Cogidos de la misma red
Ahora casi todos conocemos Wuhan tal vez porque sabemos cómo se muere allí en esta pandemia de enormes proporciones, la primera del siglo veintiuno
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
18 de marzo, 2020
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Martín López Calva

@M_Lopezcalva

[pull_quote_center]A partir de ese momento, se puede decir que la peste fue nuestro único asunto. Hasta entonces, a pesar de la sorpresa y la inquietud que habían causado aquellos acontecimientos singulares, cada uno de nuestros conciudadanos había continuado sus ocupaciones, como había podido, en su puesto habitual. Y; sin duda, esto debía continuar. Pero una vez cerradas las puertas, se dieron cuenta de que estaban, y el narrador también, cogidos en la misma red y que había que arreglárselas. [/pull_quote_center]

Albert Camus. La peste, Pág. 63.

[dropcap]V[/dropcap]arios artículos de periodistas y analistas han traído a colación la genial novela del filósofo y escritor existencialista Albert Camus, La peste, para hacer un símil con la situación que vive el mundo entero hoy por la emergencia del COVID-19. 

Leí esta obra durante el verano de 1990 por encargo del Dr. Juan Bazdresch S.J.,  nuestro profesor del módulo de Antropología filosófica dentro del Posgrado en Humanismo Universitario que estudié en la entonces llamada Universidad Iberoamericana Golfo-centro, quien trabajó con nuestro grupo un brillante análisis de lo que esta novela revela acerca de la naturaleza humana, sus tensiones, contradicciones y riqueza.

Rescato ahora algunas citas de esta obra maestra de la literatura universal para plantear algunos elementos que esta nueva plaga que está aún en proceso de expansión en el mundo está mostrándonos y para tratar de enunciar algunos aprendizajes que ojalá puedan derivarse de nuestra experiencia frente a esta situación de emergencia global.

  1. Conocer ciudades.

[pull_quote_center]El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. (Pág. 9)[/pull_quote_center]

A veces la vida nos obliga a conocer ciudades que antes no hubiésemos imaginado siquiera que existían. Es el caso de la ciudad China de Wuhan de la que un gran número de personas en el planeta seguramente no habían oído hablar hasta que el pasado diciembre surgió ahí el primer brote de este nuevo tipo de coronavirus que no había sido detectado antes.

Cogidos de la misma red, algo sobre La Peste, la novela de Albert Camus

Foto: Eneas de Troya | Flickr

Ahora casi todos conocemos Wuhan tal vez porque sabemos cómo se muere allí en esta pandemia de enormes proporciones, la primera del siglo veintiuno que ojalá pueda ser pronto controlada para que podamos saber también, aunque sea a toro pasado, cómo se trabaja en ella y cómo se ama allí.

  1. Desprevenidos y frágiles.

[pull_quote_center]Ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas. (Pág. 38).[/pull_quote_center]

En efecto, esta nueva gran plaga que enferma día a día a más personas en todo el globo nos ha tomado desprevenidos porque a pesar de que en la historia humana ha habido tantas guerras y pestes, cada nueva guerra y cada nueva peste toma a la gente desprevenida.

Uno no está preparado nunca para una nueva guerra así como jamás está ni estará preparado para una nueva peste, para una nueva enfermedad. Tan desprevenidos nos toma el llamado coronavirus que a muchos les parece inverosímil, no dan crédito a esta nueva emergencia de la naturaleza y tratan de buscar seguridad en el pensamiento mitológico que construye narrativas sustentadas en teorías de la conspiración que plantean que este nuevo virus fue diseñado y esparcido por algún grupo ultra poderoso que pretende apoderarse del control del mundo.

Porque si algún mensaje nos trae una pandemia provocada por un organismo microscópico acelular, es que por más que vivamos en la época que heredó de la modernidad la sensación de que el sujeto humano es fuerte y poderoso, capaz de controlar su vida y la vida de todo en el planeta, los humanos somos seres frágiles que podemos perder la vida a causa de un virus emergente.

La constatación de nuestra fragilidad viene acompañada de la explicitación de la vulnerabilidad que paradójicamente coexiste con los grandes avances científicos, tecnológicos y económicos. Por más que las ciencias, la tecnología y el sistema económico global parezcan murallas sólidas e infranqueables, son incapaces de contener y evitar la expansión de una enfermedad causada por un organismo vivo que es imperceptible a simple vista.

  1. ¿Sabemos lo que es un muerto?

[pull_quote_center]…¿qué son cien millones de muertos? Cuando se ha hecho la guerra apenas sabe ya nadie lo que es un muerto. Y además un hombre muerto solamente tiene peso cuando lo ha visto uno muerto; cien millones de cadáveres, sembrados a través de la historia, no son más que humo en la imaginación. (Pág. 39)[/pull_quote_center]

La realidad es que cuando se ha vivido en guerra como lo hemos hecho nosotros desde hace ya al menos dos décadas, se pierde la noción de lo que son cien, mil o diez mil muertos y eso ha estado pasando hasta hoy con la pandemia del COVID-19. Más allá del morbo y la novedad que vuelve viral –paradójicamente viral- en las redes sociales este fenómeno por unos días, cuando uno no ha visto a un hombre muerto, los miles de cadáveres sembrados a lo largo y ancho del mundo a través de los años no son más que humo en la imaginación como dice Camus.

Como ocurre en muchas de estas situaciones, las personas empiezan a entender lo que es un muerto hasta que miran morir a alguien cercano o al menos alguien del círculo conocido. Es así que la pandemia estaba en China y los italianos seguían divirtiéndose, conviviendo y viajando hasta que la espiral de mortalidad llegó a penetrar sus fronteras.

En México parece que estamos en las mismas. A pesar de la experiencia previa que tuvimos en el año 2009 con la influenza AH1N1 que nos hizo encerrarnos por varios días en nuestras casas, los primeros datos sobre el llamado coronavirus parece que no fueron más allá de lo anecdótico y aún entre las autoridades ha tardado en reflejarse una preocupación más seria al respecto, hasta estos últimos días en os que los casos empiezan a crecer en número y a extenderse por los estados del país.

  1. El miedo y el tiempo.

[pull_quote_center]Hay los que tienen miedo y los que no lo tienen. Pero los más numerosos son los que todavía no han tenido tiempo de tenerlo. (Pág. 59)[/pull_quote_center]

Hasta ahora en nuestro país hay un grupo muy numeroso que no ha tenido tiempo de tener miedo, miedo de verdad, miedo que afecte y haga reaccionar. Los que tienen miedo se han volcado a las tiendas y supermercados para hacer compras de pánico que rayan en el absurdo y dejan sin posibilidad de abasto a muchos otros ciudadanos. Los que no tienen miedo están actuando irresponsablemente –como lamentablemente ha hecho nuestro presidente abrazando y besando niños y adultos en su gira de este fin de semana- poniendo en riesgo las acciones de contención que se han venido proponiendo.

Pero los que aún no tienen tiempo de tener miedo parece que inevitablemente lo tendrán en las próximas semanas en las que se prevé que vivamos el pico más alto de contagios en todo el territorio nacional y para el cual afortunadamente se han empezado a tomar medidas más estrictas.

  1. Cogidos de la misma red.

[pull_quote_center]Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo…[/pull_quote_center]

Lo que podemos ganar en este juego de la peste que se avecina es el conocimiento y el recuerdo. Ojalá seamos capaces de apoyarnos unos a otros para ganar en conocimiento de lo que es capaz de hacer el ser humano en estas situaciones críticas que reclaman, como dice la misma novela, no solamente acciones grandes sino el despertar de un gran sentimiento, de un sentimiento de solidaridad con todos los que padecen.

Camus a través de uno de los personajes de la novela afirma que en el hombre “hay más cosas dignas de admiración que de desprecio” y estas cosas están aflorando en los países que ya están en aislamiento como Italia con el video esperanzador de la gente cantando en los balcones de sus casas para unirse en el sentimiento con sus vecinos o como España con ese aplauso prolongado y masivo que se produjo en barrios enteros que al unísono agradecían a las personas que se dedican a cuidar la salud de los afectados.

Que aprendamos y recordemos siempre estos ejemplos y otros que sin duda surgirán en nuestro propio contexto nacional y local. Que aprendamos sobre todo que estamos cogidos en la misma red y que tendremos que arreglárnoslas para superar este enorme desafío.

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..