¿Educación humanista a distancia?
Martín López Calva discute la posiblidad de que exista educación humanista usando tecnología o si esta necesariamente requiere de la interacción física
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
31 de marzo, 2020
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Martín López Calva

No hay posibilidades de educar si no existe un ambiente propicio que haga que los educandos y los educadores estén motivados al compromiso y abiertos a la confianza mutua. No hay posibilidades de educar, si no se dan encuentros significativos entre educadores y educandos, entre grandes saberes o tradiciones o enfoques y educandos deseosos de saber, entre educandos y educandos en búsqueda común. No puede haber educación si no hay presencias que sean en sí mismas, educadoras de las generaciones futuras, testigos de la humanidad que facilitan el aprendizaje de lo que es ser humano y vivir humanamente en una realidad concreta.

Martín López Calva. Ambientes, presencias y encuentros. Educación humanista ignaciana para el cambio de época, p. 47.

Una de las pocas y sencillas formulaciones originales que considero haber aportado en todos estos años de ejercer, pensar, investigar y escribir sobre lo que es la educación humanista en el cambio de época es la que se sintetiza en el párrafo que cito como epígrafe de esta Educación personalizante de hoy.

En efecto, mi convicción pedagógica más clara consiste en la idea de que no puede haber educación auténtica sin la existencia de ambientes propicios e incluyentes, presencias transformadoras y encuentros significativos que propicien el crecimiento integral de los educandos como personas.

Una explicitación más amplia de esta visión sobre la educación humanista se encuentra desarrollada en el volumen no. 21 de la serie Cuadernos de Fe y Cultura editado por el Sistema Universitario Jesuita en el 2006 que puede consultarse en la liga que refiero en la cita ya señalada.

Desde aquellos años y aún antes, desde que las tecnologías de información y comunicación (TIC) empezaron a apoderarse de toda nuestra vida hacia fines del siglo pasado dando origen a la sociedad de la información o del conocimiento, surgió una pregunta que todavía no se ha podido responder y que para mi gusto se ha explorado poco todavía: ¿Es posible una educación humanista con el uso de las tecnologías o estos planteamientos requieren de la interacción física entre los educandos y los educadores?

Pedagogos muy reconocidos como Carlos Skliar plantean que se ha impuesto en esta sociedad de la información un modelo comunicativo pero no un modelo conversacional que debe ser el que impere en la educación humana. Para él, el modelo de comunicación implica redes y tecnología a través de la cual los emisores pueden expresar lo que quieran, pero sin que haya nada del otro lado. 

El autor de Pedagogías de las diferencias  sostiene que la escuela no tiene que imitar este modelo en el que se impone la condición de época que implica una comunicabilidad sin límite pero virtual. Por el contrario, la escuela debe ser un escenario de conversación real, presencial dice el pedagogo argentino.

Ahí planteó un cambio profundo entre lo que el mundo ofrece como modelo y ciertas plataformas técnico – educativas están cayendo en la trampa de creer que de lo que se trata es de copiar al mundo tal como se lo presenta publicitariamente.

“Los maestros deben recuperar un papel de compromiso con un mundo distinto”, 

Carlos Skliar Entrevista

En este cambio profundo que se propone, “entre lo que el mundo ofrece como modelo” y lo que debería ser una educación humana y humanizante parecería haber una total incompatibilidad. Pero aceptar esta incompatibilidad implicaría decir que no existen posibilidades de una verdadera educación entendida como formación integral de las personas si se recurre a modelos de educación online, que es imposible una formación humanista mediada por la tecnología.

¿Qué pasa entonces con esta temporada de contingencia por el COVID-19 que tiene cerradas las escuelas en un buen número de países del mundo incluyendo a nuestro México? ¿Tenemos que aceptar entonces que a lo más que se puede aspirar en estas semanas de trabajo virtual entre docentes y estudiantes es a la transmisión más o menos eficiente de información o contenido de las materias? ¿Debemos renunciar por el tiempo que dure la contingencia a la búsqueda de una formación humana de los niños y jóvenes que serán los ciudadanos del futuro? ¿Una sociedad formada por personas educadas a través de la tecnología tiene entonces que ser una sociedad deshumanizada?

Porque la contingencia ha obligado a cerrar las escuelas y universidades y a recurrir al trabajo a distancia utilizando plataformas tecnológicas de esas que Skliar cuestiona por ser comunicativas –o tal vez meramente informacionales- y no realmente conversacionales. Esto implica la pérdida del contacto humano cara a cara, de la posibilidad de cercanía física que es tan importante para nuestra vida cotidiana.

Como escribió mi querido amigo y gran filósofo Francisco Galán en su muro de Facebook: “…aunque somos seres abrazantes, moriremos sin podernos abrazar. Así de graves están las cosas”. Esta es la triste situación en la que nos encontramos y que todos esperamos que dure lo menos posible y genere el menor número de enfermos y muertos dentro de la gravedad de esta nueva pandemia. 

Pero precisamente porque la emergencia nos está forzando a usar de manera intensiva las tecnologías y a vivir la experiencia obligada de una educación virtual generalizada, necesitamos buscar formas nuevas y creativas de usar las TIC para generar procesos de educación integral, auténticamente humana y humanizante a pesar de la distancia física.

En lo personal creo –tal vez quiero creer- en que es posible la formación humanista a través de las tecnologías y que este desafío de pasar de experiencias meramente comunicativas o informativas a experiencias realmente conversacionales y de transformación humana en las clases virtuales.

Retomando los tres elementos fundacionales de una educación humanista en el cambio de época, creo que el desafío de los docentes en esta etapa de contingencia y viendo hacia el futuro es la construcción de ambientes virtuales constructivos, cálidos, humanos e incluyentes; el esfuerzo por volverse presencias cercanas y transformadoras para los estudiantes aún a través de una plataforma tecnológica o una aplicación virtual y la planeación de encuentros significativos entre los educandos y el conocimiento –las grandes tradiciones científicas, sociales y humanas, los autores de referencia que siguen siendo inspiradores hoy- para poder lograr que aún con la mediación tecnológica los estudiantes se sientan parte de un proceso de búsqueda de humanización.

El primer paso para lograrlo es la comprensión empática de la situación que están viviendo los estudiantes en sus casas a partir de lo que nosotros como educadores estamos experimentando. Esta comprensión hará que renunciemos a la ingenua pretensión de que todo siga su dinámica normal con la única diferencia de no estar en el aula para replantear los alcances, dinámicas y formas de interacción y de evaluación que respondan a esta nueva realidad.

A partir de ahí pueden encontrarse muchas estrategias que generen esta combinación virtuosa de ambientes, presencias y encuentros a través de la tecnología. Dedicar un momento de la clase por ejemplo a que cada estudiante exprese cómo está viviendo esta contingencia y qué sentimientos están presentes en su dinámica personal y familiar es una manera concreta de abrazarnos a la distancia ejerciendo nuestra naturaleza abrazante en lugar de entrar directamente al tratamiento y exposición de los contenidos.

La contingencia y la disponibilidad de tantos medios tecnológicos nos abren la puerta a todo un mundo nuevo de posibilidades para entender y vivir una educación humanista que regenere la esperanza en tiempos de contingencia.

*Foto de portada: StartupStockPhotos | Pixabay

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..