El coronavirus en los tiempos de la posverdad

El coronavirus en los tiempos de la posverdad

Foto: Eneas de Troya | Wikimedia Commons
Roberto Alonso

@rialonso

Ni las fake news ni la posverdad son fenómenos nuevos, lo novedoso es el contexto que las amplifica, un contexto en el que, irónicamente, aunque tenemos mayor acceso a la información, nuestro consumo no solo es limitado, sino comodino. Valoramos con mayor estima aquello que en la superficie representa cierta ventaja u oportunidad por múltiples motivos y convicciones, en vez de emprender análisis profundos, complejos y responsables.

La realidad no ayuda: en medio de una crisis generalizada de confianza y de tanta incertidumbre, preferimos sostenernos en aparentes actos de convencimiento que afrontar la duda, y esto lo podemos constatar con el avance en México de la pandemia del COVID-19. Usar un cubrebocas nos da más tranquilidad que redoblar esfuerzos para ser más precavidos con las superficies que tocan nuestras manos; aguantar la respiración durante 10 segundos nos declara libres del virus, en vez de reconocer que podemos tenerlo hospedado en el organismo y no reflejar síntomas, representando un riesgo para quienes pueden presentar un cuadro más severo por edad o padecimientos previos.

Pero demos un paso atrás. ¿Qué es eso de la posverdad y cuál es su relación con las tan llevadas y traídas fake news? ¿Es la posverdad una fase de mayor verdad o la amenaza de esta? De acuerdo con la Real Academia Española (RAE), la posverdad es la “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. ¿Nos suena familiar?

Vayamos a otra definición, no sin antes destacar que este término llegó a la RAE hace poco más de dos años, luego de que en 2016 el prestigioso diccionario Oxford distinguiera el vocablo post-truth como la palabra del año. Para este diccionario de la lengua inglesa, la posverdad denota “circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que las referencias que apelan a las emociones y creencias personales.” Como se podrá notar, ambas aproximaciones apuntan hacia la opinión pública –ese campo de batalla que se configura todos los días– y sacan provecho no del conocimiento, sino de aquello en lo que creemos y sentimos.

Foto: Marlene Martínez

¿Aplicaría el concepto para explicar el “escudo protector” de un presidente que ante la pandemia exhibe objetos cargados del poder simbólico de la religiosidad para comunicar serenidad en las personas que le siguen? El acto está dirigido al terreno de la fe. Otra discusión es si el gobierno federal está actuando responsablemente según las fases y las medidas de preparación prevención y control de una enfermedad grave y de atención prioritaria.

En la era de la posverdad, esa en la que la racionalidad cartesiana del “pienso, luego existo” ha mutado en la versión “creo, luego estoy en lo correcto”, las fake news son los resortes para hacer creíble la mentira, confundir y, en suma, desinformar; y la polarización es un caldo de cultivo para la propagación de las noticias falsas. Como la transmisión del coronavirus, así se expanden las fake news sobre este.

Que si una farmacéutica creó el Covid-19, que si tal hospital particular identificó más casos de los reconocidos por la Secretaría de Salud, que si se instauró un estado de emergencia en territorio mexicano con base en el artículo 116 (de la Constitución Española), que si el aeropuerto está aglomerado por la recepción de vuelos desviados de Estados Unidos, que si se registró a un niño con el nombre de Dylan Covid, que si la Secretaría de Salud prohibió a los laboratorios privados hacer pruebas para detectar la nueva enfermedad pandémica, que si aparecieron delfines en Venecia, o que si beber agua caliente o agua con limón y bicarbonato elimina el nuevo coronavirus. Todos estos son ejemplos de fake news que en los últimos días han intentado manipular la opinión pública.

Mientras se expande la infodemia, como denominó Sylvie Briand, directora de Preparación Mundial para Riesgos Infecciosos de la Organización Mundial de la Salud a principios de febrero, a esta ola de rumores e información falsa, hacen su lucha los anticuerpos: sitios de verificación de información que específicamente desde el periodismo intentan combatir la viralización de las fake news con su consecuente construcción de posverdad. Estos esfuerzos, como los del personal médico que atiende la contingencia sanitaria, merecen también un aplauso público.

Ante el temor, al que tenemos derecho en tiempos de incertidumbre, una respuesta cívica es la verificación de información, acaso una nueva responsabilidad en la ruta hacia la construcción de una ciudadanía verdaderamente informada.

Aquí una guía (de tantas) para irnos ejercitando en la identificación de fake news.

*Foto de portada: Marlene Martínez

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