pronto la película resulte un tanto exagerada; más arrojada al disparate que a lo filosófico, mientras juega de forma astuta con el subgénero del cyberpunk -con jugadores literalmente fusionados con armamento- no nos tome desprevenidos. Con estos pleitos vía Twitter, que hoy son el pan nuestro de cada día -y a veces con fines francamente estúpidos- no resulta exagerado afirmar que la premisa de esta película sea una total realidad. 

Y sé que los millennials van a compararla de inmediato con algún capítulo pretencioso de Black Mirror, ya que evidentemente tiene un trasfondo similar a esta serie. De cómo “la tecnología ha cambiado drásticamente la cultura de nuestra sociedad para mal”. Pero Guns Akimbo, damas y caballeros, pertenece a otros referentes mucho más interesantes todavía.

Foto tomada de YouTube

Por ejemplo, recupera el tan ninguneado cine del techno thriller, como Open Windows (2014) de Nacho Vigalondo y los peligros de nuestra información privada a través de internet. O la propia Assassination Nation (2018) de Sam Levinson, con el concepto de “la cacería de brujas” en busca de una justicia tan ambigua como contradictoria. Pero esta vez haciendo alusión a un “moderno coliseo romano” en donde el morbo de ver violentas batallas a muerte es trasladado ahora al acoso, a la destrucción y humillación de individuos vía redes sociales como una suerte de entretenimiento colectivo.  

Leer / Assassination Nation: para los justicieros, la moderna caza de brujas

Un telón de fondo que lleva todos estos mensajes de redención a un nivel nunca antes visto. No al menos con la “delicadeza” del mismísimo Howden. Que además de demostrártelo en la ficción, sale de ella -como explicamos al inicio- para darle vida a su tesis de una generación digitalizada transformada en “máquinas para matar”. 

De ahí que también tome prestados conceptos del cyberpunk japonés que vimos en películas tan futuristas y rocambolescas como Meatball Machine (2005) o la propia Tokyo Gore Police (2008), sobre todo con el asunto de los cuerpos transgredidos, pero combinado también con el frenético ritmo de estas películas sci-fi que pretenden emular el lenguaje de las simulaciones o los videojuegos para volcarlo no al horror, sino, más bien a la acción explosiva.

Como por ejemplo las dos cintas de Crank (2006 / 2009), que además de homenajear tantas películas del género podía, lograba recrear una suerte de “videojuego cinematográfico” con una disparatada premisa que te contaba cómo el protagonista -Chev Chelios- debía conseguir un objetivo -mantener la adrenalina corriendo en su organismo sea como fuere- mientras libraba una batalla repleta de obstáculos y enemigos en un tiempo determinado. 

¿O qué me dicen de la encantadora Hardcore Henry (2015) de Ilya Naishuller? Una cinta rusa-estadounidense que trataba de emular, con su alocado formato en primera persona, un videojuego de acción y supervivencia al puro estilo de los juegos shooter como Doom definida por la crítica con el interesante término de un videojuego interruptus.

Leer / Hardcore Henry, lo prometido es deuda: una nueva era del cine y los videojuegos 

Pues bien, Guns Akimbo parece unir todos estos conceptos y entregarnos una preciosa pero alocada película cuya filosofía número uno radica en el modelo narrativo de: más es mucho que mejor. Por lo que las fascinantes escenas de acción irán aumentando de tono e ingenio mientras la cinta avanza. Porque su argumento no solo es lo suficientemente satírico, también adrenalínico. 

En cuanto a las actuaciones no hay mucho que decir. Daniel Radcliffe cada vez más empeñado en demostrar que su talento no se limita plena y únicamente a Harry Potter -¡Hay que verse Swiss Army Man (2016) para notarlo!- y aquí solo nos lo confirma constantemente con este papel de pobre iluso amante de la corrección política que se va transformando poco a poco en máquina de matar. 

Pero es Samara Weaving, que ya he confesado que amo con todas mis fuerzas, lo que de verdad pesa en Guns Akimbo. De su recurrente papel como Scream Queen de películas de horror como en The Babysitter (2017) o Ready or Not (2019), a una frenética mujer indestructible que come, suda y caga balas de alto calibre, hay muchísima diferencia. Y qué mejor que verla desatada en un papel más exigente. Como mancuerna junto a Daniel, excelente elección.  

¿Qué puedo decirles queridos padawans? Aunque exista una petición vigente entre los críticos de internet de no realizar una review o artículo de esta película en ninguna circunstancia, a forma “de protesta” por quién sabe qué, yo simplemente me la paso por el forro de las pelotas. Pero no por hacerme el rebelde ni mucho menos, sino porque la cinta no se lo merece. 

Guns Akimbo no es ninguna película profética. Es el espejo viviente de este estupidísimo siglo volcado en la moralidad subjetiva de lo políticamente correcto. Y en estos tiempos de “justicieros” amantes de “la tolerancia” que exigen de forma intolerante que se respete su opinión como verdad absoluta; que se piense como ellos porque si no mereces ser humillado, uno agradece con toda el alma que Jason Lei Howden no solo nos lo demuestre con la ficción; también que nos lo restriegue en la vida real en una suerte de mímesis irónica. 

Guns Akimbo señores, o el alocado espejo de nuestro siglo. 

Sinopsis:

“Miles (Daniel Radcliffe) se siente atascado en la vida: su trabajo no tiene futuro y sigue enamorado de su exnovia Nova. Un día descubre que un grupo de mafiosos llamado «Skizm» planea celebrar una peligrosa competición que reúne a extraños de distintos puntos de la ciudad con el propósito de comprobar cuál de ellos logra una mayor cantidad de espectadores online. Aunque al principio tiene dudas, pronto descubre que Nora ha sido secuestrada por Nix, un grupo armado que participa en el concurso, por lo que Miles decide dejar atrás sus miedos para participar en el torneo.”

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com