Inteligencia "artyficial" ¿los nuevos parásitos del cine?
Hace unas semanas se fogueó fuerte la noticia de que Warner Brothers había comprado un novedoso sistema que definiría basado en el criterio de una inteligencia artificial qué proyectos se harían o no. 
Por Aldo Plouganou @
02 de febrero, 2020
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Aldo Plouganou

@AldoPlouganou

[dropcap]H[/dropcap]ace unas semanas se fogueó fuerte la noticia de que Warner Brothers había comprado un novedoso sistema que definiría basado en el criterio de una inteligencia artificial qué proyectos se harían o no. 

¿Inteligencia artificial en la Warner?

Si alguien lograba trascender los titulares en busca del click, no era mucho el esfuerzo que hacía falta para encontrar alguna de las notas reales, como la de Tatiana Siegel de Hollywood Reporter, en donde queda claro que no es tan así como que la inteligencia artificial decidirá si hacen otra “Batman” o si mejor hacen treinta películas como “Whiplash” y “La Forma del Agua”. Más bien lo que el bichito este va a hacer es establecer parámetros para reaccionar en situaciones de negociación especialmente para asistirlos en la toma de decisiones con negociaciones de cortos periodos de definición. 

Es un toque de nicho, pero ahí en lo profundo de la cinefilia –sin querer–, los titulares acertaron en algo del alarmismo que le imprimieron a la nota. El tema es que para que las películas lleguen a nuestras pantallas –todas ellas: cine, tele, avión, celu, streaming–, deben ser compradas por una empresa distribuidora; ellos hacen el arreglo con las empresas exhibidoras, no importa dónde se haya hecho la película esto prácticamente siempre es así

Ahora, ¿dónde?, casi toda la producción audiovisual que quiere abrirse mercados suele encontrarse a principio de año en Francia, mientras el festival se disfraza con telas caras y bigotes retorcidos de “arrrrrrte”, en los yates anclados en el puerto de Cannes los ejecutivos de productoras, distribuidoras y exhibidoras juegan a armar el “turista mundial” del próximo año audiovisual. Muchas de estas negociaciones se hacen con una aprobación ejecutiva final que debe llegar desde el otro lado del atlántico, pujando contra las ofertas que llegaron desde otros yates en donde alguien ofrece más plata por tal película o serie. Para esto quieren la inteligencia artificial, para saber cuánto arriesgar, hasta dónde, en qué no. 

Esto significa que más bien, lo que queda a merced del frío criterio de los algoritmos fundamentados en tendencias que conforman la esencia de una inteligencia artificial, son las películas como “Parasitos”, “Canino”, “Amelie”, “Vals con Bashir”, “La mujer que cantaba”, “Happy Together”, “La Ciénaga”. 

Esas raras perlas escondidas que una vez cada tanto nos toman por sorpresa en el medio de la cartelera habitual –casi toda gringa–, y que nos llevan a un lugar lejano, extraño, diferente; nos cuentan una historia de la que no podemos dejar de pensar por varios días, inclusive semanas. Con una voz, con una mirada del mundo refrescante, irrepetible… 

¿Por qué no podemos dejar de pensar en ellas? Exactamente por la misma razón que no podemos dejar de pensar en el chico, la chica, del colectivo que nos hizo un nudo en la garganta cuando cruzamos la mirada. No lo esperábamos, no lo podíamos buscar por que no teníamos ni idea de cómo era, entonces no podíamos adivinar que lo queríamos; nada al despertarnos esa mañana nos pudo prevenir que algo no sería absolutamente normal y todo lo es, excepto ese detalle, esa presencia que nos arrebata el corazón por darnos algo que conocemos con las variaciones exactas para desatar nuevas consecuencias emocionales.

No es que Bong Joon-ho nos muestra cosas coreanas que no existen en América latina, no podemos parar de pensar en “Parasitos” porque del otro lado del mundo vemos a gente soñando lo mismo que soñamos, luchando las mismas batallas, sufriendo los mismos dolores; pero esa voz contando el cuento, lo hace desde un lugar que no adivinábamos que existía, nos enseña cosas de nuestro propio dolor, de nuestra propia experiencia cotidiana padeciendo el clasismo, los privilegios, la meritocracia, que no sabíamos que sentíamos; nos muestra pedazos de alma que siempre habían estado fuera de los bordes del espejo.

Eso es lo que los genios de Warner le van a pedir a la inteligencia artificial que decida. Para ser francos este tipo de inversiones locas pasan todo el tiempo y son una de cada cien las que se terminan quedando realmente en lo cotidiano de la industria, pero nos da un buen pretexto para pensar: ¿cuántas veces seremos nosotros los que decidamos lo que vemos con el mismo formato que la inteligencia artificial? Patrones, repeticiones, tendencias. ¿Cuántas veces será así de artificial nuestra búsqueda del asombro, la verdad y el aprendizaje?, ¿cuántas infatuaciones de colectivo habremos dejado pasar por esas salas de cine montados en la necedad de mirar siempre la misma ventana? 

Como sea, es un lindo momento del año para revolver un toque las cosas, tener presente al robotin de Hollywood y estar atentos en el transcurso del año a ver si nos encontramos algún otro parásito, una langosta o hasta un Leviatán

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