Color Out of Space: ¡el horror cósmico, ya está aquí!
El cinemaniaco habla de Color Out of Space, la nueva cinta de Richard Stanley, película de serie B a la cual considera "una poesía a lo grotesco"
Por Héctor Jesús Cristino Lucas @
20 de febrero, 2020
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Foto tomada de YouTube

Héctor Jesús Cristino Lucas

Hablar de la literatura de Howard Phillips Lovecraft, es transportarnos casi por obligación a otro concepto de “horror” y “miedo” que se aleja a su particular manera de los elementos más clásicos del género -como las casas embrujadas o los asesinos enmascarados- para crearse desde cero, todo un universo capaz de extender las dimensiones de lo plenamente “desconocido”. 

Porque para Lovecraft: “La emoción más antigua e intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y el más intenso de los miedos… es el miedo a lo desconocido”.

Y de ahí, que naciera ese interesante concepto de “horror cósmico” al que muchos se refieren para describir su obra. Un horror inconcebible; inimaginable. Porque no importa cuántos párrafos se lleve describiendo a estas milenarias deidades venidas de otro espacio o de otro tiempo; tan míticas e incomprensibles tanto para la mente humana como para nuestro mundo… Lovecraft siempre será sinónimo de lo inenarrable. De un horror tan basto, pero a la vez tan suyo, que trasciende incluso la barrera de sus propias páginas.

Diversos escritores y cineastas han tomado prestado las inigualables reglas del horror cósmico para construir sus propias historias y regalarnos, de manera inconsciente muchas veces, un poderoso legado que nos ha acompañado desde entonces en la profundidad de nuestro imaginario colectivo.

Stephen King y su espeluznante Pennywise venido desde los orígenes del universo como una suerte de consciencia cósmica hecha de fuegos fautos en la novela de It (1986); Sam Raimi y sus demoníacos deadites como la maldad más perversa, pero también más longeva venida desde las espeluznantes páginas del Necronomicón en la trilogía de Evil Dead (1981 – 1993).

E incluso, el mismísimo John Carpenter, quien tomó prestado diversos conceptos de la cosmogonía lovecraftiana para construir sus propios horrores. Tan grotescos y espeluznantes que obedecen a la mítica regla de “lo inenarrable”, como en The Thing (1982).

Sin embargo, y en materia de adaptación, como sabrán de antemano los amantes de este género, las cosas cambian drásticamente. 

Porque una cosa es tomar elementos de su literatura para construir caminos prácticamente independientes, pero otra, muy distinta, es retomar las páginas de sus relatos para intentar adaptarlos a la pantalla grande. Eso, mis queridos padawans, es otro puto nivel. 

Porque si algo nos ha enseñado nuestro querido paisano Guillermo Del Toro, quien ha desistido, en varias ocasiones, de adaptar la mítica novela de En las montañas de la locura debido a falta de un buen presupuesto… es que esta peculiar tarea puede llegar a ser tan titánicamente ambiciosa, como también inenarrable.

¿O es que alguien se ha olvidado ya de las espantosas cintas de José Luis Alemán La Herencia Valdemar I y II (2010 – 2011) que fueron terriblemente abucheadas por todo España debido a lo malas que eran tanto como adaptaciones, pero también como películas?  

¡Que Dios nos ampare con ese Cthulhu en CGI, madre mía! 

No obstante, de entre todo este mar de bodrios y sueños frustrados que han llevado a creer a más de uno que adaptar a Lovecraft es una de labor igual o más complicada que hacer el Dune de Jodorowsky, existe un hombre -solo uno- a través de la historia que nos ha demostrado que esta premisa, de hecho, simplemente se trata de un malintencionado mito. 

Y su nombre es, para todos los amantes del horror, sinónimo de genialidad: Stuart fucking Gordon.

Desde Re-Animator (1985) como adaptación directa del clásico de zombies Herbet West Reanimador (1922); Castle Freak (1995) como adaptación de El Intruso (1926); o una de mis favoritas: From Beyond (1986) del mítico cuento Resonator (1934), Stuart Gordon nos ha enseñado que la clave del éxito en esta peligrosa misión radica simplemente en tomar la premisa más básica de estas historias y tomarse el derecho de mezclarlas con ciertas “libertades creativas”.

O lo que sería en otras palabras: arrastrar las historias de este mítico autor -sin necesidad de quitarles su poderoso trasfondo- e introducirles ciertos elementos del cine de horror que pueden llegar a ser más extravagantes y rocambolescos para la pantalla grande: ya sea la violencia desmedida del gore o el exploitation; los desnudos explícitos más propios del torture porn; o la comedia malsana repleta de sátira y humor negro.  

Lo que ha llevado a creer a muchos críticos que estas películas que se jactan de ser “adaptaciones directas de las historias Lovecraft”, nunca le han hecho suficiente justicia al material original porque se han estancado en el sinsentido absoluto del encantador cine de serie B. Pero he ahí la gracia. 

Stuart Gordon no se instauró como un referente del género por adaptar fielmente cada una de sus historias, sino porque se dio cuenta que el espeluznante universo de Lovecraft, para bien o para mal, encajaba perfectamente en el incomprendido cine de segunda categoría.  

Y para muestra basta un botón, porque el cineasta sudafricano Richard Stanley, luego de tanto tiempo retirado en la industria del cine, ha decidido adaptar, como un épico regreso, el magnífico relato de Color Out of Space, pero siguiendo las reglas de nada menos que el mismísimo Stuart Gordon.

Foto tomada de YouTube

Aunque pensándolo bien, tampoco es una enorme sorpresa ni mucho menos, ya que toda su carrera se ha enfocado plenamente a este tipo de cine. 

Desde la fenomenal distopía cyberpunk Hardware en 1990 basado en el cómic de ciencia ficción SHOK! -que algunos califican injustamente como de la copia de Terminator (1984)- hasta aquella extrañísima Dust Devil (1992) sobre asesinos seriales de carácter sobrenatural, es más recordado por haberse inmiscuido en la adaptación homónima del libro de H. G. Welles, The Island of Dr. Moreau junto a Fairuza Balk, Val Kilmer y Marlon Brandon en 1996. 

Un proyecto que, debido a ciertas diferencias creativas y otras más “explosivas”, terminó tanto con un Richard Stanley furioso y despedido; y con un John Frankenheimer sustituyéndole a mitad de la película. ¿El resultado? Una regular pero aceptable película de horror fantástica como adaptación. 

Por ello, que se hable ahora de Color Out of Space como un épico regreso de este memorable cineasta de culto no es poca cosa ni mucho menos. Es algo tremendamente especial para quienes amamos al género. Y más aún si conocemos la verdadera historia que esconde detrás. 

Porque no es casualidad, por ejemplo, que haya escogido este relato en específico para volver a sus andadas.  

El propio Stanley cuenta que esta era una de las historias preferidas de su propia madre, quien siempre le leía los relatos de Lovecraft cuando era niño. Por lo que de alguna manera pasó a convertirse en un cuento bastante íntimo que extrañamente los mantenía muy unidos. Y tanto fue así, que cuando ella cayó enferma de cáncer tiempo después, Richard pasaba todo el día leyéndole este relato junto a su cama para distraerla de su terrible situación. 

Damas y caballeros, Color Out of Space, para Richard Stanley, no es una película más en su extensa filmografía. No es un proyecto por encargo listo para ser empaquetado y vendido sin ningún motivo o razón aparente. Es toda una carta de amor. Literalmente, es una carta de amor a su propia madre. ¿Y les cuento una cosa? ¡Se nota a kilómetros!  

Esta película es justo lo que yo llamaría “un clásico de culto instantáneo de la nueva era”. El horror más emblemático de Lovecraft combinado con el encantador recurso de los efectos prácticos ochenteros. ¿El resultado? Una delicia indie tanto visual como narrativa en el extenso campo del horror y las adaptaciones, que luego de tantas bazofias vistas en pantalla grande, uno agradece con toda el alma que aún existan películas de este tipo.

Al igual que la Blumhouse Productions o la A24 Films, la SpectreVision -quien además de otros tantos, financia Elijah Wood- se ha vuelto una casa productora de suma importancia para el actual cine independiente, ya que ha estado detrás de algunas joyitas contemporáneas como Daniel Isn’t Real (2019) de Egypt Mortimer o Mandy (2018) de Panos Cosmatos, dedicados a crear estos vistazos tan innovadores; tan rocambolescos e hilarantes dentro del género, que resultan una verdadera pena cuando pasan totalmente inadvertidos.

Pero es a partir de esta adaptación -lo digo con toda la sinceridad del mundo- que podemos hablar de ella como una auténtica promesa para la industria. Y que recomiendo jamás quitarle los ojos de encima a cada proyecto que realicen.  

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En cuanto adaptación, Color Out of Space recuerda bastante al estilo de Stuart Gordon, que si bien omitía o añadía a su antojo ciertos elementos del relato original -las “licencias creativas” de las que tanto hemos hablado- lo único que terminaba importando es que la esencia original de Lovecraft podía seguir ahí. En lo monstruoso; en lo grotesco; en aquello “desconocido”.  

Aquí pasa exactamente lo mismo, ya que pese a tener evidentes cambios a la hora de ser adaptada, la historia como tal, aunque de forma más concisa termina siendo prácticamente la misma. Y lo mejor es que los momentos más aterradores del relato; lo verdaderamente lovecraftiano de sus páginas… para fortuna de nosotros los que amamos el horror cósmico, es que lo vamos a encontrar regado por todas partes. 

Ya antes otros cineastas lo habían intentado con esta misma historia, aunque ninguna más cercana al relato original que la del propio Stanley. Tanto en materia de adaptación como con The Curse (1987) de David Keith o Colour from the Dark (2012) de Ivan Zuccon, que dejaron bastante que desear; como a manera de homenaje: ya sea el Annihilation (2018) de Alex Garland o el fascinante segmento de Creepshow (1982) The Lonesome Death of Jordy Verrill con el propio Stephen King.

Aunque si hay una forma más cercana de describir esta maldita película con todo y sus elementos, es que resulta, irónicamente, bastante inenarrable. Algo de verdad shockeante. Transgresora y psicodélica como ella sabe. Que te hace sentir incómodo en gran parte de sus momentos y no te deja ni escapar. 

Y hablo enserio. Muchos dicen que la película de Midsommar fue la más aterradora de todo el 2019 por transmitir esta extraña sensación, y tienen razón, pero si somos justos; si de verdad hablamos de justicia en este jodido mundo, Richard Stanley no le pide nada al cine de Ari Aster. 

Para mí, y para muchos otros críticos especializados en el género, esta película consigue unas escenas; unos desquiciantes momentazos… verdaderamente perturbadores, que calan hasta los huesos y ni siquiera entiendes cómo lo logra. 

Sobre todo, con algunos grotescos escenarios y diseños de criaturas que recuerdan bastante a las películas del mismísimo John Carpenter como la inquietante Prince of Darkness (1987) o la grotesca The Thing (1982). 

Pero como ya hemos explicado, no es que se trate de un plagio ni mucho menos, ya que este cineasta, más bien, se basó en este relato para crear sus míticas películas. Así que, tomémoslo simplemente como el homenaje del homenaje.

Mucho de lo que contiene Color Out of Space en sus entrañas, en materia de lo macabro; en materia de adaptación como Lovecraft, es una genialidad de pura y dura categoría. Al menos yo, como un espectador con enorme experiencia en escenas de este tipo, nunca la voy a olvidar en mi chingada vida. Se los juro.

Pero ojo, no falta el erudito de redes sociales que venga a decirme que este filme es una basura y solo estoy exagerando para hacerla interesante. 

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Está claro que no es un producto para cualquiera, ¿de acuerdo? Hay que entender varias cosas primero: que estás frente a una cinta de serie B -una BUENA CINTA DE SERIE B quiero decir- dirigida además por un erudito de la materia; INDEPENDIENTE pero no por eso menos lograda; y que respeta el horror cósmico y a sus fanáticos, que es lo más importante. 

Así que, si no te gusta nada de esto o no lo entiendes a su justa manera, es posible que mis palabras te parezcan puuuuras mamadas, aunque es algo que no me interesa realmente. Lo que sí voy a exigir es que se abstengan en darle una calificación tan común y tan corriente resumido en el clásico “es buena” o “es mala”. Porque además de pecar de idiota, sería un sinsentido absoluto. 

Esta película, más bien, obedece a aquel comentario con el que Roger Ebert se refirió a The Human Centipede (2009) de Tom Six en su momento: 

“Una película que no es buena ni mala, simplemente se encuentra en un lugar donde las estrellas no brillan”. 

Para ser una adaptación venida de alguna obra del mismísimo Lovecraft, esta frase le va de maravilla, ¿no lo creen?

Solo resta añadir que Nicolas Cage, en este nuevo rubro como desquiciado protagonista de cintas de horror y serie B, desde Mom and Dad (2017) de Brian Taylor, Mandy (2018) de Panos Cosmatos e incluso la incomprendida Primal (2019) de Nick Powell… está más que FE-NO-ME-NAL. Olvídense de Leaving Las Vegas (1995) de Mike Figgis, esto está a otro puto nivel. 

Leer / Double Pack: ¡Nicolas Cage en el rubro del horror!

Apreciables amigos, haters llorones y padawans de toda la vida, estoy enamorado de esta película. De hecho, cualquiera que ame a Lovecraft debería estarlo. No es discutible. 

Color Out of Space de Richard Stanley es honor a lo inenarrable; una poesía a lo grotesco. ¡El horror cósmico, ya está aquí!

Sinopsis:

“Un meteorito se estrella cerca de la granja de los Gardner, liberando un organismo extraterrestre que convierte la tranquila vida rural de la familia en una pesadilla colorista y alucinógena. Uno de los relatos más emblemáticos de Lovecraft llega al cine de la mano de Nicolas Cage y Richard Stanley.”

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Héctor Jesús Cristino Lucas
Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com