Girl power en la tecnología: De la ciberseguridad al software libre

Girl power en la tecnología: De la ciberseguridad al software libre

Ilustración: Gogo Ortiz
Dafne Garcia

@dafnebetsabe2

Mayeli y Claudia son dos mujeres especializadas en temas de ciberseguridad y tecnología. Mayeli trabaja con software libre y Claudia es actualmente la coordinadora de la única maestría en el país enfocada en Ciencias en Tecnologías de la Seguridad con enfoque multidisciplinario. Motivadas por la curiosidad y su pasión por la ciencia, ambas coinciden en que es importante que las mujeres incursionen en estas áreas.

En el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, conmemorado cada 11 de febrero, es importante visibilizar las historias de mujeres que están creando y generando conocimiento en la ciencia, como Mayeli y Claudia que a través de sus áreas de especialización han logrado cosas increíbles.

De bióloga a programadora

Mayeli Sánchez Martínez tuvo un primer acercamiento al área de la programación cuando hizo la maestría de Ecología, después de haber estudiado biología. 

De manera simple, la programación es una serie de códigos que, en su conjunto, le dan órdenes a las computadoras para ejecutar sus funciones: mostrar imágenes, colores, movimiento. Al hacer doble clic en un ícono, hay detrás una programación que dicta qué pasará después. 

“Tuve una asesoría de un estudiante de un área externa que me enseñó a hacer una programación súper básica. Fue una cosa sencillita pero ahí descubrí que tenía cierta facilidad para la parte de la programación. Con eso, logré generar el modelo digital que emulaba el movimiento de un pulmón”, cuenta Mayeli en entrevista con LADO B.

La curiosidad fue jalando a Mayeli de la biología a las computadoras, pues quería saber cómo funcionaban exactamente ciertos programas que estaba utilizando para analizar datos mientras realizaba su tesis de maestría. Sin embargo, aunque trató de averiguar, fue imposible, era un software cerrado, es decir, que no permitía ver el código que lo hacía funcionar. 

“Entonces tú no sabías realmente lo que hacía, no conocías la ecuación que [los programas] estaban utilizando para poder generar tus datos, y a mí eso me frustraba mucho porque yo me preguntaba ¿cómo funciona?”.

El software cerrado es como un reloj que no puede abrirse para ver su maquinaria. El software libre, en cambio, es un reloj capaz de abrirse y así, no sólo es posible ver cómo funciona, sino que también se le pueden hacer modificaciones, cambiar las piezas. 

A Mayeli, ya le gustaban los modelos matemáticos desde antes de cuestionarse cosas sobre la programación, aunque fue durante la maestría que usó distintos softwares para realizar modelados para sus investigaciones. 

Mientras realizaba el doctorado, también en Ecología, empezó a hacer modelados con softwares diferentes y observó que con cada uno obtenía resultados ligeramente diferentes. Ella quería saber por qué pasaba eso pero nadie más se lo cuestionaba. Sólo lo daban por hecho. 

“Esto no se supone que tenga que ser así. En la ciencia no se da nada por hecho, en la ciencia es mucho más importante cómo poder entender. Las ideas tienen que ser medibles, comprobables y reproducibles”. 

Después, ante la falta de una confrontación más comprometida con la ciencia por parte de la academia, así como por verse envuelta en un ambiente machista, Mayeli decidió abandonar el doctorado.  

A lo largo de un año, después de su salida, Mayeli se sintió perdida, incluso deprimida, por no encontrar un lugar donde se sintiera segura y donde además pudiera hacer aquello en lo que era buena y le apasionaba: la ciencia. Incluso, cuenta, en aquella época perdió su característica curiosidad por entender cómo funcionaban las cosas. 

En su búsqueda, se encontró con el software libre y “se enamoró”, como ella misma lo dice. Ese fue el momento que cambió definitivamente su dirección hacía los temas de tecnología y comenzó a estudiar propiamente programación. 

“Cuando empecé a trabajar en el tema de tecnologías, equidad de género y a aprender a programar más, se volvió algo como muy divertido y fue una forma de recuperar algo que yo era, que tiene que ver con el querer preguntar, con el querer saber, con el querer tener formas de contestar. Eso me recuerda mucho a los zapatistas, que en algún momento dicen que hay que dejar de ser para volver a ser”.

La incursión de Mayeli en el área del software libre, la seguridad digital y la programación, la ha llevado a participar en diversos proyectos. 

Por ejemplo, entre 2016 y 2017, dirigió en conjunto con Alexandra Haché —socióloga e investigadora de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC)—,  la investigación “Cuerpos de mujeres en campos de batallas digitales”, en el que se realizó un monitoreo durante 18 meses sobre los riesgos y ataques digitales que enfrentan las activistas a favor de la interrupción legal del embarazo (ILE).

Para Mayeli, en cuanto a la construcción de habilidades y conocimiento en estas áreas tecnológicas, hace falta generar nuevos procesos educativos que estén conectados con las realidades sociales. Por ejemplo, a ella le gustaría trabajar con grupos de personas jóvenes y adolescentes en proyectos relacionados con la programación en otras lenguas (como maya o tarahumara), ya que la programación hasta ahora está limitada a lenguas de habla inglesa en su mayoría. 

A través del mundo del software libre, ella se dio cuenta que hay una comunidad dispuesta a compartir y construir cosas desde espacios alternativos. 

“Creo que ha sido de lo más bonito, encontrar que dentro del mundo del software libre, se pasaba de la filosofía del ‘hazlo tú mismo’ al ‘vamos a hacerlo juntas’. Entonces creamos nuestros aquelarres, nos divertimos mucho, es muy amoroso. Es un espacio para equivocarse, es un espacio para reconciliar”.

Ilustración: Gogo Ortiz

Innovar en ciberseguridad desde la academia

Para Claudia Feregrino Uribe, la curiosidad e interés por aprender cosas la llevó al área de los datos. 

“Me gustó mucho la parte de seguridad, la parte de procesamiento de datos, empezando con su comprensión. El conocer cómo es que uno podía reducir la cantidad de datos que tiene y después volver a recuperarlos era como algo mágico”, cuenta en entrevista para LADO B.

La magia a la que se refiere Claudia, es a la comprensión de cómo, por ejemplo, pueden existir bases que contienen miles de datos, y que aún así, es posible contenerlas en cosas pequeñas, como una USB, o que, esos mismos datos, puedan encriptarse y sean algo inaccesible para quien quiera robarlos, aunque para quienes conocen el código, sean recuperables. 

El mayor interés de Claudia es de hecho, la seguridad de los datos. Por eso se especializó en criptología y su aplicación en la protección de la información y de las redes de comunicaciones.

La criptología es el arte de escribir en clave. Y es tan antiguo como la escritura. La encriptación tuvo un papel importante en la antigua Grecia y Roma y fue clave para la estrategia militar, en la que requerían comunicarse en secreto. 

En resumen, encriptar se refiere a transformar un mensaje en un código que sólo pueda ser descifrado por el destinatario. En computación, se trata de algoritmos que hacen que los mensajes lleguen íntegros a su destino, con la seguridad de que si, intentaran ser interceptados por un tercero, este no pueda conocer su contenido. 

La carrera de la Dra. Claudia Feregrino Uribe se ha enfocado en las áreas de seguridad, protección de datos y criptografía. Así, tras 15 años de trabajo e investigación en estos temas, le llegó la oportunidad de coordinar la maestría en Ciencias y Tecnologías de la Seguridad en el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), en el municipio de San Andrés Cholula.

“El área de seguridad de por sí ya me atraía. En el instituto no teníamos un posgrado como este; sin embargo, la misma gente de la industria y de dependencias gubernamentales con las que ha trabajado el INAOE a lo largo de los años había manifestado la necesidad de proteger la información, la necesidad de la seguridad”.

Uno de los objetivos de la maestría es colaborar para satisfacer la necesidad de ciberseguridad, tanto en la industria como en las entidades gubernamentales, sobre todo cuando México es uno de los países con un mayor número de ciberataques y brechas de seguridad en la red.

Actualmente, esta área de conocimiento tiene un déficit de profesionales y se prevé que no habrá suficiente gente especializada en el futuro cercano para cubrir estas posiciones, y como en otras áreas de las ciencias, la ciberseguridad tiene una brecha de género. De acuerdo con el estudio de 2019 “Women in cybersecurity: Young, educated and ready to take charge”, elaborado por el Consorcio Internacional de Certificación de Seguridad de Sistemas de Información o (ISC)², del total de personas que laboran en esta área sólo 24% son mujeres.

Respecto a la inclusión de mujeres en esta área, Claudia Feregrino considera que las mujeres son muy buenas en ciberseguridad, razón por la cual algunas empresas buscan mujeres para cubrir puestos en esas áreas.

De esto da cuenta el análisis realizado por el (ISC)², en el que se descubrió que las mujeres son más tomadas en cuenta para posiciones de liderazgo en ciberseguridad; esto es, hay más mujeres trabajando en áreas como CEO, dirección de sistemas de información, y dirección de tecnología.

Sin duda hay retos y desafíos que vencer aún, por lo que la especialista considera que es necesario invitar a más mujeres a interesarse en estas áreas y terminar con el temor que muchas veces pueden tener para incursionar en estos temas.

Es un hecho, tal y como da cuenta el estudio “Descifrar el código: La educación de las niñas y las mujeres en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM)”, realizado por la  Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Tecnología (UNESCO), que hay una brecha de género importante respecto a las mujeres y niñas que estudian y se desarrollan en estas disciplinas.

Los hallazgos de este estudio demuestran que hay estereotipos muy fuertes acerca de la idea de que los estudios y carreras STEM son de dominio masculino, lo que “puede afectar de forma negativa el interés, el compromiso y el rendimiento de las niñas en STEM y desalentarlas a seguir carreras profesionales relacionadas”.

Una forma de acabar con esos estereotipos, según los hallazgos del estudio, es la presencia de modelos de rol femeninos en las asignaturas STEM. El tener referentes ayuda a las niñas y mujeres a generar motivación para incursionar en estas áreas, a la vez que mejora su percepción y actitudes respecto a las ciencias.

 

 

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