Estás aquí, futuro
La megamarcha pasará a la historia de Puebla como el día en que lo que salva dio una muestra irrefutable de su presencia, renovando la esperanza
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
10 de marzo, 2020
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Foto: Olga Valeria Hernández

Martín López Calva

I. Los principios de esperanza en la desesperanza

“Según Hölderlin: Donde crece el peligro, crece también lo que salva” dice Morin en su libro Educar en la era planetaria (p. 139) y en nuestro México, en nuestra Puebla el peligro ha crecido de manera exponencial hasta hacernos vivir con miedo, inseguridad, desconfianza y recelo hacia los demás, al grado de ir destruyendo paso a paso el tejido social y rompiendo al parecer gravemente, la solidaridad.

Pero el jueves pasado, 5 de marzo de 2020 pasará a la historia de nuestro estado como el día en que lo que salva dio una muestra irrefutable de su presencia entre nosotros, renovando la esperanza y regenerando las posibilidades de convertir la realidad de muerte en una posibilidad de vida.

Este es el principio del salvataje, el primero de los 6 principios de esperanza en la desesperanza que plantea Morin en esta misma obra. Los otros cinco son: el principio vital, al principio antropológico, el principio de lo inconcebible, el principio de lo improbable y el principio del topo.

La megamarcha universitaria de la semana pasada parece encarnar todos estos principios. El principio vital porque la marcha mostró claramente que todo lo humano puede regenerar la esperanza regenerando su vida, y lo vivido ese día fue una muestra evidente de la regeneración de la esperanza que regenera las posibilidades de vida. El principio antropológico porque los jóvenes nos mostraron que, aunque a veces parezca que hemos llegado al límite de las posibilidades de la inteligencia y el espíritu humano, y que ya no hay forma de recuperarnos de esta crisis humana profunda, todavía hay muchas posibilidades de evolucionar en las posibilidades intelectuales, emocionales, espirituales y civilizacionales de la humanidad.

El principio de lo inconcebible y el principio de lo improbable porque hasta antes de ese día, vivíamos en gran medida con el prejuicio de que las nuevas generaciones no tenían ningún interés en participar en la vida social y política para mejorar las cosas y que la situación social estaba ya en un punto de no retorno, pero sucedió ese día el despertar que nadie hubiera pensado que podría darse, es decir, ocurrió lo menos probable.

Finalmente, el principio del topo, porque en la enorme marcha y en su ejemplar organización emergió un potencial transformador de la sociedad que hasta antes de ese día parecía no existir pero que estaba construyéndose por debajo de la superficie de lo que la sociedad, los medios de comunicación y las redes sociales están circulando cotidianamente.

Mucha gente podría pensar que fue solamente “una marcha”, “una manifestación más”, “la flor de un día” que se da en ciertos momentos pero que no cambia nada en la realidad. Sin embargo estoy convencido de que esta expresión de solidaridad ordenada, pacífica, exigente pero propositiva, indignada pero esperanzada, ejemplar en su organización e inédita en su magnitud, marcará un antes y un después en nuestra sociedad independientemente de lo que ocurra con este movimiento estudiantil en el futuro inmediato o en el largo plazo.

Foto: Olga Valeria Hernández

II. El ejemplo de autoética

“Una sociedad de alta complejidad debería garantizar 

su cohesión no solamente por medio de leyes justas,

 sino también por la responsabilidad/solidaridad de sus

 ciudadanos. Cuanto más se complejiza la sociedad, 

más necesita de autoética”.

(Morin, 2005; p. 149)

A pesar de que seguimos en una sociedad de baja complejidad, altamente centralizada y basada en el control y con una preocupante tendencia a concentrar todo el poder y las decisiones en una persona: el presidente, la megamarcha del jueves pasado fue un ejemplo de autoética, una muestra de la cohesión que, ante la ausencia de leyes justas o de un sistema que haga justicia usando imparcialmente la ley, mostró la enorme responsabilidad y solidaridad de sus ciudadanos, sobre todo y de manera muy relevante de los jóvenes, que fueron los protagonistas y líderes de esta manifestación de civilidad.

¿Quién le dijo a los estudiantes que recogieran toda la basura que se generara en el trayecto por parte de los participantes? Sin duda fue su propia responsabilidad con el cuidado del medio ambiente que se ha desarrollado desde que eran muy pequeños por influencia de sus familias, sus docentes y el contexto en que les ha tocado vivir.

¿De dónde salió el orden, el cuidado de todos los detalles, los mecanismos para controlar que todos los que participaban fueran universitarios –estudiantes, profesores o directivos- y evitar que hubiera infiltrados? Seguramente de su propia consciencia como estudiantes comprometidos y enfocados en una meta clara que podría desvirtuarse si se hubieran dado hechos de violencia o de provocación.

Foto: Olga Valeria Hernández

¿Cómo llegaron a dialogar y a solidarizarse estudiantes de universidades que surgieron del antagonismo y la oposición férrea? ¿Cómo pudieron integrar de manera armónica y solidaria a más de treinta instituciones de educación superior distintas entre sí, que se apoyaron mutuamente durante todo el trayecto y en la manifestación final en la casa de gobierno? De su propia condición de millennials y centennials que han nacido en un mundo de identidades débiles donde las fronteras ideológicas, políticas, raciales, culturales, de género, son mucho más fáciles de atravesar y donde el diálogo y la inclusión son más naturales.

La autoética mostrada a partir de la responsabilidad y la solidaridad de los estudiantes generó una cohesión social incluso entre sus padres, en las personas que cruzaban en el camino y en la sociedad toda que son una semilla para tratar de hacer realidad la exigencia de una sociedad de alta complejidad en el ángulo de la creación de leyes justas y la aplicación de estas a partir de instituciones sólidas.

III. Estás aquí, futuro

Todavía invadido de la emoción de caminar junto con los estudiantes, de unirme a sus consignas, de colaborar con la organización también en el lenguaje no verbal, de escucharlos a las puertas de la Casa Aguayo, de vivir ese pase de lista y ese minuto de silencio por sus compañeros asesinados brutalmente, y de cantar el himno nacional en un coro multitudinario, puedo decir junto con el poeta: “bendito seas futuro / por llegar a la deriva / sin preces ni condenas / ni justos a la vuelta de la esquina…” 

Asumiendo mi responsabilidad como educador, como acompañante que recibió esta cátedra de ciudadanía en las calles de la ciudad y como heredero de otros movimientos históricos vividos por los jóvenes de este país en otro tiempo, considero necesario decir también con Benedetti: “…estás aquí futuro / hay que ampararte/los emboscados en la amanecida/quieren acribillarte desde el miedo/dejarte sin enigmas…” 

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..